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Este fue el mensaje expresado hoy por el Sr. Renato Ruggiero, Director General de la OMC,
en un discurso pronunciado en el último período anual de sesiones de las Partes
Contratantes del GATT, celebrado en Ginebra.El Sr. Ruggiero hizo hincapié
en la contribución aportada por el GATT al desarrollo de la economía mundial durante sus
48 años de vida, antes de ser sustituido por la OMC. El texto integral del discurso es el
siguiente:
Está
fuera de discusión el hecho de que la prosperidad económica y el desarrollo alcanzados
desde el final de la segunda guerra mundial se debieron en gran medida a los logros
tranquilos y persistentes del GATT. El contrato del GATT fue firmado inicialmente en 1947
por 23 países y posteriormente se convirtió en un sistema multilateral de amplio alcance
que abarcaba más del 90 por ciento del comercio mundial. Los miembros del GATT llegaron a
ser 128 países, la mayoría de los cuales son, por supuesto, países en desarrollo. Fue
un éxito memorable. La amplitud de ese éxito se puede valorar si se tienen en cuenta
algunas cifras históricas.
Al observar
todo el período transcurrido entre 1820 y 1992, se advierte que la población mundial se
multiplicó por cinco, el PIB mundial aumentó 40 veces, y el comercio mundial se
multiplicó al menos por 540. Quienes consideran que el comercio y la interdependencia
mundial que éste aporta no revisten importancia deben examinar estas cifras con la
máxima atención, sobre todo en los períodos en los que el crecimiento del comercio fue
más notable. Se destacan dos períodos. El primero se extiende entre los años 1820 y
1870 -un período especialmente liberal para las políticas comerciales en todo el mundo-,
en el que la media del incremento anual del volumen de las exportaciones mundiales fue del
4,2 por ciento. El segundo período, que numerosos observadores denominan la "edad
dorada", fue precisamente el período transcurrido entre 1950 y 1970, en el que las
sucesivas rondas de negociaciones comerciales del GATT derribaron progresivamente los
aranceles elevados y las restricciones cuantitativas de los años del período
interbélico. Durante esos años, las exportaciones mundiales de mercancías aumentaron
una media del 7 por ciento anual. Sólo en estos últimos años del decenio de 1990,
una vez concluida la Ronda Uruguay y asegurados los compromisos de una mayor apertura de
los mercados y nuevas reglas y disciplinas, han aparecido algunos signos de un nuevo
crecimiento del comercio que se acerca al de la "edad dorada.
La creciente
mundialización de la economía mediante el incremento del comercio es un fenómeno
perdurable. Sin embargo, si deseamos gozar de los beneficios derivados de un aumento
sustancial del comercio, se deben estimular el proceso de mundialización y la creciente
interdependencia de los países por medio de nuevas iniciativas en materia de comercio y
de liberalización económica. De ello depende el aumento del empleo, el desarrollo, las
mejoras en materia de bienestar social, la educación, la salud y la protección del medio
ambiente. No existe otra alternativa real.
La función
del GATT, de integrar a los países en desarrollo en un sistema multilateral de comercio
abierto también ha tenido consecuencias decisivas. La creciente participación de los
países en desarrollo en el sistema de comercio del GATT y el apoyo pragmático prestado a
esos países mediante la aplicación flexible de ciertas reglas ayudó a los países en
desarrollo a ampliar y diversificar su comercio. Hoy puede decirse que un gran número de
estos países se han convertido ya en socios plenos del sistema, como se desprende de su
activa participación en la Ronda Uruguay. La tarea de ayudar a una mayor integración de
los países menos adelantados constituye uno de los retos que tiene ante sí la OMC. De
igual modo, la plena integración de países con economías en transición en el sistema
de comercio es un objetivo que debe alcanzarse a fin de fortalecer la interdependencia
económica, como base para lograr una mayor prosperidad, así como la paz mundial.
Cuando se
examinan los logros alcanzados por el GATT durante los últimos 50 años, no debemos
olvidar el papel decisivo que desempeñaron en la gestión del sistema los cuatro
Directores Generales que me precedieron. La constante dedicación prestada a la
Organización por ellos y por la Secretaría fueron factores decisivos para que el GATT
pudiera alcanzar logros históricos durante su existencia.
Dentro de
pocos días el GATT dejará de existir y pasará a ocupar su lugar en la historia. Por lo
tanto, también es el momento de mirar hacia el futuro. Acabamos de terminar un período
de casi 10 años de negociaciones extremadamente difíciles y complicadas, con el objeto
de asegurar la transición desde el sistema de comercio más limitado del GATT hacia un
sistema más amplio y más ambicioso en el marco de la OMC.
Estas
negociaciones fueron esenciales para asegurar la salud futura de la economía mundial y
del sistema de comercio. La mundialización de la economía producida durante el último
decenio ha creado mayor confianza que nunca en un sistema abierto de comercio
multilateral. El libre comercio se ha convertido en la columna vertebral de la prosperidad
y el desarrollo económicos en todo el mundo. En parte como resultado de esto, se ha
producido un cambio en los mecanismos de las políticas comerciales, pasando de las
medidas aplicadas en la frontera a las medidas de política interna, lo que ha afectado
considerablemente a las relaciones comerciales. La Ronda Uruguay trató de establecer un
nuevo equilibrio de derechos y obligaciones entre los países comerciantes como resultado
de este fenómeno. Estamos avanzando gradualmente hacia un mercado mundial, y con ese
objeto necesitamos un sistema mundial de normas que regulen las relaciones de los
interlocutores comerciales en ese mercado.
Por
consiguiente, los retos que tenemos ante nosotros son enormes. El abandono de la
mundialización de la economía llevaría a la depresión y por último al caos. Por lo
tanto, no tenemos otra opción que la de avanzar. No obstante, mientras avanzamos debemos
estar seguros de preservar en la mayor medida posible el espíritu y la tradición del
GATT, que han sido la clave de su éxito. Hemos dedicado el presente año a poner en
marcha la maquinaria de la OMC. Debemos asegurar su funcionamiento eficiente en el futuro,
preservando el pragmatismo y la flexibilidad que caracterizaron la gestión que hizo el
GATT de las relaciones comerciales entre sus asociados.
En el pasado
reciente he tenido oportunidad de expresar algunas opiniones acerca de la perspectiva que
deberíamos adoptar ante la OMC y el futuro. No me propongo hablar extensamente acerca del
futuro. No obstante, deseo insistir en la importancia fundamental que reviste este
período de transición del GATT a la OMC.
Casi
exactamente dentro de un año nos reuniremos en Singapur para la Conferencia Ministerial
de la OMC. Esto representará un punto significativo en la línea continua de progreso en
materia de liberalización del comercio, cuyo impulso llevará al sistema multilateral
hasta el próximo siglo. Por lo tanto, al mirar hacia el futuro debemos no sólo pensar en
Singapur, sino también en lo que vendrá después de Singapur.
Desde esta
perspectiva, tenemos por delante cinco tareas principales:
- asegurar la
aplicación adecuada de los resultados de la Ronda Uruguay;
- emprender la
labor preliminar acerca de las nuevas cuestiones que se plantearán o que ya se han
planteado como consecuencia de la creciente complejidad de las relaciones económicas y
comerciales en el plano mundial;
- asegurar, en
la aplicación del programa de la OMC, que los progresos registrados en el sistema
multilateral y en los aspectos regionales sean compatibles con los principios y objetivos
del multilateralismo;
- fortalecer la
dimensión política de la OMC como punto central en la gestión de las relaciones
comerciales mundiales entre sus Miembros;
- divulgar más
ampliamente en la población las inmensas oportunidades que ofrece un sistema de comercio
abierto y basado en normas para la prosperidad y el crecimiento mundiales.
Nuestra
capacidad de hacer frente a estos retos se ve considerablemente aumentada por el hecho de
que, a diferencia del GATT, que concentraba sus esfuerzos de negociación en rondas
multilaterales de negociaciones, la OMC proporciona un foro de negociación permanente.
Debe tener la posibilidad de proseguir las negociaciones en ciertos sectores, al mismo
tiempo que prepara las negociaciones en otros sectores. Esto no puede lograrse sólo
mediante los esfuerzos de los expertos, pues requiere una constante atención política de
los gobiernos y un diálogo permanente entre los Miembros a nivel político. Por lo tanto,
en los próximos años será fundamental afirmar el papel político de la OMC, como foro
para la formulación de políticas entre sus Miembros, en sus relaciones comerciales.
Quienes ocupan el centro del sistema de comercio mundial deben garantizar que la OMC
desempeñe este papel. Al mismo tiempo, deben hacerse todos los esfuerzos posibles para
ayudar a los que están en la periferia del sistema -los países menos adelantados y los
países de regiones tales como África- para que se integren más plenamente y aprovechen
los beneficios que el sistema ofrece.
Si tenemos
éxito, señor Presidente, habremos basado nuestra tarea en el legado del GATT y habremos
contribuido decisivamente a lograr un futuro de mayor prosperidad económica y paz
mundial. |
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