
I
La mejor contribución que esta
conferencia puede hacer a la seguridad y la paz en la región consiste en alentar la
confianza de los inversores y unas relaciones comerciales sólidas para sentar las bases
de un crecimiento económico duradero en toda la región. Sin progreso económico, será
infinitamente más difícil conseguir una estabilidad política duradera en el Oriente
Medio. El progreso económico fomenta la interdependencia y el respeto común del imperio
de la ley, que es la base de la estabilidad. Sobre los débiles cimientos de la
inseguridad económica, la desigualdad y el aislamiento no se ha construido nunca una paz
duradera.
La razón por la que el
comercio desempeña una función vital en la construcción de la paz es que lleva
aparejada la eliminación de las barreras, no sólo para las mercancías y los servicios,
sino también entre las naciones y los pueblos. La eliminación de obstáculos crea
interdependencia y la interdependencia crea solidaridad. La historia de los 50 últimos
años nos ha demostrado los innegables beneficios de la supresión de los obstáculos al
comercio y la apertura de las economías. El ejemplo más notable a este respecto ha sido
el proceso de la construcción europea, que ha convertido a enemigos históricos en
asociados inseparables.
Es evidente que cada región
tiene sus propias características y que sería un error pensar que el mismo proyecto
puede aplicarse de la misma manera en todas partes, pero lo que hoy quiero subrayar aquí
es que es necesario que esta región, que ha estado durante miles de años en la
encrucijada del comercio mundial, recupere su posición central, porque ello ayudará a
crear paz y prosperidad. Por esa razón es tan importante que haya numerosas solicitudes
de adhesión a la OMC de países de la región. Actualmente, el nivel de participación de
la región en la OMC es relativamente bajo. Acogemos con gran satisfacción las señales
de que esta situación está cambiando.
II
Desearía detenerme brevemente
en el significado de que la región recupere su lugar en el centro del comercio
internacional. Hay dos vías principales para volver a ocupar esa posición central, y la
experiencia nos indica que, especialmente en una determinada etapa del desarrollo, esas
vías no se excluyen, sino que se refuerzan mutuamente.
La primera vía pasa por el regionalismo.
Sé que varios países de Oriente Medio y África Septentrional están adoptando
iniciativas económicas y realizando esfuerzos en relación con el comercio regional, y
espero que se fomenten iniciativas que puedan dar lugar a resultados positivos.
Las iniciativas regionales son
importantes porque pueden contribuir a que países de un nivel comparable de desarrollo
avancen con relativa rapidez hacia la apertura de sus economías y el aumento de su
interdependencia.
El regionalismo es importante
como medio de facilitar la integración de las economías que participan en ese proceso en
la corriente principal de la economía mundial. Ésa es la función que deben desempeñar
las futuras negociaciones entre la UE y los países del Mediterráneo para establecer una
zona de libre comercio en los próximos 15 años. El regionalismo también puede fomentar
un enfoque común de las cuestiones que son objeto de debates o negociaciones
internacionales. Pero lo esencial es que las iniciativas de comercio regional son un
poderoso instrumento para disminuir o eliminar tensiones.
No obstante, debido al rápido
avance de la integración económica mundial las iniciativas regionales, aunque siguen
siendo importantes, no son suficientes por sí solas para abordar con éxito las nuevas
perspectivas de la economía internacional. Por ello necesitamos una segunda vía, que es
el sistema multilateral basado en normas. Y por ello el sistema multilateral reviste una
importancia fundamental para la prosperidad económica de la región.
III
La mundialización es un
proceso irreversible, impulsado por los avances en la esfera de la tecnología, las
comunicaciones y el acceso a la información, así como por los movimientos
internacionales de fondos y mercancías. Detener o retrasar ese proceso autónomo sería
casi imposible, aun en caso de que volviéramos a construir altos muros proteccionistas
alrededor de cada nación o de cada grupo de naciones comerciantes, y en cualquier caso
sería una tragedia, no sólo desde el punto de vista del progreso económico, sino
también desde el de la seguridad y la paz. Sólo hay una forma sensata de proceder: hacer
que la mundialización nos beneficie a todos.
El hecho de que actualmente una
tercera parte de los 25 principales exportadores del mundo sean países en desarrollo
demuestra que eso es perfectamente posible. Una cuarta parte del comercio mundial,
corresponde en la actualidad a los países en desarrollo; ese porcentaje era inferior al
20 por ciento hace una década. Si la tendencia actual se mantiene, el año 2010 habrá
alcanzado el 40 por ciento y en 2020 superará el 50 por ciento.
Estas estadísticas reflejan
también la enorme difusión de la tecnología y del poder económico que se está
produciendo actualmente y que representa un cambio decisivo del equilibrio económico
mundial, como pone de manifiesto el hecho de que en muchos casos los países en desarrollo
que abren su economía y se adaptan a las oportunidades sin precedentes de la
mundialización sean en la actualidad las locomotoras del crecimiento, incluso para las
economías industrializadas. A principios de este decenio, los países industrializados de
Europa y América del Norte lograron salir de la recesión gracias sobre todo al aumento
de la demanda de importaciones de los países en desarrollo.
Esto demuestra el peso
económico y la influencia crecientes de los países en desarrollo. Ustedes tienen poder
económico y pueden tener mucho más. No necesitan adoptar una actitud defensiva. Además,
el sistema comercial multilateral basado en normas les ofrece, como desean, un terreno de
juego nivelado: son ustedes los que tienen que emplearse a fondo en él, en la medida de
sus posibilidades.
Las nuevas tecnologías
transforman el sistema de comercio al tiempo que la mundialización cobra una dimensión
humana cada vez mayor. Los perfiles de nuestros mundos -desarrollado, en desarrollo, menos
adelantado- se están desdibujando. Al unir nuestras economías mediante satélites y
fibras ópticas hemos unido también nuestro futuro. Esta región debe compartir todos los
beneficios de esta nueva situación.
Espero que cuando los Ministros
de los Miembros de la OMC se encuentren en Singapur el mes próximo se haga, en primer
término, una reseña favorable de lo que se ha logrado en los primeros dos años, en
especial, de la experiencia positiva en la esfera de los procedimientos de solución de
diferencias, que son el elemento central de nuestro sistema. En segundo lugar, los
Ministros podrán tomar nota de un nuevo y vigoroso avance de la liberalización comercial
que nos impulsa realmente hacia el comercio del futuro: el objetivo de eliminar, en
régimen n.m.f., los aranceles aplicados a los productos de la tecnología de la
información antes del año 2000. El valor mundial anual del comercio de esos productos
supera los 400.000 millones de dólares EE.UU., una cifra equivalente a la del comercio de
productos agropecuarios. Será un éxito importantísimo para todos nosotros, porque todos
necesitamos la misma tecnología.
Como primera institución
internacional importante creada después de la guerra fría, la OMC anticipa el tipo de
arquitectura económica mundial que necesitaremos en los años venideros. Su cultura se
arraiga firmemente en la tradición de cooperación y creación de consenso entre países
soberanos. La OMC da cuerpo a derechos y obligaciones negociados por consenso, aprobados y
ratificados por cada gobierno y cada parlamento, y que es posible hacer valer mediante el
imperio de la ley, y no mediante la simple utilización del poder económico. La
alternativa sería un sistema basado en el poder: ¿quién desearía elegir esta opción?
Más importante aún es el
hecho de que la OMC es una organización que agrupa en pie de igualdad a todos los países
-de todas las partes del mundo, cualquiera que sea su nivel de desarrollo. No hay votos
ponderados, clubes cerrados ni círculos internos o externos. Los países en desarrollo,
que representan el 80 por ciento de nuestros Miembros, se reúnen en condiciones de
igualdad con los países industrializados para elaborar las normas de un sistema común de
comercio. Ésta es la razón por la que 28 candidatos, incluidos grandes países
comerciantes como China y Rusia, así como países de esta región, consideran prioritaria
su adhesión a la OMC. El país más pequeño puede hacer frente al más poderoso en
defensa de sus intereses comerciales, basándose no en el poder económico, sino en unas
normas comunes y vinculantes. Esa posibilidad no es una abstracción jurídica ni responde
a una confusión entre realidad y deseo: es una característica real del nuevo sistema que
hemos creado juntos. En un sentido muy concreto, la OMC es la encarnación visible del
acontecimiento más decisivo de nuestra época: la estrecha interdependencia de todos los
pueblos y todas las naciones.
IV
Podemos considerar que esa
nueva unidad de los países en desarrollo y los países desarrollados en un sistema único
es el mayor éxito del sistema multilateral. Pero esa unidad es todavía frágil: no
podemos permitir que se rompa. Por esta razón, al preparar el orden del día de la
primera reunión ministerial en Singapur, hemos tenido en cuenta la tarea especialmente
difícil con la que se enfrentan los países en desarrollo con respecto a la aplicación
de los compromisos de la Ronda Uruguay y los desafíos que les plantea el programa de
trabajo necesario.
No obstante, no puede
sorprender a ninguno de los asistentes a esta conferencia, que se celebra con el lema
"Construcción para el futuro: creación de un entorno favorable a la
inversión", que una de las principales cuestiones del programa de trabajo que
examinarán los Ministros en Singapur sea precisamente el tipo de contribución que puede
hacer el sistema multilateral para fomentar la inversión, teniendo en cuenta su estrecha
interrelación con el comercio y la enorme cantidad de acuerdos bilaterales existentes.
Hasta junio de 1996 se habían
concertado 1.160 tratados bilaterales en relación con las inversiones (las dos terceras
partes de ellos en el decenio de 1990). Son partes en esos tratados 158 países. Se
desprende de ello que la coherencia de las políticas de inversión revisten una
importancia decisiva. Los gobiernos han de optar por seguir abordando la cuestión de
inversiones extranjeras directas bilateralmente o en pequeños grupos o por estudiar las
posibilidades de establecer un marco general que garantice que las normas sobre comercio e
inversión sean compatibles y complementarias. No hay duda de que los inversores prefieren
decididamente la segunda opción, y ésa es también la idea que debería desprenderse
claramente de esta conferencia.
La falta de coherencia de las
normas y las políticas pone en peligro la seguridad y la previsibilidad, que son
objetivos básicos de los acuerdos de comercio e inversión. Además, sólo un amplio
marco mundial permite reconocer los estrechos vínculos entre comercio e inversión,
garantizar la compatibilidad de las normas de comercio y de inversión y, sobre todo,
tener en cuenta de manera equilibrada los intereses de todos los miembros del sistema
comercial, tanto países desarrollados como en desarrollo y menos adelantados, y ese marco
sólo puede conseguirse mediante una negociación multilateral en la OMC, cuando proceda.
Esta región sólo recibió el
año pasado el 1,2 por ciento de las inversiones extranjeras directas mundiales y el 3,7
por ciento de las inversiones totales realizadas en los países en desarrollo, lo que pone
de relieve la gran importancia de las inversiones para el futuro de esta región y la
urgencia de realizar nuevos esfuerzos. A la luz de esta situación, creo que les
parecería sorprendente que yo no hiciera hincapié en la importancia de empezar a
estudiar el problema en la OMC.
Es necesario aclarar algo:
nadie en Ginebra sugiere que se entable ahora una negociación, sin un esfuerzo educativo
previo, ni que sea necesario poner límites a los derechos de los países receptores o
conceder privilegios a los inversores. La única cuestión que se debate es si al esfuerzo
educativo de la UNCTAD debe sumarse un esfuerzo similar de la OMC. En mi calidad de
Director General, estoy convencido de que la adopción por los Ministros reunidos en
Singapur de una iniciativa semejante de la OMC en la esfera de las inversiones redundaría
sin duda en beneficio de todos los países en desarrollo y de esta región.
V
La integración de los países
en desarrollo como interlocutores en pie de igualdad en el sistema multilateral es uno de
los principales retos que se plantean en relación con la configuración del orden
económico del siglo XXI. Se trata de una cuestión que incumbe por igual a los países
desarrollados y los países en desarrollo. No hay ninguna otra opción racional, como pone
de manifiesto la evolución de la economía mundial. Sin unidad entre los países
industrializados y los países en desarrollo, los caminos que unimos al final de la Ronda
Uruguay volverán inevitablemente a separarse: el mundo industrializado tratará de crear
sus propias normas para aprovechar la mundialización y el mundo en desarrollo se
dividirá. Muchos países en desarrollo seguirán el camino de los países
industrializados, y otros quedarán al margen. Entiendo que nadie puede elegir
voluntariamente una situación semejante.
Por el contrario, es menester
que trabajemos juntos como interlocutores en pie de igualdad para que los países de esta
región y todas las demás economías en desarrollo y en transición se integren
plenamente en la economía mundial y en el sistema comercial multilateral basado en
normas. Al mismo tiempo es necesario que impulsemos, en especial en esta región, la
cooperación económica regional. De lo contrario, nos encontraremos en un círculo
vicioso en el que el aislamiento económico será fuente de una inestabilidad política
que a su vez conducirá a un mayor aislamiento económico. El camino hacia una paz
duradera en el Oriente Medio no termina, sino que comienza, con la integración y la
interdependencia económicas. Si nos tomamos a pecho esta idea, será posible un futuro en
que no sean los misiles y los soldados los que crucen las fronteras, sino las mercancías,
los servicios y las inversiones. |