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Conferencias Ministeriales de la OMC
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1999
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1996
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Sr. Presidente,
Usted y yo hemos presentado conjuntamente al Consejo nuestro
informe sobre el estado actual de la labor preparatoria de Doha, y
mantengo todo lo que hemos dicho. Ha sido una evaluación, que debe
hacernos reflexionar, del volumen de trabajo y el compromiso
político necesarios si deseamos alcanzar en Doha un resultado
aceptable para todos los Miembros de la OMC. Pero, como Director
General -es decir, en mi calidad de guardián de la salud a largo
plazo del sistema de comercio personificado por la OMC- deseo
agregar algo a lo que hemos dicho. Creo que es mi deber para con el
Consejo ser tan franco en esta sala como lo he sido en público al
exponer mis opiniones sobre la importancia de la reunión de Doha.
No podemos pretender que ésta pueda ser simplemente una reunión
ministerial "rutinaria", en la que los Ministros examinen
las tendencias económicas generales y los progresos realizados en
el programa incorporado de la OMC. El contexto en que se reunirán
los Ministros garantiza que se adoptará en Doha una decisión
fundamental, ya sea positiva o negativa, que tendrá consecuencias
de largo alcance para el futuro de esta institución y la forma en
que desempeñaremos nuestra misión. En nuestro informe conjunto,
Sr. Presidente, hemos dicho que el fracaso en el intento de llegar a
un consenso sobre un programa de trabajo orientado al futuro que
haga avanzar los objetivos del sistema multilateral de comercio,
especialmente a la luz del fracaso anterior en Seattle, llevaría a
muchos a poner en tela de juicio la utilidad de la OMC como foro de
negociación. Indudablemente, nos condenaría a un largo período en
el que se eclipsaría nuestra importancia, porque la tarea no será
más fácil el año próximo, ni el otro.
Las preguntas con que se enfrentarán los Ministros serán las
mismas que se plantearon en Seattle: ¿están dispuestos a iniciar
un proceso más general de negociación -una nueva ronda, de hecho-
y, en caso afirmativo, cuál debería ser su contenido? No he
ocultado mi convicción de que es necesaria una nueva ronda. No
existe una mejor manera de tratar eficazmente los problemas de la
desaceleración económica o evitar la mayor marginación de muchos
países en desarrollo debido al debilitamiento del sistema
multilateral. No tenemos otra forma de asegurarnos de que el sistema
legal que personifica la OMC responda a las realidades económicas.
No tenemos otra forma de mantener el impulso de las negociaciones
sobre la agricultura y los servicios. Que yo sepa, en ningún lugar
del mundo se discute la necesidad de negociaciones sobre la
agricultura; pero esas negociaciones no se celebrarán en ningún
otro lugar del mundo, si no se celebran aquí.
Todas las normas que componen este sistema han sido negociadas
-en eso consiste su fuerza y ese es el origen de su legitimidad-.
Pero, por la misma razón, sólo pueden modificarse mediante
negociaciones. El Ministro Simba de Tanzanía habló recientemente
de las faltas de equidad del sistema, y está en lo cierto: esas
faltas de equidad existen. Pero sólo la negociación puede
eliminarlas. No negociar significa aceptar el statu quo, que
representa la solución de transacción a que se llegó en el pasado.
El 26 de junio dije -y algunos me criticaron por ello- que optar por
el statu quo no impedirá que se celebren nuevas
negociaciones comerciales el año próximo. Se celebrarían, pero
fuera de la OMC, y los que no estuvieran incluidos en ellas
tendrían que sufragar el costo de la exclusión.
Aunque la cuestión puede ser la misma que en Seattle, el
contexto no lo es. Muchos de los problemas que complicaron el
proceso de preparación de Seattle han sido objeto de intensos
esfuerzos durante los 18 últimos meses. Para hablar de los más
importantes:
· Gracias a sus incesantes
esfuerzos, Sr. Presidente, y a los de su predecesor, la
transparencia interna y la participación han experimentado
una gran mejora; desde febrero, se han dedicado al proceso
que desembocará en la reunión de Doha 35 reuniones
plenarias del Consejo, tanto formales como informales.
Gracias a ello, comprendemos mucho mejor las posiciones de
las delegaciones, tanto los objetivos de los partidarios de
un programa de negociación ampliado como los problemas que
ese programa supone para otros.
· Se han hecho importantes
progresos hacia la realización de nuestros objetivos en lo
que se refiere a la asistencia técnica a los países menos
adelantados y al acceso de éstos a los mercados. Las
cuestiones de aplicación se han examinado exhaustivamente,
en el curso de un proceso intensivo, llevado con gran
dedicación, y todos comprendemos hasta qué punto es
fundamental esta cuestión para nuestros progresos. La
Secretaría ha trabajado también duramente para ayudar a
las delegaciones más reducidas, de países que no tienen
representación permanente en Ginebra y de escasos recursos
a desempeñar el papel que les corresponde en la labor de la
OMC.
Los argumentos en favor de la iniciación de una nueva ronda
han sido aceptados por un número creciente de instituciones
internacionales y, en particular, por el propio Secretario
General de las Naciones Unidas, así como por una sucesión de
reuniones en la cumbre de ministros y de dirigentes. No obstante,
son muchos los que aún no están convencidos. Creo firmemente
que la mejor respuesta -en realidad, la única respuesta- que
podemos dar a los que todavía se sienten escépticos acerca del
valor de las nuevas negociaciones es un programa de trabajo
orientado al futuro, que sirva los intereses de todos los
Miembros pero, en particular, de los países en desarrollo y
menos adelantados. De forma análoga, la mejor respuesta que se
puede dar a los que niegan las ventajas de la liberalización
del comercio para el desarrollo económico es un programa de
negociación que se esfuerce por hacer más equitativo el
comercio internacional.
Pero aún estamos lejos de llegar a un acuerdo. No todos los
Miembros están convencidos de la necesidad de nuevas negociaciones
y, entre los que lo están, el alcance de esas negociaciones y el
nivel que podemos ambicionar no están suficientemente claros. Puede
preverse que, mientras persista esta incertidumbre, muchos Miembros
vacilarán en comprometerse. Con respecto a la mayor parte de las
cuestiones concretas que describimos en nuestro informe, sigue
habiendo una gran distancia entre las posiciones. Esa distancia aún
existe porque hemos alcanzado los límites del proceso de
celebración de consultas sobre un solo tema; al negociar, hay que
ocuparse de las relaciones entre las cuestiones y de las posibles
ventajas y desventajas recíprocas, y ello implica una decisión y
un compromiso políticos. Este proceso apenas ha comenzado.
He de decirles que, si la reunión de Doha tuviera lugar en
septiembre, ahora estaría afirmando que habíamos desaprovechado la
oportunidad -que ya no era posible conciliar esas diferencias en el
tiempo de que disponíamos-. Pero estamos a tiempo. Esa es la razón
de que les informemos ahora, en julio, de esta verificación de la
situación real. Es perfectamente posible lograr en Doha un
resultado que sea satisfactorio para todos los Miembros y beneficie
tanto al sistema de comercio como a la economía mundial. Para ello,
es precisa la atención inmediata y concentrada de las capitales.
Esto no puede esperar hasta septiembre. A comienzos de ese mes,
debemos estar preparados para iniciar el proceso intensivo de
negociación que les permitirá presentar a los Ministros un
proyecto de declaración coherente y equilibrado. No se puede
esperar que los Ministros resuelvan en Doha todos los problemas, en
cuatro días. Nos han avisado una y otra vez de que es necesario
llegar a un acuerdo general sobre el conjunto de medidas antes de
que vayan a Doha.
He repetido esto muchas veces, pero sigue siendo cierto: lo que
está en cuestión es la iniciación de las negociaciones, no su
conclusión. El programa debe ser equilibrado y equitativo, y el
principio de consenso debe garantizar que el resultado sea aceptable
para todos los Miembros. Todo esto es posible. El mayor riesgo es
que el fracaso del intento de llegar a un consenso ponga en tela de
juicio el compromiso de los Miembros respecto del sistema
multilateral y del principio de cooperación internacional.
Con frecuencia he descrito esta reunión como la ocasión de
proceder a una "verificación de la situación real", y el
informe que tienen ante sí es la contribución del Presidente y
mía a esa actividad. Ahora les corresponde a ustedes realizar su
propia verificación de la situación real, aquí y en las capitales.
Insto a todas las delegaciones a hacerlo con ánimo franco y
constructivo. Las capitales deben adaptar sus exigencias para dar
cabida a las necesidades de los demás. Esta reunión debe
permitirles informar de que ha llegado el momento de asumir la
realidad -de que deben revisarse y conciliarse posiciones muy
antiguas para que podamos iniciar un programa de negociación que
beneficie a todos nuestros pueblos-.
Sin embargo, estoy seguro de que hay en esta sala personas de
calidad y visión, que conocen los costos de la falta de progresos,
que saben cuál es el estado de la economía mundial y la función
que puede desempeñar el sistema multilateral de comercio. Sabemos
también que 3.000 millones de personas, la mitad de la población
mundial, subsisten con menos de 2 dólares diarios. Esta cifra
podría alcanzar los 4.000 millones en los próximos 25 años. La
oportunidad de hacer algo al respecto está a nuestro alcance.
Espero su vuelta en septiembre con impaciencia. Pero tengo que
decir que la situación es frágil y que, sin generosidad, cortesía
y buena voluntad, el proceso podría desintegrarse y llegar a
resultar imposible de manejar. A menos que tomemos verdaderamente en
serio la realidad que ahora percibimos y actuemos, el paso del
tiempo hará que esa realidad empeore, y podría llegar a ser
imposible manejar el proceso. Si en septiembre volvemos sin haber
modificado nuestras posiciones, temo lo peor. Tenemos tiempo y
debemos hacer uso de él. Cuando nos reunamos de nuevo, la pregunta
será “¿qué ha cambiado?”
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