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El Sr. Moore, primer Director General no europeo, dijo
que la asistencia a los países menos adelantados sería
una de las máximas prioridades de su mandato y que
tenía previsto reunirse en las próximas semanas con
funcionarios de países desarrollados y en desarrollo
para buscar formas de incorporar más plenamente a los
PMA en el sistema de comercio de manera que puedan
participar de los beneficios que tan notablemente han
elevado los niveles de vida en los países más
adelantados y las economías emergentes.Los
más pobres, los países menos adelantados, no disponen
aún del acceso para sus productos ni de la asistencia
técnica requeridos para ser auténticos copartícipes
que puedan sentarse a la mesa de nuestra familia mundial
y compartirlo todo, en pie de igualdad. La eliminación
de los obstáculos que impiden el acceso a los países
más pobres no supondría mucho para las naciones ricas.
No
puede negarse la importancia del comercio para el
desarrollo. En los últimos 25 años, se ha duplicado el
ingreso de 1.500 millones de personas en 10 países en
desarrollo y el comercio ha contribuido de forma esencial
a aumentar su nivel de vida. En estos últimos 15 años,
la participación de los países en desarrollo en el
comercio mundial total ha pasado del 20 al 25 por ciento
y en 10 años esa cifra alcanzará más del 30 por
ciento. Pero no hay duda de que aún queda mucho por
hacer. Tres mil millones de personas viven con menos de 2
dólares al día. Esta situación es inaceptable y
debemos, todos, redoblar nuestros esfuerzos para
erradicar la pobreza.
La
Organización Mundial del Comercio no librará sola esta
batalla. Es preciso coordinar mejor la labor encomiable
realizada por las Naciones Unidas, la UNCTAD,
el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial,
el Centro Internacional de Comercio y la OMC.
Pero
la OMC ha de desempeñar un papel primordial. Mediante un
sistema de normas, acordadas por consenso por nuestros
134 gobiernos Miembros, la OMC ha creado un sistema en
que el más pequeño no sólo tiene voz y voto sino que
puede proteger y defender sus derechos comerciales. Hay
que decir que el comercio por sí solo no resolverá
todos los problemas del mundo, pero sin el comercio estos
problemas serían mucho más graves. Para los países en
desarrollo que procuran mejorar el nivel de vida de sus
ciudadanos, se cerraría una vía muy importante hacia la
prosperidad. El comercio sigue siendo un elemento clave
para mantener y extender los beneficios de la
interdependencia.
Es
capital que en nuestra Conferencia Ministerial en
Seattle, los gobiernos Miembros de la OMC se dediquen
plenamente a encontrar soluciones para los problemas de
los países más pobres. Ahora es cuando necesitamos esas
soluciones y no dentro de siete u ocho años.
Aún
se está configurando el programa de negociación de
Seattle. Sin embargo, nuestras negociaciones no deben
limitarse a los sectores de la agricultura y de los
servicios, que están comprendidos en el mandato. Ninguna
cuestión es tan importante como la de aliviar la
difícil situación de las naciones pobres.
En
las próximas semanas y meses, me reuniré con
funcionarios gubernamentales, miembros de la sociedad
civil y de los círculos universitarios y periodísticos
para tratar de promover esta causa. La OMC es una
organización que aboga por la lealtad y la equidad; una
organización basada en la primacía del derecho y no la
de la fuerza. La OMC se creó para dar a todas las
naciones, a todos los gobiernos Miembros, la oportunidad
de mejorar su nivel de vida, aumentar la producción y el
comercio de mercancías y de servicios y promover un
desarrollo sostenible. Me propongo dedicar todos mis
esfuerzos a velar por que cumplamos esta promesa.
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