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Al término de la duodécima reunión del Grupo de Trabajo sobre la
Adhesión de China, desearía formular las siguientes observaciones.
En
primer lugar, los debates y reuniones que hemos mantenido a lo largo
de estas dos últimas semanas marcan una nueva etapa importante en el
proceso de adhesión de China a la OMC.
En
segundo lugar, tras las reuniones que celebramos en septiembre,
resulta aún más evidente que el proceso de adhesión de China se
encuentra en su última etapa. Lo positivo es que, como en reuniones
anteriores, hemos logrado progresos concretos con respecto a
cuestiones específicas del proyecto de informe. Tengo intención de
distribuir un proyecto de informe revisado en el que estén reflejados
esos progresos. Buena parte de esos progresos obedecen a los trabajos
realizados en las distintas reuniones plurilaterales y aprovecho esta
oportunidad para expresar nuestro agradecimiento a todos los
presidentes de esas reuniones. Todos hemos valorado sobremanera el
tiempo y los esfuerzos intelectuales que han dedicado al desempeño de
las responsabilidades que les fueron encomendadas. Puede que
recurramos de nuevo a ellos en el futuro. En tercer lugar, ya hemos
definido claramente las cuestiones delicadas y difíciles que siguen
existiendo y con respecto a las cuales es urgente lograr avances
importantes. Sobre ese particular he de decir que debemos reconocer
que, en comparación con los objetivos que nos fijamos para la
reunión de septiembre, los progresos logrados, por muy positivos que
fueran, fueron insuficientes. Es más, el hecho de que los progresos
conseguidos en relación con estas cuestiones fundamentales hayan sido
limitados, nos lleva a poner en tela de juicio nuestro objetivo de
finalizar el proceso de adhesión este año. En cuarto lugar, tenemos
que extraer otra lección importante de las reuniones que celebramos
en septiembre. Los avances necesarios a que he hecho referencia sólo
son posibles si en las capitales se examinan de nuevo las posiciones
de negociación y se da a los negociadores en Ginebra la orientación
política necesaria para poder finalizar el proceso. En resumidas
cuentas, no se trata de problemas de redacción. A mi juicio, ni
siquiera se trata -excepto con respecto a un número limitado de
cuestiones- de los compromisos que se han de incluir en el proyecto de
Protocolo o en el proyecto de informe. Al margen de esos compromisos,
las cuestiones que quedan pendientes atañen, en su mayoría, al logro
de un acuerdo multilateral respecto de las modalidades y del
calendario de aplicación de esos compromisos de conformidad con las
prescripciones de la OMC. Todos ustedes conocen sobradamente las
cuestiones específicas a que hago referencia, por lo que no veo la
necesidad de enumerárselas.
En
quinto lugar, las reuniones de septiembre nos han permitido, así pues,
llegar a la conclusión de que todos los negociadores deben informar
urgentemente a sus respectivas autoridades políticas y mantener
nuevas conversaciones entre ellos, según sea necesario. Me mantendré
continuamente en contacto para que puedan llegar a mí las señales
positivas de progreso en las esferas en las que se requieren avances
importantes.
Por
último, no necesito recordarles que tenemos que respetar un
calendario muy estricto y que aún hay que realizar trabajos
importantes en todas las esferas. En estas circunstancias, soy
claramente partidario de que nuestra próxima reunión se celebre lo
antes posible, a finales de octubre o principios de noviembre. Ahora
bien, también es cierto que antes de fijar la fecha y el orden del
día de la próxima reunión tendremos que estar en condiciones de
garantizar que el carácter y los resultados de la próxima reunión
serán sustancialmente diferentes a los de la presente reunión.
Confío en que con la cooperación y esfuerzos de todas las partes
ello sea posible.
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