Declaración de Pascal Lamy
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La celebración de hoy tiene un profundo
significado para todos nosotros. A medida que vamos saliendo
lentamente de una de las crisis económicas más graves, es evidente que
no podemos seguir como si no pasara nada. Si queremos preservar
nuestro planeta para las generaciones futuras, debemos proteger
nuestros recursos, la biodiversidad de nuestro planeta y el medio
ambiente en general.
La apertura del comercio tiene mucho que aportar a la lucha contra el
cambio climático y en la protección del medio ambiente, pero el
cometido de la OMC no se limita a la apertura del comercio. Los
dirigentes que fundaron nuestra Organización estaban firmemente
convencidos de que el desarrollo sostenible constituye el fundamento
mismo de nuestra misión. Para asegurarse de que así sea, los gobiernos
han convenido en otorgar a los Miembros de la OMC la flexibilidad
necesaria para que puedan lograr sus objetivos ambientales.
Con la apertura del comercio mejora la asignación de recursos a nivel
internacional, incluidos los recursos naturales. Por ejemplo, el
comercio internacional puede ayudar a los países con pocos recursos
hídricos a ahorrar agua si adquieren en el extranjero los productos
agrícolas para los que se requiere mucha agua. Además, el comercio
genera crecimiento económico, que puede propiciar una demanda de
normas ambientales más estrictas y la capacidad financiera para
responder a esa demanda.
No obstante, no cabe ninguna duda de que ese crecimiento podría
provocar un aumento del consumo de energía y de los niveles de
emisiones de CO2. Dicho esto, alrededor del 90 por ciento del comercio
se transporta por mar, un modo de transporte cuya huella de CO2 es
inferior a la de cualquier otro.
Cabe señalar asimismo que una mayor apertura del comercio puede
mejorar los métodos de producción y facilitar el acceso de un mayor
número de consumidores a productos y tecnologías inocuos para el medio
ambiente, a un costo inferior. Ciertamente será necesario lograrlo
para reducir el consumo de energía y la contaminación.
Proteger el medio ambiente también significa proteger nuestros
océanos. La pesca excesiva agota las poblaciones de peces de nuestros
océanos y amenaza de extinción a muchas especies. Muchos ecologistas
establecen un vínculo directo entre determinados tipos de subvenciones
públicas y la pesca excesiva. De disminuir las subvenciones a la pesca
se podría reducir significativamente la explotación excesiva de los
recursos y se favorecería la conservación de las especies, razón por
la cual en la actualidad los Miembros de la OMC negocian disciplinas
internacionales más estrictas en esta esfera. Un acuerdo en la OMC
permitiría dejar a las generaciones futuras unos océanos más ricos y
sería beneficioso para el comercio, el medio ambiente y el desarrollo.
Todo el mundo es consciente de los peligros ambientales a que se
enfrenta nuestro planeta. No obstante, la capacidad de los gobiernos
para responder a estos peligros guarda estrecha relación con los
recursos de que disponen. Los países que han logrado aliviar la
pobreza y mejorar el nivel de vida tienen más tendencia a crear las
condiciones para un medio ambiente más limpio. Sin embargo, es
indudable que no podemos abordar este problema individualmente. Los
problemas mundiales requieren soluciones mundiales, para las que es
fundamental una buena gobernanza mundial del medio ambiente.
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