|
El Cincuentenario del establecimiento del sistema multilateral de
comercio ofrece la ocasión
de evaluar sus logros y sus deficiencias, así como los desafíos y las oportunidades que
afronta la
economía mundial. Reconocemos el papel fundamental que han desempeñado el GATT
y su sucesor,
la OMC, para fomentar el establecimiento de regímenes de comercio abiertos y eliminar
obstáculos
arancelarios y no arancelarios al comercio de bienes y servicios. Todos los países pueden
reafirmar
sin temor la primacía de un sistema de comercio multilateral, basado en
normas, transparente,
justo
y equitativo en el marco de la OMC, que incluye el desarrollo de los acuerdos comerciales
regionales.
Esto no significa que todos los países se hayan beneficiado del
sistema. De hecho, a lo largo
de estos 50 años se ha puesto de manifiesto claramente que un gran número de
países, todos en desarrollo, y en particular países menos adelantados, han quedado
rezagados. En los cuatro
años
transcurridos desde el establecimiento de la OMC se han podido observar aún más
claramente inquietantes
indicios de que se tendía a una exclusión y marginación de estos países
más que a su inclusión o
integración. Además, esta tendencia empieza a socavar muy seriamente la confianza de
países que
hasta hace poco tiempo veían sus perspectivas de futuro con considerable
optimismo.
Los países en
desarrollo, y especialmente los menos adelantados,
son los que menos se han
beneficiado de la liberalización comercial a pesar de las medidas adoptadas en el GATT, desde
el decenio
de los años 50, para ayudar a estos países, cabe citar como ejemplo la adopción en
1979 de la "Cláusula
de Habilitación", que incluyó en el marco jurídico del GATT el principio del
trato especial y diferenciado
para los países en desarrollo. Acogemos con satisfacción las iniciativas que se han adoptado en
el marco de la OMC para
la aplicación del plan de acción para los países menos adelantados acordado en
Singapur. La Reunión
de Alto Nivel celebrada el pasado mes de octubre demuestra que la OMC es consciente de las
necesidades
de los países menos adelantados. Felicitamos a los Estados Miembros, tanto desarrollados
como en desarrollo, y a los organismos internacionales cooperantes por sus importantes contribuciones al Plan
de Acción, que esperamos se aplique sin demoras. Pero hablo en nombre de un país y de una región que no se
ajustan fácilmente a ninguna de
las clasificaciones de países de la OMC. Se trata de esas otras categorías de
países en desarrollo que
vinieron a quedar situadas entre las economías emergentes y las menos
adelantadas, cuyas
necesidades
se pasan por alto. Me refiero específicamente a las pequeñas economías en
desarrollo como Dominica,
confrontadas al desafío de desarrollar sus capacidades institucionales y de exportación
para poder
convertirse en participantes efectivos en el nuevo entorno mundial altamente competitivo y
evitar, de
esa forma, la marginación.
Para que las pequeñas economías en desarrollo puedan
atraer las inversiones, incrementar la
producción, mejorar la calidad de los productos, cumplir las normas, en
suma, competir
eficazmente
y aprovechar las oportunidades que ofrecen los Acuerdos de la OMC, es imprescindible que
también
se les reconozca su necesidad de recibir apoyo y de disponer de períodos de transición
suficientes. Claro está, mientras insistimos en que se preste más
atención a nuestras preocupaciones
específicas, reconocemos que incumbe a nosotros mismos identificar nuestros problemas y
hacer que
encuentren expresión en la OMC y en otras organizaciones internacionales, y llevar adelante un
trabajo
conjunto con éstas para conseguir superar las condicionantes que nos
limitan.
El reciente caso de solución de diferencias sobre el régimen
de importación del banano de la
Unión Europea fue para nosotros una experiencia sumamente perturbadora. Ha ejercido una
influencia
negativa en el comercio con nuestros interlocutores comerciales y socavado la confianza en el proceso
de la OMC. Al comenzar el examen del Entendimiento sobre Solución de Diferencias
(ESD),
pensamos
que hay algunos importantes principios y procedimientos que deberían
mejorarse. Las
reclamaciones
denominadas "sistémicas" presentadas por un interlocutor comercial
importante,
además de suponer
el riesgo de alterar el equilibrio de derechos y obligaciones, debilita el equilibrio de los beneficios
para los países en desarrollo, cuya obtención fue objeto de difíciles negociaciones
durante la Ronda
Uruguay. Estamos especialmente preocupados por la aplicación ciega e
inconsciente de las normas de
la OMC que podría tener como efecto menoscabar todos los esfuerzos realizados para preparar
las
economías para su integración en el sistema económico mundial. Digo esto no para hacer sonar las sirenas de alarma sino porque hablo en
nombre de un país
cuya economía ha dependido tradicionalmente de un único cultivo, que es el
banano, o
plátano. Este
cultivo es muy adecuado para las condiciones existentes en mi país y en todos los Estados del
Caribe
Oriental y otros países de la Comunidad del Caribe. En el caso de las Islas
Barlovento, el
sector
representa más de la mitad de todos los ingresos por exportaciones y alrededor de la quinta
parte del PIB.
El sector constituye la principal fuente de empleo, y la mayoría de los hogares perciben unos
ingresos
directa o indirectamente derivados de la producción y comercialización del plátano.
Se trata de una
actividad que emplea a casi toda la comunidad rural en la producción del plátano,
fundamentalmente
en pequeñas explotaciones familiares situadas con frecuencia en laderas. Un número
considerable de
los agricultores dedicados a la producción de plátanos son mujeres.
Actualmente, no
existe ningún
otro sistema que garantice de mejor forma que las capas más necesitadas de la sociedad
perciban unos
ingresos que permita atender los problemas especiales de la población rural con escasos
recursos.
Además de su contribución al desarrollo económico, el sector del plátano
constituye así un importante
garante de la estabilidad social y política no sólo en mi país, productor de
plátanos, sino en toda la
región del Caribe. No puedo pues proceder a evaluar 50 años del sistema multilateral de
comercio,
especialmente su evolución desde la creación de la OMC, fuera del contexto de su
tratamiento del
comercio del plátano y sus consecuencias para nuestros países.
En una pequeña economía insular las posibilidades de
desarrollo no son muchas. El proceso
de reforma es arduo y el proceso de diversificación difícil. Además, todas esas
iniciativas dependen
para su éxito del aumento de los recursos financieros necesarios para financiar la
infraestructura, la
formación y para obtener acceso a la tecnología. El aumento de los flujos
monetarios, a
su vez, depende
de un entorno económico y político estable. No es suficiente pues hablar del
carácter no discriminatorio
de la OMC. Ésta deberá asimismo fomentar y defender un sistema comercial ordenado
cuya finalidad
sea hacer llegar los beneficios del crecimiento económico mundial y del comercio a todos los
países,
independientemente de su tamaño o nivel de desarrollo. Puede que la labor trascienda de la
sola OMC.
En este caso, además de los organismos con base en Ginebra, tal vez sea necesario que
participen otros
organismos cuya misión relacionada con el desarrollo tenga un mayor ámbito.
De este
modo, a medida que estructuramos el temario y definimos el
programa de trabajo para
el período que se avecina, debemos tener presentes algunas importantes consideraciones que
hasta ahora
no han sido admitidas como inspiración de las deliberaciones y decisiones. Sería ocioso repetir
que, debido a sus deficiencias
intrínsecas, algunos países no pueden ahora
aprovechar las numerosas oportunidades ofrecidas como resultado del proceso de liberalización.
Y
ello a pesar del gran esfuerzo que están realizando para situarse en un plano que les permita
obtener
al menos algunos de los beneficios del sistema, y a pesar también de haberse comprometido en
tan
gran medida a la aplicación de reformas. Es un hecho patente que la lista de Miembros de la
OMC
está formada por países de diferentes niveles de desarrollo y con intereses comerciales
diversos. El
sistema debe poder responder a las variadas necesidades para que todos los países, entre ellos
especialmente los pequeños Estados insulares en desarrollo, puedan obtener algún
beneficio. Es
importante sobre todo reconocer que los ajustes necesarios para adaptarse a una economía
global no
se efectuarán al mismo ritmo en todos los países ni tendrán la misma
repercusión en todas partes.
A este
respecto, en el período que se avecina, la labor de la OMC
debería centrarse en la
aplicación de los acuerdos existentes y del programa incorporado, y en reducir la brecha que
existe
entre sus Estados Miembros.
Un requisito esencial de este programa de trabajo debería ser
evaluar la repercusión de la
aplicación de los acuerdos para determinar los beneficios o los efectos negativos en los
países en desarrollo. Debería efectuarse en concreto una evaluación del Acuerdo sobre la
Agricultura para
determinar en qué medida los países están cumpliendo sus compromisos de
reducción y la repercusión
de ello en los países en desarrollo importadores netos de productos
alimenticios. Esto es
especialmente
importante por lo que se refiere a la Decisión Ministerial relativa a los posibles efectos
negativos del
programa de reforma en los países menos adelantados y en los países en desarrollo
importadores netos
de productos alimenticios.
En relación con las nuevas
negociaciones, hay un punto en el que
nunca se hará suficiente
hincapié al abordar las nuevas cuestiones: se trata de la capacidad de los pequeños
países en desarrollo
de hacer frente al programa de trabajo actual y futuro de la OMC, que implicará
negociaciones.
La
incapacidad de las administraciones nacionales para prepararse de manera adecuada para las
negociaciones
puede afectar desfavorablemente el nivel de su participación. Proponemos que se establezca en la OMC un mecanismo para examinar
las circunstancias
especiales en las que se encuentran los pequeños Estados, sobre todo los
insulares, habida
cuenta de
su conocida fragilidad y vulnerabilidad, con miras a determinar la manera en que podrían
estructurarse
las normas para tener en cuenta estas desventajas.
A medida que nuestros países van intensificando sus esfuerzos por
aplicar los Acuerdos de
la OMC, habría que reconocer debidamente que es necesario establecer períodos de
transición adecuados
y apoyar nuestros esfuerzos a nivel nacional. A este respecto, desearíamos subrayar que debe
continuar
y aumentar la asistencia técnica facilitada por la OMC, la UNCTAD, la UIT y los organismos
pertinentes, para permitir que nuestros países participen más activamente en los
Acuerdos de la OMC. Señor
Presidente, considero que viene un período alentador
para la cooperación multilateral
en el comercio, las inversiones y otras esferas, y la Comunidad del Caribe hace todo lo posible para
estar en condiciones de participar plenamente en este proceso global.
|