
VER TAMBIÉN:
Comunicados de
prensa
Noticias
Discursos: Renato
Ruggiero
Discursos:
Mike Moore
|

El Acuerdo de la Ronda Uruguay firmado en Marrakech en abril de 1994 para establecer la
Organización Mundial del Comercio garantiza el cambio dentro de la continuidad:
continuidad en el sentido de que los principios generales, la cultura y la especificidad
del GATT no se evaporarán o desvanecerán, sino que enriquecerán el nuevo espíritu de
la OMC; y cambio: el cambio que han traído consigo las profundas transformaciones
experimentadas por nuestro mundo en lo que concierne a avances tecnológicos,
mundialización y liberalización. Este es el motivo por el que nos hemos unido para dar
forma a un conjunto de normas, disciplinas y estructuras dinámicas que tienen en cuenta
las realidades cambiantes de nuestro mundo y que prevén una cooperación y una reforma
dinámicas.Es pues oportuno que examinemos con mirada retrospectiva nuestros logros y, en lo
que a mí respecta, que reflexione brevemente sobre el pasado, y que compartamos juntos
nuestras reflexiones. Sé muy bien que no se ha logrado todo lo que nosotros y nuestros
predecesores deseábamos. Pero creo que ha llegado el momento de destacar nuestras
realizaciones y éxitos, en los que podemos basar nuestros esfuerzos futuros para hacer
progresar el sistema multilateral de comercio. Y estoy firmemente convencido de que todos
podemos estar orgullosos de muchas cosas.
El período
iniciado en 1947 se ha visto marcado por una actividad negociadora de gran alcance. Al
surgir tras las devastaciones de la segunda guerra mundial y de las políticas
proteccionistas que quebraron el sistema comercial mundial durante el período de
entreguerras, el GATT representó un hito en la evolución hacia un nuevo sistema
comercial mundial. Ocho rondas de negociaciones multilaterales se orientaron hacia una
doble meta: primeramente, la creación de un sistema fundado en normas y destinado a
reducir la incertidumbre que rodea a las transacciones a través de las fronteras
nacionales; y, en segundo lugar, la reducción o eliminación de los obstáculos
arancelarios y no arancelarios a las importaciones, que frenaban la expansión del
comercio internacional.
Conjuntamente
estas acciones estimularon las inversiones relacionadas con el comercio, aumentaron la
eficiencia económica, crearon puestos de trabajo mejor remunerados y beneficiaron a los
consumidores gracias a la reducción de los precios.
En otras
palabras, todos hemos dado nuestro apoyo a estas negociaciones con el objetivo de lograr
mejores condiciones para los productores y los consumidores con el fin de mejorar
considerablemente las posibilidades de los países de alcanzar un crecimiento económico
más rápido y, en consecuencia, de ayudarles a que emprendan el desarrollo social, con
inclusión del aumento del nivel de vida de sus poblaciones y de ocuparse de los problemas
del desempleo y de la pobreza, que constituían el principal tema de la Cumbre Social. El
hecho de que hayamos celebrado ocho rondas de negociaciones comerciales multilaterales es
la mejor prueba de nuestro reconocimiento de la importancia de la reducción de los
obstáculos al comercio, es decir, de un comercio más libre y de la necesidad de
transformar el sistema comercial mundial en otro sistema basado en normas inspiradas en
los principios de no discriminación y transparencia.
Vale la pena
señalar que, cuando se firmó en 1947, el Acuerdo General sólo contaba con
23 miembros. A medida que avanzábamos, estábamos dispuestos a ampliar el número de
miembros del GATT para que los beneficios del sistema comercial pudieran llegar a un
número mayor de países, ya que al ampliarse la Organización se creaba un mercado mayor
para los miembros actuales y los nuevos miembros, del que unos y otros saldrían
claramente beneficiados. Al final del año pasado, cuando presidí el Consejo de
Representantes del GATT y estábamos a punto de cerrar el capítulo del GATT, el número
total de partes contratantes del Acuerdo General era de 128. Esto indica sin lugar a dudas
un fuerte deseo de alcanzar la universalidad al ser cada día más los países que tratan
de compartir los beneficios que aporta el sistema multilateral de comercio.
En las
primeras seis rondas de negociaciones del GATT, la primera prioridad fue la reducción de
los aranceles. En los países desarrollados, el arancel medio de los productos
industriales se redujo de más del 40 por ciento en 1947 a cerca del 10 por ciento
después de la puesta en práctica de los resultados de la Ronda Kennedy. Una vez que las
reducciones arancelarias negociadas en la Ronda Uruguay hayan entrado plenamente en vigor,
el arancel medio será inferior al 5 por ciento. Esta reducción de los aranceles es
obviamente un gran logro. Además, cada vez son más los países -con inclusión de un
gran número de países en desarrollo- que han profundizado y ampliado el alcance de sus
consolidaciones arancelarias.
Paralelamente
a la ampliación de las negociaciones más allá de la reducción arancelaria, se
expandió también su ámbito, que inicialmente se había concentrado en los productos
industriales. Las primeras rondas de negociaciones no abordaron otras esferas del comercio
como la agricultura y los servicios, pese a que representaban una parte importante del
comercio mundial. Productos sensibles como los textiles y las prendas de
vestir se excluyeron igualmente. En consecuencia, no era sorprendente que aumentara el
interés por encontrar la forma de abordar estos sectores excluidos, que terminaron por
ser eficazmente abordados en la Ronda Uruguay. Es lógico que la última ronda de
negociaciones del GATT fuera la negociación económica internacional más ambiciosa y
más positiva desde Bretton Woods.
Nuestras
aspiraciones a un mejor sistema comercial mundial han producido resultados tangibles.
Cuando observamos los datos estadísticos relativos al crecimiento del comercio mundial y
del producto mundial, vemos de inmediato la aportación que hemos hecho gracias a nuestros
esfuerzos al mejoramiento del sistema comercial mundial. Como el Director General ya ha
señalado, prácticamente cada año desde el período de posguerra el crecimiento del
comercio mundial de mercancías ha superado al crecimiento de la producción mundial de
mercancías. Entre 1950 y 1994 el índice anual medio de crecimiento del PIB mundial fue
algo inferior al 4 por ciento en términos reales. En cambio, el índice anual medio de
crecimiento del comercio mundial de mercancías -más del 6 por ciento en términos
igualmente reales- fue considerablemente más rápido. En esos 45 años la producción
mundial de mercancías aumentó cinco veces y media, mientras que el comercio mundial de
mercancías se multiplicó por 14.
Estas cifras
aportan una prueba convincente de las enormes posibilidades que entrañaba el comercio
internacional y de la contribución capital del GATT a la prosperidad de la posguerra. El
crecimiento económico de muchos países se ha visto cada vez más estimulado por la
expansión de su comercio, lo que ha resultado posible gracias al mejoramiento de las
condiciones para el comercio, logrado por medio de diversas rondas de negociaciones.
Es posible
que ese prometedor futuro requiera otras iniciativas liberales. Pienso, por ejemplo, en la
necesidad de considerar la conveniencia de proceder a más reducciones de los aranceles
sobre las transacciones de productos agropecuarios y de ampliar el campo de los
compromisos al sector de los servicios. Todos estamos al tanto de las sugerencias de que
cabría contemplar y estudiar nuevas iniciativas en esferas como las políticas relativas
a las inversiones y la competencia. Conviene igualmente que siga aumentando el numero de
miembros para incluir a los países que han quedado al margen del sistema del GATT/OMC.
Entre los países que están negociando su posible incorporación a la OMC figuran China,
Rusia, numerosas antiguas repúblicas soviéticas, países africanos y árabes y otros
para quienes su adhesión a la OMC les ofrece no sólo importantes beneficios comerciales,
sino también la posibilidad de aumentar la credibilidad de las principales reformas
estructurales económicas que están llevando a cabo. De este modo se logrará la
universalidad que reclamamos para el sistema comercial multilateral para que la nueva
organización sea merecedora de su nombre.
Al mismo
tiempo, es necesario tener en cuenta las dificultades que afrontamos y las limitaciones de
nuestros esfuerzos. Podemos crear condiciones que favorezcan el crecimiento económico y
el aumento del comercio mundial. Mas el crecimiento efectivo del comercio y de la
producción dependerán asimismo de otros hechos en los que no podemos influir en este
foro. Esto significa que nuestro éxito está estrechamente vinculado a los buenos
resultados de las políticas nacionales y a una aportación propicia de otros factores que
son fundamentales para el crecimiento económico, como la educación y unos niveles
elevados de ahorro e inversiones. Lo que sí podemos hacer es lograr que los compromisos
actuales de la OMC se respeten efectiva y plenamente, teniendo presente el trato especial
y diferenciado en favor de los países en desarrollo y la aplicación de las decisiones
adoptadas por los Ministros en Marrakech, particularmente con respecto a los países menos
adelantados y a los países en desarrollo importadores netos de alimentos. Sobre esta
base, el nuevo sistema de la OMC será permanentemente dinámico para seguir el ritmo de
la mundialización de la economía.
Para mantener
la eficacia y la credibilidad del sistema es imperativo que todos apliquemos y respetemos
los compromisos dimanantes de los Acuerdos de la Ronda Uruguay. Esto se extiende a los
compromisos de hacer todo lo posible por extender los beneficios de las exportaciones a
los países menos adelantados. Quisiera también señalar que, como la OMC sólo
constituye un marco para el desarrollo del comercio, con el fin de obtener los máximos
beneficios es preciso garantizar el funcionamiento eficaz del mecanismo de solución de
diferencias de la OMC. A este respecto, es imprescindible que todos los Miembros se
abstengan de recurrir a actos unilaterales y de utilizar medidas de protección que
distorsionen el comercio de una manera abusiva o arbitraria. Cada Parte en la OMC está
obligada a velar por que la legislación nacional corresponda a las normas y
prescripciones establecidas en los Acuerdos de la Ronda Uruguay.
Deseo hacer
igualmente hincapié en la importancia del proceso de examen de los acuerdos comerciales
regionales. El vínculo en este caso con la credibilidad del sistema multilateral de
comercio fortalecido es evidente. Confío en que las consultas que se están celebrando en
este momento mejorarán este proceso.
Podemos estar
seguros de que, cumpliendo estas obligaciones, contribuiremos al mejoramiento económico
de las generaciones presentes y futuras. Al hacerlo, reafirmaremos nuestra fe en la
prudencia de los principios fundamentales del sistema del GATT y en su pertinencia
constante de cara a las relaciones económicas del siglo XXI. |
|