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Mike Moore
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El informe señala que los intercambios comerciales han frenado su
progresión y que la confianza es tenue. Un programa de negociaciones
amplio resulta esencial para la continuación del proceso de reforma y
liberalización de las políticas comerciales, y contribuiría
considerablemente a generar confianza y a garantizar que el sistema de
comercio de la OMC desempeñe plenamente su papel en la promoción de
la recuperación y el crecimiento.
Según
el informe, el incremento de la producción de mercancías en un 4 por
ciento en 2000 y el crecimiento del comercio en un 12 por ciento
fueron “extraordinarios”, los más importantes en más de un
decenio. Pero “el contraste entre las cifras del año 2000 y las
cifras disponibles para el primer semestre del año 2001 difícilmente
podría ser mayor”.
El
informe, que también incluye resúmenes de las actividades de la OMC
y de las medidas adoptadas por los gobiernos Miembros en las esferas
de política abarcadas por la Organización, explica cómo el buen
criterio de los gobiernos y las normas de la OMC contribuyeron a
reducir el impacto de la crisis financiera de Asia Sudoriental que
comenzó en 1997.
Según
señala el Director General en su informe, el comercio “pasó a ser
parte integrante de la solución y resultó indisociable tanto del
retorno de la confianza como de la recuperación. Pocas veces han sido
tan evidentes las ventajas del comercio”. Concluye diciendo que unas
nuevas negociaciones tendrían el mismo efecto respecto de la actual
desaceleración económica mundial.
El
informe anual, en el que se exponen las principales actividades de la
OMC y los problemas importantes de política que afectan al sistema de
comercio, está listo para su examen por los gobiernos Miembros de la
OMC. El Sr. Moore ha decidido que el informe de este año se ponga a
disposición del público en cuanto publicación de la OMC.
A
continuación se reproducen la introducción y resumen:
Introducción
La
Organización Mundial del Comercio contribuye con un conjunto de
normas convenidas al mantenimiento ordenado de los intercambios
comerciales entre sus Miembros. Esas normas cumplen bien su propósito.
La reciente crisis financiera que surgió en Asia Sudoriental
constituye un ejemplo tan severo como revelador. Hace 60 años una
crisis financiera condujo inexorablemente a una grave depresión; eran
muchas las causas de que así fuera, y entre las más influyentes se
contaba el reflejo del nacionalismo económico que llevaba a los
países a cerrar sus mercados para proteger a los productores
nacionales de las importaciones “baratas”. El comercio pasó a ser
parte integrante del problema. A mediados de 1997 las dificultades de
cierto banco de Asia Sudoriental promovieron una disminución
considerable de la producción en esa región y como consecuencia de
ello los mercados mundiales se estremecieron al quedar en entredicho
el orden financiero. El buen criterio de los gobiernos y las normas de
la OMC mantuvieron los mercados abiertos; el excedente de producción
de los países en crisis, que hubieron de adoptar decisiones
difíciles, encontró salida con facilidad en el mercado de los
países prósperos. El comercio pasó a ser parte integrante de la
solución y resultó indisociable tanto del retorno de la confianza
como de la recuperación. Pocas veces han sido tan evidentes las
ventajas del comercio.
El
comercio amplía la gama de opciones del consumidor, incrementa los
ingresos nacionales y prodiga las señales que permiten una
asignación de recursos adecuada, lo que a su vez fomenta el empleo,
el desarrollo y el crecimiento. El sistema multilateral de comercio
que incorpora la OMC preserva esas ventajas. El capítulo I del
presente informe ilustra con claridad la transición hacia una
desaceleración económica mundial. Los intercambios comerciales han
frenado su progresión y la confianza es tenue. Una continuación del
proceso de reforma y liberalización de las políticas comerciales, en
particular al abordar el amplio programa de las negociaciones en la
Cuarta Conferencia Ministerial, contribuiría considerablemente a
generar confianza y garantizar que el sistema desempeña plenamente su
papel en la promoción de la recuperación y el crecimiento.
La
razón de ser de la OMC es permitir a sus Miembros acrecentar las
ventajas del comercio y aprovecharlas de forma eficiente. Cumple su
papel merced a la adhesión de los Miembros a los principios
fundamentales y arraigados en la lógica económica de la no
discriminación, la estabilidad y previsibilidad, y la transparencia.
Estos elementos modulares de la OMC sirven para reducir los costos y
para fomentar un entorno de certeza, que a su vez facilita enormemente
el comercio al permitir un flujo más libre de los bienes y servicios.
El capítulo II informa acerca de las actividades recientes de los
Miembros en la labor que siguen realizando para mantener y reforzar a
la OMC. En particular la parte A del capítulo informa sobre la
continuación de las negociaciones sobre la agricultura y los
servicios, que eran objeto de mandato y en la actualidad han iniciado
con éxito su segunda etapa; sobre las cuestiones e inquietudes
relacionadas con la aplicación de los Acuerdos de la OMC, un ámbito
de considerable peso específico para todos los Miembros; sobre los
preparativos para la Cuarta Conferencia Ministerial, respecto de la
cual se ha ido generando durante todo el año el impulso político
necesario para la adopción de un programa de negociaciones más
amplio; así como sobre otras cuestiones de interés vital para el
sistema, con inclusión de las adhesiones a la OMC, la creación de
capacidad relacionada con el comercio, la asistencia técnica y el
mecanismo de solución de diferencias, que garantiza que los
conflictos comerciales se solucionan atendiendo al imperio de la ley y
no al poder, y todo ello a su debido tiempo.
La
parte B del capítulo II ofrece información sobre las tendencias de
la política comercial entre los Miembros de la OMC y formula la
importante puntualización de que en buena medida no se han
materializado los temores de que el fracaso de la Tercera Conferencia
Ministerial de Seattle podrían dar lugar a un resurgimiento del
proteccionismo a la hora de convenir el programa de una nueva ronda de
negociaciones comerciales multilaterales; se ha mantenido la tendencia
hacia unas políticas comerciales más liberales. Sin embargo,
subsisten importantes obstáculos al comercio; siguen siendo amplias
las perspectivas de una reducción de la protección arancelaria,
siguen en cuestión las subvenciones —especialmente en la
agricultura— y se ha reducido ligeramente la eliminación de las
restricciones en los textiles y las prendas de vestir. La tendencia
creciente a la utilización de instrumentos de defensa comercial, y en
particular de medidas antidumping, se frenó en 2000 pero las
medidas en vigor siguen siendo considerablemente más numerosas que
en 1997 y es mayor el número de Miembros que están
utilizándolas. Esta sección señala igualmente que se ha producido
una aceleración en el ritmo de la liberalización autónoma en los
servicios, un sector que ejerce una influencia importante tanto en la
actuación como en el desarrollo económicos, que, a la vista del
Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual
relacionados con el Comercio de la OMC (ADPIC), muchos países con
economías en desarrollo y de transición han tomado medidas para
adoptar nuevas normas en materia de propiedad intelectual si bien
varios Miembros hacen frente a dificultades en lo relativo a la
aplicación; y también que la tendencia favorable a la concertación
de acuerdos comerciales regionales sigue progresando a buen ritmo.
Los
capítulos III a VI se ocupan de temas escogidos. El capítulo III,
trata la participación de los países en desarrollo en el comercio
mundial y las actividades de la OMC, observa que la OMC tiene una
función esencial que desempeñar en la promoción de las perspectivas
de desarrollo. Con todo, se requieren nuevas medidas para potenciar
las ventajas que los países en desarrollo pueden obtener de la OMC.
Seguramente ello exigirá solucionar las persistentes distorsiones
comerciales, incluidas las crestas y la progresión arancelarias,
tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo,
que afectan a diversos productos cuya exportación presenta gran
interés para los países en desarrollo. También es importante que
siga subrayándose la creación de capacidad en los países en
desarrollo y el apoyo a la reforma de las políticas comerciales
tradicionales en el marco de sus objetivos generales de desarrollo.
El
capítulo IV se ocupa de las adhesiones a la OMC. La Cuarta
Conferencia Ministerial completará los procesos de adhesión de China
y del Taipei Chino; además, otros 28 gobiernos han emprendido el
proceso de adhesión, lo que refleja fielmente el valor que los
países confieren a un sistema multilateral de comercio basado en
normas. Cada adhesión a la OMC aporta una doble ganancia
incondicional para el sistema. El gobierno que está en proceso de
adhesión maneja un régimen comercial más previsible y transparente,
abre sus mercados a sus interlocutores comerciales y con frecuencia
cimienta reformas cuya finalidad es promover el crecimiento y el
desarrollo. El nuevo Miembro obtiene derechos y condiciones de
adhesión similares y los compromisos se cumplen —en ambas
partes— merced a la solución de diferencias. Por tanto las reformas
en el ámbito nacional y la integración de la economía mundial
avanzan a la par en la promoción de las perspectivas de crecimiento
tanto del gobierno en proceso de adhesión como de los Miembros
existentes.
En
el capítulo V se consideran dos de las cuestiones que han destacado
los críticos de la OMC: el acceso a los medicamentos esenciales
en los países de bajos ingresos en relación con el Acuerdo sobre los
ADPIC y también la repercusión potencial del Acuerdo General sobre
el Comercio de Servicios (AGCS) en la calidad y la disponibilidad de
los servicios de salud y educación. En relación con la primera
cuestión, cuya importancia es primordial tanto para la salud de la
población como para lograr un desarrollo sostenido, el capítulo
expone con claridad que el Acuerdo sobre los ADPIC aporta una
flexibilidad, de la que han hecho uso los Miembros, que puede moderar
el ejercicio de los derechos exclusivos de los titulares de patentes.
La naturaleza y alcance exactos de los criterios de flexibilidad del
Acuerdo se están examinando y pueden dar lugar a que los Miembros
tomen medidas para garantizar que el Acuerdo se aplique de una forma
que contribuya a que los medicamentos sean asequibles, especialmente
para los más necesitados. En cuanto a la segunda cuestión, los
críticos aducen que el AGCS condiciona la posibilidad que tienen los
gobiernos de proteger la salud pública y los servicios de educación
y/o de aplicar las necesarias normas de calidad. También se dice que
las negociaciones en curso sobre los servicios se han planteado como
objetivo la liberalización del comercio de servicios de salud y
educación. Este objetivo no ha sido apoyado por los Miembros. Además,
de conformidad con el AGCS, los gobiernos disponen de absoluta
discrecionalidad para contraer compromisos en los servicios abarcados,
incluidos los de salud y educación. De hecho, algunos países en
desarrollo han contraído tales compromisos con la esperanza de atraer
la inversión a esos sectores y con miras a mejorar la calidad y
disponibilidad de esos servicios esenciales. Este capítulo aclara que
las negociaciones no afectarán al derecho que ampara a los Miembros a
perseguir los objetivos regulatorios que consideren apropiados dentro
de sus jurisdicciones respectivas.
La
no discriminación es la piedra angular de la OMC. Se trata de un
principio incorporado en las disposiciones sobre el trato de nación
más favorecida (NMF) del GATT, el AGCS y el Acuerdo sobre los
ADPIC, y que resulta fundamental para todos los Acuerdos de la OMC. Al
mismo tiempo, la OMC permite a los Miembros acordar uniones aduaneras
y zonas de libre comercio, que por definición aportan un elemento
preferencial al comercio entre las partes del Acuerdo con respecto al
resto del mundo. Esos acuerdos comerciales regionales se han
convertido en la excepción más importante del principio NMF. La
Secretaría ha identificado cerca de 170 acuerdos comerciales
regionales y estima que su número podría ser de 250 en 2005;
aproximadamente el 43 por ciento del comercio mundial se lleva a cabo
en el marco de acuerdos comerciales regionales, un porcentaje que
podría rebasar el 50 por ciento en 2005. El capítulo VI examina
algunas de las cuestiones que se plantean a la OMC como consecuencia
de los acuerdos comerciales regionales.
El
capítulo señala que la proliferación de acuerdos comerciales
regionales constituye un riesgo para todo el sistema. No se trata
tanto del potencial de desviación del comercio inherente a cada
acuerdo comercial regional como de la repercusión colectiva que un
gran número de acuerdos comerciales regionales, cada uno de ellos con
su propio régimen comercial a escala reducida, puede tener en un
funcionamiento fluido del sistema de comercio multilateral basado en
normas. El riesgo es menor y además es más probable que los acuerdos
comerciales regionales y la OMC se apoyen mutuamente cuando la OMC
funciona correctamente y responde a las necesidades de sus Miembros.
Entre las opciones de que dispone la OMC para responder de forma
eficaz figura la continua liberalización del comercio multilateral y
un reforzamiento de las normas y procedimientos de la OMC. En
este capítulo se formula la advertencia de que, a la vista de la
reciente y previsible proliferación del número de acuerdos
comerciales regionales, puede estar agotándose el plazo, lo que
contribuye a añadir un elemento de urgencia a la importancia que
presenta adoptar un programa de negociaciones amplio en la Cuarta
Conferencia Ministerial.
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