
El Sr. Moore reiteró su compromiso de ayudar a los
países en desarrollo en el contexto del sistema de
comercio velando por que la liberalización del comercio
continúe de tal manera que beneficie efectivamente a
todos los países; por que se elaboren reglas de forma
que resulten útiles y prácticas para los países en
desarrollo; que se apliquen equitativamente los
procedimientos de protección coyuntural para
que dichas medidas no reemplacen a los obstáculos
proteccionistas anticuados; que se tenga acceso al
mecanismo de solución de diferencias en condiciones
equitativas; y por que todos los Miembros puedan obtener
fácilmente información acerca de las actividades de
la OMC.Destacando
su especial preocupación por los países menos
adelantados, el Sr. Moore dijo que quería hacer
avanzar la iniciativa de obtener acceso en franquicia
arancelaria para todos los productos cuya exportación
interesa a los países menos adelantados. Instó a los
Ministros del Grupo de los 77 a que transmitan un mensaje
enérgico a la próxima Conferencia Ministerial de la
OMC, en Seattle, en apoyo de esta iniciativa.
El
Sr. Moore recalcó la contribución aportada al
desarrollo por los principios de la OMC de
liberalización progresiva del comercio y normas
exigibles. Añadió que esos principios afirman la
independencia de los Estados soberanos mediante acuerdos
negociados y adoptados por consenso entre los gobiernos
de los Miembros, y aceptados por los respectivos
procedimientos legislativos, que son la mejor garantía
para los consumidores y los productores de los países
desarrollados y en desarrollo.
Figura
adjunto el texto completo del discurso del Sr. Moore.
Comercio
para el desarollo - el camino por recorrer
Alocución
pronunciada en la Reunión Ministerial del Grupo de los
77,
el martes 14 de septiembre de 1999, en Marrakech.
Su
Majestad, sus altezas reales, excelentísimos señoras y
señores:
Antes
de abordar el tema que me interesa, quiero expresar mi
cálido agradecimiento al Reino y al Gobierno de
Marruecos, y a mi dilecto amigo el Embajador Nacer
Benjelloun, que preside el Grupo de los 77 en Ginebra,
por brindarme la oportunidad de dirigirme a ustedes en el
día de hoy. Fue por cierto en Marrakech, en este mismo
edificio, donde se estableció la OMC bajo los
esclarecidos auspicios de su Majestad el Rey Hassan II,
recientemente fallecido.
Marruecos
siempre ha contribuido de manera notable al desarrollo
del sistema multilateral de comercio, particularmente a
través de la visión y la determinación de sus
Ministros y autoridades públicas. Desearía rendir un
homenaje especial al Embajador Hassan Abouyoub, que en su
calidad de Ministro de Comercio tanto ayudó a dar a la
OMC la debida orientación.
Por
todos esos motivos, me es grato pronunciar en Marrakech
mi primer discurso formal en calidad de Director General,
no sólo por haber nacido aquí la OMC, sino porque me
permite defender una causa a la que adhiero plenamente:
que la OMC es una familia en la que corresponde ocupar
lugares iguales a cada uno de sus Miembros.
Preparamos
actualmente dos grandes acontecimientos internacionales
importantes para el comercio mundial y el desarrollo: la
Tercera Conferencia Ministerial de la OMC -quizás la
más importante hasta la fecha, por celebrarse al
término de la primera fase de aplicación de los
Acuerdos de la Ronda Uruguay y en vísperas de nuevas
negociaciones; y la décima reunión de la UNCTAD, que
contribuirá a definir el programa sobre comercio y
desarrollo para el nuevo milenio.
Recuerdo
que, en la sesión inaugural de la Conferencia
Ministerial de 1994, el entonces príncipe heredero (hoy
Su Majestad el Rey Mohammed VI) rindió homenaje al papel
constructivo desempeñado por los países en desarrollo
en la conclusión satisfactoria de las negociaciones.
También señaló la relación que existe entre la
estrategia de desarrollo de los países en desarrollo y
el acceso a los mercados de los países industrializados,
así como la necesidad de que estos últimos respondan
mejor a las expectativas de los países en desarrollo. Su
Majestad estaba entonces en lo cierto, y lo está ahora.
Espero que en Seattle podamos hacerle el honor de acordar
importantes medidas para ayudar a los países en
desarrollo en el sistema de comercio. Este compromiso he
asumido desde el día en que asumí el cargo.
De
la indiferencia de la opinión pública a la controversia
La
Ronda Uruguay se vio confrontada al principio con la
indiferencia de la opinión pública. Nadie podrá decir
lo mismo acerca de la proyectada Conferencia Ministerial.
Sí les aseguro que en Seattle no habrá apatía
(¡pueden contar con ello!). Ahora hemos pasado de la
indiferencia a la ansiedad e incluso a la ira, no sólo
por parte de los manifestantes, sino también de aquellos
que estiman haber quedado excluidos demasiado tiempo y de
quienes temen por su seguridad al ingresar en la era
postindustrial.
No
todas las críticas de que somos objeto están erradas.
Algunas se basan en hechos. Otras, sin embargo, se basan
en percepciones erróneas, o bien en diferencias
ideológicas.
Es
cierto que, en los últimos años y particularmente desde
1997, la situación económica de numerosos países en
desarrollo no ha mejorado, como muchos lo esperaban, a
principios de los años noventa. La crisis asiática que
se originó en dificultades financieras y la consiguiente
pérdida de confianza ha tenido repercusiones en la
economía mundial. Han bajado los precios de la mayoría
de las materia primas, afectando a las economías que
hacen un uso intensivo de estos recursos. La demanda ha
disminuido en unas economías anteriormente en rápido
crecimiento, con la consiguiente reducción del
porcentaje de las importaciones, una evolución nefasta
de las balanzas comerciales de numerosos países en
desarrollo y, en muchos casos, una capacidad deficiente
tanto de exportación como de importación. Una grave
crisis humana, con una pobreza y un desasosiego social en
brusco aumento, se ha abatido nuevamente en numerosos
países que comenzaban a alcanzar niveles más elevados
de desarrollo.
Pero
también hemos de reconocer que hasta producirse la
crisis financiera asiática, el proceso de
liberalización progresiva del comercio creaba nuevos
empleos, promovía cambios estructurales y un notable
incremento de los ingresos en numerosos países en
desarrollo. Ahora nuestra tarea consiste en extraer
conclusiones de la crisis de 1997, y procurar que la
liberalización del comercio y del sector financiero se
organice de manera de poder garantizar una mayor
estabilidad en el plano macroeconómico, una mejor
distribución de los ingresos entre los países y mejores
condiciones para los más pobres entre los países y
dentro de éstos.
Otra
lección que se desprende de la crisis asiática es que
la situación habría sido mucho peor de no haberse
mantenido firmes los dirigentes de la región en su
compromiso de abrir los mercados. Es muy importante
recordar también cuan indispensable era que los mercados
del norte se mantuvieran abiertos. Las normas de la OMC
ayudaron a que se adoptara esa posición firme y a que
permaneciesen abiertos los mercados.
Liberalización
del comercio, normas comerciales y desarrollo
No
es necesario que alabe a la OMC. Los 30 candidatos que
desean adherirse a la Organización lo hacen por mí. El
comercio no es la respuesta a todos nuestros problemas,
pero sin duda alguna brinda en parte la solución. Todos
reconocen los principios de nuestra Organización, a
saber, la consolidación de los compromisos negociados,
la liberalización progresiva del comercio, y normas
exigibles. Se aplican tanto a escala mundial como
regional, y son una salvaguardia necesaria contra los
impulsos proteccionistas. Constituyen la mejor garantía
para los consumidores y productores de los países en
desarrollo y desarrollados.
El
conjunto de principios y normas de la OMC también se
refiere a la esencia de otra cuestión relacionada con el
desarrollo: la buena gestión de los asuntos públicos.
Hoy, todos los gobiernos quieren inversiones extranjeras
directas y muchos dirigentes importantes al frente de
misiones se dedican a atraer capitales. La inversión
directa, en condiciones que tengan en cuenta los valores
locales, es fundamental para el desarrollo y complementa
el comercio. Numerosos países reconocen actualmente que
para atraer inversiones extranjeras directas hace falta
demostrar al mundo que sus regímenes comerciales son
estables y dignos de confianza. Esto se puede lograr, y
se logra en el sistema de la OMC mediante reformas
realizadas a través de compromisos multilaterales.
La
buena gestión pública no es solamente un tema de
conversación de los Ministros de Finanzas con el Banco
Mundial, es, y siempre ha sido, un elemento fundamental
del sistema de derechos y obligaciones de la OMC. Nuestra
misión es reforzar la independencia de los Estados
soberanos con acuerdos que concierten por consenso los
gobiernos Miembros, aprobados por sus respectivos
procedimientos legislativos.
La
interdependencia puede convertirse en una garantía de la
independencia. Podemos brindar la oportunidad, pero puede
desperdiciarse. Se desaprovechó una vez en mi propio
país, por una gestión pública deficiente, debido al
mal gobierno, y a proyectos excesivamente ambiciosos que
respondían más a las necesidades de un partido
político que a las de los contribuyentes y la lógica
económica. Hemos aprendido esa lección en Nueva
Zelandia a nuestras expensas. En ese sentido me alientan
las declaraciones de los dirigentes acerca de la buena
gestión de los asuntos públicos y la necesidad de
coherencia entre la OMC y otras organizaciones
internacionales. Un adelanto considerable sería la
conclusión de un acuerdo sobre la transparencia de la
contratación pública.
La
Ronda Uruguay y sus resultados
Los
Acuerdos de Marrakech resultantes de la Ronda Uruguay
transformaron la estructura de las normas mundiales del
comercio, a partir de una configuración relativamente
simple, el GATT más los acuerdos plurilaterales, se
llegó a un sistema mucho más completo, pero también
complejo, de normas que abarcan los bienes y los
servicios. Abrieron el camino hacia una mayor
liberalización del sector agropecuario y de los
textiles, redujeron los aranceles en muchas esferas del
sector manufacturero, crearon un marco para la
negociación de nuevas condiciones internacionales para
el comercio de servicios (además de abrir numerosos
sectores, incluidos los servicios financieros y las
telecomunicaciones) y dieron bases sólidas a un sistema
de solución de diferencias anteriormente ineficaz e
inestable.
Luego
de transcurridos cinco años, deberíamos ser lo
suficientemente abiertos y transparentes como para poder
discernir entre los aciertos y los desaciertos de
Marrakech e identificar las cuestiones pendientes de
solución. También tendríamos que admitir que el
"juego" cambia, que intervienen nuevas
circunstancias y que a menudo los mejores pronósticos
económicos se reconocen a posteriori. Pero en
términos generales, diría que en materia de
liberalización de aranceles y restricciones
cuantitativas estamos en lo cierto; la orientación
inicial en la esfera de la agricultura y los servicios ha
sido apropiada; y estamos fundamentalmente bien
encaminados por lo que se refiere a la solución de
diferencias. Todo puede y debe mejorarse.
Como
se desprende del programa de Seattle, hay numerosas
cuestiones pendientes y mucho por afinar. Muchos de
nosotros estamos desilusionados porque la Ronda Uruguay
no ha arrojado el tipo de resultados que queríamos. Nos
preocupa que el conjunto de medidas no se haya
equilibrado lo suficiente como para reflejar nuestras
necesidades. No es sorprendente que cinco años después
de Marrakech muchos de ustedes estén reclamando
modificaciones y rectificaciones. Estoy de acuerdo. Por
ello debemos celebrar una ronda.
Quiero
reiterar las tres prioridades que me fijé al asumir el
cargo de Director General:
-
apoyar y ayudar a todos los participantes para que
obtengan de las nuevas negociaciones el resultado más
equilibrado posible y que beneficie a las economías más
vulnerables;
-
propugnar las ventajas que, tanto para las grandes
naciones como para las más modestas ofrece un sistema
comercial más abierto, capaz de mejorar el nivel de vida
y de construir un mundo más próspero y más seguro; y
-
fortalecer la OMC, así como sus normas, preservar y
reforzar su reputación de integridad y equidad y
remodelar la Organización para que refleje la realidad
de su composición y las necesidades de sus Miembros;
¿Qué
significan en la práctica estos tres objetivos?
En
primer lugar, velar por que la liberalización del
comercio prosiga de tal manera que brinde beneficios
reales a todos los países, pero sobre todo a los países
en desarrollo.
Para
mí estos beneficios deben lograrse en particular en la
esfera de la agricultura, los alimentos elaborados y
sectores sensibles como los textiles. Sigue habiendo
demasiados aranceles elevados. La arancelización de los
contingentes arancelarios en el sector de la agricultura
ha sido positiva, ya que ha revelado claramente lo
elevado que es el nivel de protección respecto de muchos
productos. Nuestra tarea ahora consiste en empezar a
reducir esos aranceles elevados, así como a tratar la
cuestión de las subvenciones y los sistemas de ayuda a
la agricultura. Se trata de una cuestión delicada pues
requiere que se vuelva a presionar a los países
desarrollados en un momento en el que muchos de sus
propios agricultores están en dificultad. Pero debemos
encontrar la manera de abrir el acceso a los productos
competitivos, incluidos los procedentes de países en
desarrollo.
En
segundo lugar, garantizar que las normas se elaboran de
una manera que permita a los países en desarrollo
utilizarlas.
Muchos
Ministros y Embajadores de los países en desarrollo me
han explicado que sus problemas provienen de la
complejidad de las normas internacionales, o de la
dificultad que tienen esos países para aplicarlas.
Están en lo cierto. Se trata de un problema grave que
debe solucionarse. Los países prósperos lo saben y son
cada vez más conscientes de la importancia de que se
comprometan plenamente todos los gobiernos
Miembros de la OMC. John F. Kennedy dijo, antes de que se
iniciara la Ronda Kennedy, que la marea creciente levanta
a todos los barcos. Tenía razón. Hoy por hoy diría que
esos barcos forman parte de un convoy, en el que todos
dependemos unos de otros y debemos avanzar juntos.
Por
tanto, hemos de asegurarnos de que las normas negociadas
son equitativas, bien comprendidas y aplicables, y de que
se ofrece a los países en desarrollo tiempo y ayuda para
aplicarlas. Esto requerirá un aumento considerable de la
asistencia tanto técnica como financiera.
En
tercer lugar, asegurarse de que las normas y
procedimientos para la utilización de medidas especiales
de protección se aplican de manera equitativa, y de que
esas medidas no sustituyen a obstáculos proteccionistas
anticuados.
Desde
la Ronda Uruguay no ha aumentado enormemente el uso de
esas medidas, pero está claro que los países en
desarrollo han tenido que hacer frente a consecuencias
desproporcionadas, que ciertos sectores de interés para
los países en desarrollo se han visto afectados por esas
medidas y que algunos países en desarrollo se han
convertido ellos mismos en expertos en el uso de tales
medidas. Los Ministros me han dicho que el sistema
mundial de comercio funciona hasta que sus productos
empiezan a abrirse camino -es decir, hasta que sus
países se deciden a aprovechar las oportunidades.
En
cuarto lugar, garantizar que todos pueden acceder por
igual al mecanismo de solución de diferencias.
Muchos
de ustedes se han quejado del costo de los procedimientos
previstos en el ESD y está claro que aquí hay un
desequilibrio. Este problema debe solucionarse. Una
opción es la creación de un Centro de Asesoramiento
Jurídico, propuesta que muchos de nuestros Miembros
apoyan. También hay otras ideas interesantes. Puede
discutirse el tipo de instrumento que permitirá lograr
un mejor resultado, pero no el objetivo.
En
quinto lugar, asegurarse de que la información sobre la
OMC y sus actividades es accesible a todos los Miembros,
incluidos los más vulnerables.
El
rápido crecimiento y la complejidad de las actividades
de la OMC son un problema para muchos Miembros que, o
bien tienen pequeñas delegaciones en Ginebra o bien no
tienen ninguna. Hemos de mejorar la eficacia de nuestras
comunicaciones con las pequeñas delegaciones en Ginebra,
así como con las destinadas en otras ciudades europeas
pero no en Ginebra, y en el país de origen. Debemos
asegurarnos de que nuestra información es correcta y
apropiada, de que la reciben las personas adecuadas y de
que pueden utilizarla los Ministros y los asesores que la
necesitan.
Agradezco
la generosidad de los países ricos que han contribuido a
fondos destinados a programas importantes de desarrollo.
He nombrado a una persona muy experimentada, un antiguo
Embajador de un pequeño país en desarrollo para que me
asesore, a fin de examinar de qué manera podemos ayudar
mejor a esos Miembros que no tienen representación en
Ginebra y evaluar los esfuerzos que hemos hecho hasta
ahora. Nuestra primera medida consistirá en celebrar, a
principios de noviembre, una semana de sesiones
informativas para los Miembros de la OMC y los
Observadores que no tengan Misión en Ginebra. El
objetivo de esta "Semana en Ginebra" es
informar a los funcionarios superiores en las capitales y
a los Embajadores de Europa no residentes en Ginebra,
acerca de la Conferencia de Seattle, así como a otros
organismos en Ginebra con actividades en la esfera del
comercio y el desarrollo, incluida la UNCTAD que está
preparando su Conferencia de Bangkok. Espero que esas
sesiones informativas en Ginebra se conviertan en una
práctica habitual.
Pero
estos esfuerzos de asistencia no deben terminar en
Seattle. Después de Seattle debemos esforzarnos aún
más por que el proyecto allí esbozado se convierta en
realidad para las familias y nuestros pueblos.
Los
países menos adelantados
Un
grupo de Miembros de la OMC por el que tengo un interés
particular son los países menos adelantados. Juntos,
estos países representan aproximadamente medio punto
porcentual del comercio mundial. La mayoría de ellos
depende mucho de unos pocos productos de exportación y,
en general, sus perspectivas de comercio y económicas
son sombrías. Esto debe cambiar.
Quiero
proseguir una iniciativa lanzada por Renato Ruggiero como
uno de los objetivos que pueden alcanzarse en Seattle:
lograr un acceso consolidado y en régimen de franquicia
arancelaria para todos los productos cuya exportación
interese a los países menos adelantados. Sería
magnífico que esta Conferencia pudiera transmitir en
Seattle un mensaje claro en apoyo de esa iniciativa.
Pero
lo que los países menos adelantados también necesitan
-como otros muchos países en desarrollo, pero en mayor
medida- es la creación de capacidad que les permita
comerciar, crecer y diversificarse. Los Ministros y
Embajadores han mostrado hasta la fecha un gran apoyo al
trabajo que estamos haciendo en colaboración con la
UNCTAD, el CCI, el PNUD, el Banco Mundial y el FMI. El
"Marco Integrado", acordado en Ginebra en 1997,
debe convertirse en una realidad y no sólo en una serie
de documentos. Debemos actuar y no buscar excusas. Espero
que en Seattle también puedan ustedes insistir en este
punto. He decidido reforzar los esfuerzos de nuestra
Secretaría en favor de los países menos adelantados
nombrando a un colega como coordinador para los países
menos adelantados. Su primera tarea consistirá en
brindar apoyo a los Miembros en sus esfuerzos para
obtener, en Seattle, las condiciones de acceso que los
países menos adelantados necesitan, y dar sustancia al
Marco Integrado. Espero que también apoyen firmemente
esta nueva iniciativa.
Desde
que se creó la OMC, la demanda de asistencia técnica se
ha disparado. Estamos haciendo lo posible por atender a
esas demandas, por iniciativa propia y en cooperación
con otras organizaciones internacionales, así como con
expertos de distintos Miembros de la OMC. Ya hemos
fortalecido y diversificado nuestros programas de
formación, cuya calidad es por todos reconocida y los
estamos examinando de nuevo. Todo puede mejorarse, y para
ello necesitamos sus consejos.
No
se ofrece nunca demasiada asistencia técnica. El éxito
genera nuevas demandas que han de satisfacerse. Hemos de
ser capaces de aumentar de manera significativa la
asistencia técnica para hacer frente a las nuevas
solicitudes que sin duda resultarán de la Conferencia de
Seattle. Espero que ustedes, Ministros y Embajadores,
apoyen mi solicitud de que nuestras crecientes
actividades de asistencia técnica, ahora en gran medida
financiadas por medio de fondos fiduciarios, se financien
en el futuro con cargo a nuestro presupuesto ordinario.
Evidentemente, esto no excluye las
contribuciones
especiales para proyectos determinados. Esto nos daría,
y a ustedes también, la
seguridad
que todos necesitamos. Después de Seattle es cuando
tendremos que estimular la asistencia, a fin de no tener
problemas con las negociaciones y la aplicación. El
problema no desaparecerá, pero tampoco desapareceré yo
y tampoco ustedes.
Trato
especial y diferenciado, y participación de los países
en desarrollo
Los
Ministros y Embajadores de los países en desarrollo han
identificado como una prioridad para Seattle la
"modernización" del principio del trato
especial y diferenciado. Quisiera también agradecer al
Sr. Rubens Ricupero y a sus colegas el trabajo que han
hecho en esta esfera. Hemos de trabajar juntos para
comprender cuáles serán las condiciones especiales que,
con toda probabilidad, resultarán más eficaces para
garantizar que los países en desarrollo están en
condiciones de aplicar los acuerdos negociados y se
benefician plenamente de ellos -es decir, lo que algunos
han llamado dar cabida a políticas para
aplicar estrategias de desarrollo orientadas al mercado.
Observaciones
a modo de conclusión
La
Conferencia de Seattle es un reto para todos nosotros.
Como Secretaría, hemos de asegurarnos de que los
preparativos se llevan a cabo como es debido, es decir,
de manera global, reflejando adecuadamente todos los
intereses. Para los gobiernos, el desafío consiste en
identificar esos intereses y exponerlos de manera clara
lo antes posible. Nos esforzaremos por que ustedes
conozcan los parámetros de las negociaciones y reciban
el mejor asesoramiento posible cuando así lo soliciten.
Pero
ustedes y yo sabemos que el éxito de la Conferencia de
Seattle no dependerá del trabajo de ninguna Secretaría.
Sabemos que los gobiernos están mejor preparados para
estas negociaciones que para ninguna otra ronda anterior.
Sabemos también que nunca antes había habido tanto en
juego. Antes de marcharme quisiera que recordáramos por
qué estamos aquí. El comercio no es un fin en sí, es
un medio para lograr un fin. El comercio permitirá
elevar los niveles de vida cuando el sistema ofrezca
oportunidades equitativas. De ahí se obtendrán mejores
resultados. Sé que no es necesario que se lo recuerde
porque ustedes me han dicho que pese a nuestros mayores
esfuerzos, más de 3.000 millones de personas viven
con menos de 2 dólares al día. El acceso a los mercados
por sí sólo no logrará mejorar las cosas; debe ser
respaldado por capital, formación, infraestructura y
buen gobierno. La tiranía y la deuda de la historia
pesan mucho sobre los recursos de muchos gobiernos y
limitan sus opciones. En un informe reciente de la UNCTAD
se habla de un país en el que la deuda que debe
reembolsar es nueve veces superior a la suma desembolsada
para la salud -y ello en plena epidemia de sida. La
coherencia es un tópico. Sin embargo, los tópicos
suelen ser verdades. Quiero contribuir a poner en marcha
esa verdad. Por lo tanto, Señoras y Señores, esta
reunión del G77 es un paso importante en el camino que
nos llevará a un resultado bien equilibrado, que
personalmente espero con interés, y que creo que
nuestros pueblos necesitan, desean y merecen. Soy y
seguiré siendo su servidor, y haré todo lo posible por
modelar la OMC -que es sólo una hermana más en la
familia multilateral de organizaciones- de manera que
pueda contribuir a hacer del próximo siglo un siglo de
persuasión, al contrario del siglo actual que ha sido,
con demasiada frecuencia, un siglo de coacción.
Muchas
gracias.
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