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Hacia finales de la segunda guerra mundial, cuando los dirigentes
y los ciudadanos corrientes comenzaban a soñar con un sistema que
impidiera la vuelta a la guerra, el Presidente Franklin Roosevelt pidió
al pueblo de los Estados Unidos, y al mundo, que mirasen hacia un futuro
en paz. Dijo que "uno de los elementos básicos esenciales
de la paz permanente es un nivel decente de vida para cada uno de los hombres,
mujeres y niños de todas las naciones. 'La libertad del miedo'
está eternamente unida a la 'libertad de la necesidad'".
Y así, a mediados del
siglo, entró en acción
una generación visionaria de dirigentes, conscientes de las amargas
lecciones del proteccionismo, la depresión devastadora y la guerra.
Hicieron suya la idea revolucionaria de que la libertad -democracias libres,
mercados libres, el libre intercambio de ideas, el libre movimiento de
las personas- serían el camino más seguro hacia la mayor
prosperidad para todos. Confiaron en que la creciente interdependencia
económica produciría una paz mayor entre las naciones.
Y las alianzas e instituciones económicas que crearon -el FMI, el
Banco Mundial, el GATT- crearon una plataforma para la prosperidad que
dura hasta hoy.
Con el paso del tiempo se ha demostrado espectacularmente que
estaban en lo cierto. El comercio mundial se ha multiplicado por
15. Una comunidad comerciante que comenzó con 23 naciones
miembros incluye actualmente a 132 economías y otras 31 trabajan
por unirse a ella. Rusia y China, donde los grilletes del socialismo
de Estado asfixiaban antes el espíritu de empresa, avanzan ahora
hacia la unión con la próspera comunidad de las economías
libres. El comercio crea prosperidad entre las naciones de las Américas
y ofrece esperanza a las economías emergentes de África.
Hoy, en la frontera de un nuevo
milenio, estamos creando una nueva
economía impulsada por la tecnología y movida por el ingenio,
que nos acerca cada vez más. Cada día, más de
tres millones de personas viajan en vuelos comerciales. Hace tres decenios, las líneas telefónicas sólo podían
admitir 80 llamadas simultáneas entre Europa y los Estados Unidos;
hoy admiten un millón. En los Estados Unidos, la producción
económica se ha triplicado mientras que el peso físico de
las mercancías producidas apenas ha cambiado. La nueva riqueza
del mundo proviene en gran medida del poder de las ideas.
Esta nueva economía
mundial, dinámica y basada en
las ideas, ofrece la posibilidad de que miles de millones de personas pasen
a formar parte de una clase media mundial. Sin embargo, también
lleva en sí las semillas de nuevos desgarros, nuevas inestabilidades,
nuevas desigualdades, nuevas amenazas a la economía mundial.
El desafío a que se enfrenta la generación del milenio es
crear un sistema mundial de comercio sintonizado con el ritmo y las posibilidades
de la nueva economía mundial, un sistema que ofrezca oportunidades
para todas nuestras gentes y que resuelva los profundos problemas medioambientales
que nos son comunes.
Dimos el primer paso en ese
sentido, un paso decisivo, en 1995,
con la creación de la Organización Mundial del Comercio -un
objetivo que nuestros predecesores no habían podido alcanzar en
casi medio siglo. La Ronda Uruguay, que llevó al establecimiento
de la OMC, supuso la mayor reducción de derechos de la historia
del mundo (76.000 millones de dólares al año cuando se haya
aplicado plenamente), y en sólo cuatro años, el comercio
mundial ha crecido un 25 por ciento.
Desde 1995 hemos comenzado a crear la infraestructura de la nueva
economía, con acuerdos históricos sobre tecnología
de la información, telecomunicaciones y servicios financieros, que
afectan a intercambios comerciales mundiales por valor de billones de dólares
al año.
En la Cumbre del G-8 que acaba de celebrarse en Birmingham, los
dirigentes han analizado ideas encaminadas a reforzar la arquitectura financiera
internacional para que los mercados de capitales privados puedan estimular
un rápido crecimiento con el mínimo riesgo de inestabilidad
económica mundial.
Tenemos ahora que
construir, sobre la base de esos logros y con
una nueva visión del comercio, una OMC moderna, preparada para el
siglo XXI.
En primer
lugar, hemos de tratar de conseguir un sistema mundial
de comercio cada vez más abierto.
Permítanme que hoy declare sin ambages que los Estados
Unidos están comprometidos con la causa del comercio abierto entre
todas las naciones. La libertad económica y el comercio abierto
han dado lugar a una prosperidad sin precedentes en el siglo XX y ampliarán
la gama de oportunidades en el siglo XXI. En mi propio país,
la tercera parte del sólido crecimiento económico de que
hemos disfrutado durante los cinco últimos años ha sido generado
por las exportaciones. En el caso de cualquier país dedicado
al comercio, los mercados abiertos amplían espectacularmente la
base de posibles clientes de sus bienes y servicios. Hemos de seguir
avanzando. La intensificación de nuestros esfuerzos para derribar
los obstáculos al comercio estimulará el crecimiento en todos
nuestros países; creará empleos adecuados e incrementará
los ingresos; ofrecerá nuevas oportunidades a nuestros pueblos
e impulsará la libre circulación de ideas, información
y personas que son la savia de la democracia y de la prosperidad.
La mundialización no es una opción política,
sino un hecho. Pero todos nosotros hemos de elegir. Podemos
esforzarnos por modelar esas poderosas fuerzas de transformación
en beneficio de nuestro pueblo o refugiarnos tras los muros de la protección
y quedar rezagados en la economía mundial. En un momento en
el que, por primera vez en la historia de la humanidad, la mayoría
de los pueblos del mundo tienen gobiernos que ellos mismos han elegido
... en que el debate sobre si es mejor la libre empresa o el socialismo
de Estado ha quedado saldado ... en que los pueblos de todos los continentes
tratan de unirse al sistema de libre mercado, quienes nos hemos beneficiado
de ese sistema y hemos estado a la cabeza del mismo no podemos volver la espalda. En lo que a mi
respecta, estoy decidido a seguir en todas
las regiones del mundo una estrategia activa de apertura de los mercados
y continuaré trabajando con los representantes de los dos partidos
en el Congreso de los Estados Unidos para conseguir poderes de negociación
por la vía rápida.
En segundo
lugar, hemos de reconocer que, en la nueva economía,
la forma en que desarrollamos el comercio afecta a la vida y los medios
de subsistencia, la salud y la seguridad de las familias de todo el mundo.
Para el siglo XXI debemos construir un sistema de comercio que
haga honor a nuestros valores al brindarnos mayores oportunidades.
Debemos hacer más para asegurarnos de que esta nueva economía
mejore el nivel de vida en el mundo y que el vigor de la competencia económica
entre los países nunca se convierta en una carrera que vaya en detrimento
de la protección del medio ambiente, la protección del consumidor
y las normas del trabajo. Debemos igualar por arriba y no por abajo.
Si no seguimos esta estrategia no podremos conseguir que la economía
mundial cuente con el apoyo necesario de la opinión pública.
Los trabajadores sólo asumirán los riesgos de un mercado
internacional libre si confían en que este sistema será beneficioso
para ellos.
La OMC fue creada para mejorar la vida de los ciudadanos
corrientes,
y debe escucharlos. Propongo que la OMC sea el primer foro en el
que los grupos que representan los intereses de las empresas, del trabajo,
del medio ambiente y de los consumidores puedan expresarse y contribuir
a orientar la evolución futura de la OMC. Creo que cuando
este organismo se vuelva a reunir, los Ministros de Comercio del mundo
deberían reunirse con representantes del público en general
para iniciar este debate.
En tercer
lugar, hemos de hacer más para armonizar nuestro
objetivo de expansión del comercio con nuestro objetivo de mejora
del medio ambiente y de las condiciones de trabajo.
Un mayor comercio puede y debe aumentar -y no
reducir- la protección
del medio ambiente. En efecto, en el preámbulo del Acuerdo
sobre la OMC se establece expresamente como objetivo del comercio abierto
el desarrollo sostenible, con inclusión del compromiso de preservar
el medio ambiente y mejorar la capacidad para hacerlo. Por consiguiente,
las normas del comercio internacional deben permitir que los Estados soberanos
ejerzan su derecho a establecer normas de protección de la salud,
la seguridad y el medio ambiente, así como de la diversidad biológica.
Los países tienen derecho a establecer esa protección -aunque
sea mayor que la prevista en las normas internacionales. Pido que
se convoque una reunión de alto nivel, en la que participen los
Ministros de Comercio y Medio Ambiente, para dar en los próximos
años a las actividades de la OMC relacionadas con el medio ambiente
una orientación clara y un nuevo impulso, como ha propuesto la Comisión
Europea.
Del mismo modo, la OMC y la Organización Internacional
del Trabajo deberán comprometerse a realizar una labor conjunta,
para asegurarse de que el comercio abierto mejore las condiciones de vida
y respete las normas fundamentales del trabajo que son un elemento imprescindible
no sólo de los derechos de los trabajadores sino de los derechos
humanos en general. Pido a las Secretarías de ambas organizaciones
que celebren una reunión de alto nivel para examinar estas cuestiones.
Este fin de semana, los dirigentes del G-8 apoyaron la propuesta de que
la OIT adopte, cuando los Ministros de sus países miembros se reúnan
el próximo mes en Ginebra, una nueva declaración sobre las
normas fundamentales del trabajo y un mecanismo útil de seguimiento.
Espero que también ustedes la apoyen. Debemos esforzarnos
por conseguir que la OIT sea una institución llena de vida.
He transmitido hoy al Senado para su ratificación el Convenio de
la OIT que tiene por objeto eliminar la discriminación en el lugar
de trabajo.
Cada uno de nosotros, en nuestros propios países, debemos
hacer todo lo posible por ofrecer a nuestros pueblos los estudios y la
formación que les permitan sacar el mayor provecho de sus vidas.
Dado que la nueva economía se basa en las ideas, la información
y la tecnología, los beneficios de la enseñanza nunca han
sido mayores, como tampoco lo ha sido la pérdida de oportunidades
que entraña la falta de capacitación. No es posible
invertir estas tendencias. Nuestro objetivo debe ser ayudar a más
personas a beneficiarse de las oportunidades que ofrece la nueva economía,
asegurándonos al mismo tiempo de que la fuerza de la tecnología
y de las nuevas estructuras comerciales no agrave la desigualdad ni empeore
las condiciones de trabajo.
En cuarto lugar, debemos modernizar la OMC abriendo sus puertas
al escrutinio y la participación del público.
En un largo proceso de prueba y error hemos comprendido que los
gobiernos operan mejor cuando sus actuaciones son manifiestas respecto
de aquellos que se ven afectados por sus medidas -es decir, como en la
famosa frase del juez del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, Louis
Brandeis, "no hay mejor desinfectante que la luz del sol".
La OMC debería adoptar cualquier medida viable para exponer
sus actuaciones y responsabilizarse de ellas.
Hoy en día, cuando una nación cuestiona las prácticas
comerciales de otra, el procedimiento se desarrolla a puerta cerrada.
Yo propongo que todas las audiencias de la OMC se abran al público,
y que se hagan públicos todos los alegatos de las partes.
Para alcanzar ese objetivo debemos cambiar las normas de esta Organización.
Pero cada uno de nosotros puede hacer lo que le corresponda y hacerlo ya.
Los Estados Unidos ofrecen formalmente en el día de hoy abrir completamente
los trabajos de cada uno de los grupos especiales en el que somos partes
y propongo a cada una de las demás naciones que se sumen a nosotros
en conseguir que ello ocurra.
Hoy en día no existe un mecanismo para que los particulares
aporten información en esas diferencias comerciales. Yo propongo
que la OMC ofrezca a quienes tengan un interés en un asunto la posibilidad
de comunicar sus opiniones, como sería la capacidad para presentar
alegatos de "amicus", para contribuir a informar a los grupos especiales
en sus deliberaciones.
Hoy en día, el público debe esperar durante semanas
para leer los informes de esos grupos especiales. Yo propongo que
las decisiones de esos grupos especiales en materia de comercio se faciliten
al público en cuanto se emitan.
En quinto lugar, debemos tener un sistema de comercio que explote
todo el potencial de la Era de la Información.
La revolución de la tecnología de la información
es el mayor agente de prosperidad que nos será dado ver en nuestras
vidas. La comunidad social y económica de Internet es la de
más rápido crecimiento en la historia: se trata de
un fenómeno que entraña el potencial inimaginable y revolucionario
de desarrollar las capacidades de miles de millones de personas en todo
el mundo. Se le ha llamado la "muerte de la distancia" ya que permite
que las personas trabajen juntas a un lado y otro de los océanos,
como si lo que los separase no fuese más que un corredor.
Hace cuatro años, menos de tres millones de personas tenían
acceso a Internet. Hoy en día, su número es superior
a 100 millones y se duplica cada año.
Hoy en día, no hay derechos aduaneros que graven las llamadas
telefónicas, los mensajes por fax, el correo electrónico,
o el tráfico de datos informatizados cuando atraviesan una frontera.
Hemos pasado 50 años abatiendo obstáculos al comercio de
bienes y servicios. Lleguemos ahora al acuerdo de que, en lo que
se refiere al comercio electrónico, empezaremos por no erigir jamás
esos obstáculos.
Pido a las naciones del mundo que junto a los Estados Unidos se
pronuncien por el statu quo de todos los aranceles sobre las transmisiones
electrónicas que atraviesen las fronteras. No podemos admitir
que obstáculos discriminatorios detengan el desarrollo de la nueva
oportunidad económica más promisoria de varios decenios.
En horas más tempranas del día de hoy, en la Cumbre con la
Unión Europea, acordamos estrechar nuestra colaboración en
esta esfera. Y la semana pasada, el Primer Ministro Hashimoto y yo
mismo convinimos en avanzar conjuntamente, adoptando un enfoque orientado
hacia el mercado y estimulado por el sector privado para reforzar el derecho
a la privacidad, proteger la propiedad intelectual y alentar la libre circulación
de la información y el comercio en Internet. Espero que logremos
un consenso para afirmar que ésa es la mejor forma de aprovechar
el notable potencial que representa este nuevo medio de comunicación.
Sexto, un sistema de comercio para el siglo XXI debe estar constituido
por gobiernos cuyas prácticas sean abiertas, honestas y leales.
En la era de los mercados financieros mundiales, la prosperidad
depende de prácticas gubernamentales basadas en el estado de derecho
y no en el capricho burocrático, los favoritismos o la corrupción.
Los inversores lo exigen, y perder su confianza puede tener efectos repentinos,
rápidos y graves, seguidos de una reacción en cadena en las
economías regionales.
Al insistir en normas leales y abiertas, la OMC desempeña
un papel determinante en favor de gobiernos abiertos y responsables de
sus actos; pero la OMC no ha llegado lo suficientemente lejos.
En el año próximo, todos los Miembros de la OMC deberían
acordar que todos los contratos públicos se efectúen a través
de licitaciones abiertas y equitativas. Tan sólo esa reforma
podría abrir a la competencia mundial intercambios comerciales por
tres billones de dólares. Invito además a cada nación
del mundo a que adopte el convenio elaborado por la OCDE para combatir
el soborno. Ambas medidas fomentarían la confianza y la estabilidad
entre los inversores.
Por último, debemos desarrollar un sistema mundial de comercio
abierto que evolucione tan rápidamente como el mercado.
En una época en que la vida útil de los productos
se mide por meses, y en que la información y el dinero transitan
por el planeta en segundos, ya no podemos permitirnos el lujo de dedicar
siete años a terminar una ronda comercial, como sucedió en
la Ronda Uruguay, ni dejar que transcurran decenios entre la identificación
de un obstáculo al comercio y la adopción de la correspondiente
medida correctiva. Entre tanto, día tras día aparecen
nuevas ramas de producción, se conforman nuevos bloques comerciales
y los gobiernos inventan otros obstáculos al comercio.
Es preciso que exploremos un nuevo tipo de ronda de negociación
comercial que se adapte lo mejor posible a la nueva economía.
Es preciso averiguar si hay un medio de derribar los obstáculos
sin esperar que se resuelvan todos los asuntos en todos los sectores para
resolver por separado cualquier asunto dentro de cualquier sector.
Hemos de hacerlo en forma equitativa y equilibrada, teniendo en cuenta
las necesidades de las naciones, ya sean grandes o pequeñas, ricas
o pobres. Pero confío en que podremos asumir la tarea de negociar
acuerdos comerciales más rápida y eficazmente que en la actualidad.
La agricultura, por ejemplo, está en el centro de la economía
de los Estados Unidos y de muchos países y la supresión de
los obstáculos al comercio mundial es esencial para satisfacer las
necesidades alimentarias de la creciente población mundial.
A partir del año que viene deberíamos iniciar vigorosamente
las negociaciones para reducir los aranceles, las subvenciones y otras
distorsiones que limitan la productividad en la agricultura. Debemos
elaborar normas, basadas en la ciencia, que permitan obtener todo lo que
la biotecnología puede dar. Además propongo que antes
de que las negociaciones lleguen a su fin, los Miembros de la OMC se comprometan
a continuar reduciendo cada año los aranceles y las subvenciones,
a fin de que la reforma avance sin pausas.
Debemos reconocer que los servicios son el sector de mayor crecimiento
en el mundo, y el que está menos sujeto a la disciplina de las normas
de la OMC. Por ello, cuando se inicien las negociaciones sobre los
servicios, creo esencial que entablemos debates de amplio alcance para
la apertura de sectores dinámicos de los servicios como son los
servicios de mensajería urgente, medioambientales, energéticos,
audiovisuales y profesionales.
Debemos mantener el fuerte impulso del desmantelamiento de los
aranceles industriales. Una buena forma de comenzar sería
un acuerdo sobre los sectores -desde el de los productos químicos
hasta el de la tecnología medioambiental- propuestos por el APEC.
Y debemos avanzar en el fortalecimiento de la protección de la propiedad
intelectual.
Un sistema comercial que respete nuestros valores. Una OMC
que sea abierta y responsable. Un sistema comercial que esté
en consonancia con la era de la información. El compromiso
de combatir la corrupción. Un nuevo enfoque de las conversaciones
comerciales. Para avanzar en este programa, invito a los Ministros
de Comercio del mundo a que celebren su próxima reunión en
los Estados Unidos en 1999.
Piensen en la oportunidad que se nos ofrece. La oportunidad
de crear una nueva economía internacional ... en la que mercados
abiertos y economías abiertas susciten una innovación y prosperidad
inimaginables ... en la que las capacidades del ciudadano corriente impulsen
la prosperidad de las naciones ... en la que la economía mundial
respete los mismos valores que guían a las familias en la educación
de los hijos y a las naciones en la formación de buenos ciudadanos
... en la que los pobres tengan oportunidades, dignidad y una vida decente
y contribuyan a la prosperidad ... en la que la creciente interdependencia
entre las naciones aumente la paz y la seguridad para todos. Éste
será el mundo del siglo XXI -si tenemos la misma sabiduría,
decisión, valor y claridad que nuestros antepasados hace medio siglo.
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