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1. Me es muy grato participar en la conmemoración del Cincuentenario
del GATT y de la entrada en vigor del sistema multilateral de comercio.
Al igual que muchos otros países amigos aquí representados,
el Brasil contribuyó al establecimiento de este sistema y ha intervenido
activamente en todas las etapas de su desarrollo.
2. Durante estos primeros cuatro años transcurridos desde la
conclusión de la Ronda Uruguay, la economía brasileña
ha experimentado profundos cambios. Se alcanzó la estabilidad
y empezamos a transitar el camino del desarrollo con justicia social.
En su comercio exterior, el Brasil avanzó con paso valiente tanto
en el plano regional como en el mundial. Se consolidó el MERCOSUR
como instrumento para la integración abierta, al mismo tiempo que
el Brasil incrementaba de manera significativa sus importaciones de todos
los orígenes. Este incremento ilustra la medida en que nuestros
interlocutores han podido aprovechar el potencial de nuestro mercado.
También demuestra la determinación del Gobierno brasileño
de adoptar una perspectiva a largo plazo del comercio internacional, en
un empeño dirigido al equilibrio dinámico antes bien que
a los excedentes comerciales momentáneos.
3. Para que estas condiciones sigan
prevaleciendo, es, sin embargo,
necesario que los bienes y servicios brasileños gocen, por su parte,
de mejores oportunidades de acceso a los principales mercados, así
como de un trato no discriminatorio. El Brasil figura hoy entre las
10 mayores economías del mundo, con una base industrial diversificada
y una agricultura competitiva que puede proseguir su expansión sobre
una vasta superficie territorial. Esta abundancia de factores productivos
nos permite suministrar a nuestros interlocutores una variedad de productos
correspondientes a diferentes fases de elaboración. La suma
de nuestras exportaciones e importaciones está situada aún
en torno al 13 por ciento del PIB, cifra que pone de relieve las posibilidades
de ulterior expansión.
4.
Empero, para que se produzca esta expansión es imperativo
que continúe creciendo la economía mundial y, por consiguiente,
que no sufra una recaída la tendencia a la liberalización
del comercio internacional. Es imperativo resistir las demandas proteccionistas
de quienes se oponen a la competencia. Es además imperativo
preservar íntegramente la letra y el espíritu del multilateralismo,
que es el pilar del sistema que hoy conmemoramos.
5. Preocupa al Brasil la aplicación de una legislación
comercial de dudosa compatibilidad con los Acuerdos de la OMC. A
menudo se utilizan de manera lesiva los derechos compensatorios o las medidas
antidumping para proteger industrias obsoletas. En los países
desarrollados no es inhabitual descubrir que, bajo la apariencia de medidas
de defensa comercial, una burocracia gubernamental eficiente ha compensado
con creces la deficiente competitividad de ciertos sectores.
6. Nos preocupan igualmente los intentos de erigir obstáculos
al acceso de nuestros productos con el pretexto de asegurar una mejor protección
del medio ambiente. Hoy en día la sociedad brasileña
exhibe una aguda conciencia medioambiental, a la que mi Gobierno ha correspondido
adoptando políticas de amplio alcance. Hemos participado activamente
en el Comité de Comercio y Medio Ambiente de la OMC e intervenido
en los debates de manera abierta y constructiva.
7. Con respecto a la cuestión de la relación entre el
comercio y las normas del trabajo, nos parecería injusto e insensato,
dada la concepción misma que inspira al GATT, buscar garantías
para el mejoramiento de las condiciones de trabajo a través de medidas
comerciales punitivas cuya única consecuencia sería agravar
la cuestión social. En todo caso, el trato multilateral de
la cuestión quedó resuelto en 1996 en virtud de una decisión
adoptada a nivel ministerial en Singapur.
8. La cuestión social, tan compleja y urgente y que afecta prácticamente
a todos los países, representa un desafío fundamental para
la cooperación internacional y exige una acción más
intensa y directa en los foros apropiados.
9. En el comercio agropecuario
mundial, el Brasil y muchos otros países
continúan presenciando con perplejidad el funcionamiento del mayor
aparato de proteccionismo y subvención jamás montado para
la salvaguarda de los intereses de un sector. Los países desarrollados
continúan gastando más de 160.000 millones de dólares EE.UU. cada año para impedir que su agricultura quede expuesta a
las normas de la competencia. Y, lo que es más, para excluir
la aplicación de esas normas en terceros mercados. El pasado
mes de abril, en Sydney, el Grupo de Cairns reafirmó lo que había
acordado en Río de Janeiro en 1997 y recordó la necesidad
de que las próximas negociaciones agrícolas de la OMC integren
la agricultura en las normas del sistema multilateral de comercio.
10. Nos perturba el uso continuo de consignas y conceptos de dudosa
solidez antropológica o ambiental para tratar de justificar por
qué la competencia entre interlocutores en beneficio de los consumidores
y los contribuyentes no puede aplicarse al sector agropecuario como se
aplica a los demás. Considero que esto no es justificable
ni justo. Los países en desarrollo también tenemos
que hacer frente a una competencia -a menudo perjudicial- de productos
importados, así como a las presiones que el desempleo ejerce sobre
la trama social. Aun así, y a pesar de la inmensa desventaja
que conllevan los niveles más bajos de renta, productividad y capacidad
tecnológica, tratamos de hacer lo que a nuestro juicio es necesario
para avanzar en la dirección de la liberalización del comercio.
También estamos expuestos a cuestionamiento por parte del poder
legislativo y de la opinión pública. La persistencia
del proteccionismo y de las subvenciones a la exportación en el
comercio agrícola no es solamente la mayor anomalía que queda
por corregir sino también la más injusta para los países
en desarrollo que son competitivos en este sector.
11. El Brasil reitera su adhesión a la primacía del sistema
multilateral de comercio y tiene una visión optimista del futuro
de esta Organización. Nos enorgullece haber sido una de las
23 partes contratantes iniciales del Acuerdo General en 1947, lo mismo
que nos enorgullece nuestra contribución a su desarrollo y al proceso
actual de mejoramiento.
12. Entre los grandes progresos que se hicieron durante la Ronda Uruguay,
no puedo dejar de destacar el nuevo sistema de solución de diferencias.
Este sistema tiene la función fundamental de garantizar la defensa
rápida e imparcial de los derechos de todos. Debe merecer
la confianza de todos los países e impedir que algunos caigan en
la tentación de recurrir a la fuerza con objeto de imponer su propia
interpretación de las normas.
13. Una vez fortalecido por la Ronda Uruguay, el sistema debe constituir
una salvaguardia frente a todo intento de viciar el verdadero espíritu
del multilateralismo.
14. Las negociaciones
sectoriales, rápidamente concluidas entre
algunos Miembros con el fin de ampliarlas a otros, no contradicen la cláusula
de la nación más favorecida. Se desvían, sin
embargo, del principio consagrado en el preámbulo del Acuerdo de
Marrakech por el que se establece esta Organización y que trata
de garantizar que "los países en desarrollo [...] obtengan una parte
del incremento del comercio internacional". Aunque esos acuerdos
afecten a sectores dinámicos, las negociaciones que se desarrollan
por separado se convierten en un medio de proteger de la competencia a
ciertos sectores obsoletos que, como la agricultura misma, siguen estando
protegidos artificialmente y quedan al margen del impulso central del proceso
de negociación.
15. Esta Organización tiene ante sí una agenda que proviene
de acuerdos y entendimientos anteriormente concertados y establece un programa
de negociaciones en ciertas esferas específicas. El Brasil
no eludirá el examen de la ampliación del programa (en lo
que ya se está denominando "Ronda del Milenio"), siempre que esa
ampliación no interfiera con el proceso de negociación ya
definido para la agricultura ni tenga por objeto incorporar únicamente
sectores específicos de interés para algunos países.
16. En cualquier
caso, este proceso no debe desarrollarse mientras no
se hayan cumplido los compromisos contraídos en la Ronda Uruguay,
con objeto de no perturbar el equilibrio de las concesiones entonces acordadas.
17. Esta Organización es garante de un sistema cuya fuerza y
prestigio deseamos no dejen nunca de aumentar. Como signatario original
y parte activamente participante, el Brasil hará cuanto esté
en su poder para lograrlo. La fuerza del sistema dependerá,
no obstante, de que todos perciban que los beneficios se están compartiendo
equitativamente. Es indispensable que los principales interlocutores
comerciales se adhieran plenamente a las normas acordadas y cumplan las
decisiones adoptadas por la Organización en sus diversos niveles.
Es igualmente esencial demostrar coraje político para resistir presiones
y trabajar para que el comercio mundial no constituya simplemente un medio
para llegar a una forma selectiva y exclusiva de globalización.
18. En los últimos 50 años, el sistema multilateral de
comercio ha contribuido a un aumento sustancial del comercio internacional,
potenciando así la producción y el empleo.
19. El
sistema, es decir, actualmente la OMC, haciéndose eco
de las intensas transformaciones del mundo contemporáneo, ha adquirido
vocación universal y contraído más amplias
responsabilidades.
Su principal objetivo es hoy en día contribuir, mediante una serie
de normas comerciales equitativas, a la corrección de las desigualdades
de desarrollo y bienestar que siguen afligiendo al mundo en que vivimos.
20. Debemos ser ambiciosos y comprender que el comercio es un instrumento
fundamental para que nuestros países alcancen los objetivos más
importantes de la paz, el desarrollo y la justicia social. La liberalización
que buscamos sólo tiene sentido si nos acerca a esos objetivos,
y sólo alcanzará su plena justificación si contribuye
a superar las desigualdades entre las naciones y dentro de ellas.
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