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Señores
Ministros,
Señores y Señoras, ilustres invitados y amigos:
Gracias a
la oportuna iniciativa del Ministro Ahmed, se nos presenta la oportunidad de evaluar la
posición de los países menos adelantados en esta coyuntura crítica del sistema
multilateral de comercio.
Al entrar
en el siglo XXI, la OMC se enfrenta con el importante reto de lograr que los países en
desarrollo, no sólo participen en el sistema multilateral de comercio, sino que obtengan
de él beneficios reales y tangibles. En un mundo cada vez más estrechamente vinculado
por el comercio, las corrientes de capital y las comunicaciones, pero en el que la brecha
entre ricos y pobres es más grande que nunca, el desarrollo es una empresa que no admite
espera.
¿Qué
desean -y necesitan- obtener los países menos adelantados de estas nuevas negociaciones?
En
primer lugar, mercados más abiertos para sus exportaciones. Un mejor acceso a los
mercados ofrece oportunidades. Una serie de estudios ha puesto de manifiesto que, aún
después de la aplicación satisfactoria de la Ronda Uruguay, seguirá existiendo un
número considerable de obstáculos importantes. La reducción de los aranceles aplicados
en sectores como los textiles, el vestido y los productos agropecuarios tiene un interés
fundamental para los países en desarrollo, y son un elemento clave para conseguir un
resultado equilibrado en Seattle.
El
mejoramiento del acceso a los mercados constituye un objetivo de especial importancia para
los países menos adelantados. Todos ustedes tienen conocimiento de la propuesta formulada
por mi predecesor Renato Ruggiero, y que yo he hecho mía, de que los países menos
adelantados puedan beneficiarse de un acceso en régimen de franquicia arancelaria para
todas sus exportaciones. ¿Cuál sería el costo real que supondría para las naciones
más ricas la supresión de todos los obstáculos a las exportaciones procedentes de las
naciones más pobres, habida cuenta especialmente de que esas exportaciones sólo
representan un 0,5 por ciento del comercio mundial? Este pequeño esfuerzo que tendría
escasas repercusiones económicas para los países adelantados, entrañaría considerables
beneficios comerciales para muchos países menos adelantados, y, sobre todo, daría un
contenido político real a nuestro compromiso de encontrar soluciones a la marginación, y
al objetivo que todos compartimos de la erradicación de la pobreza.
En
segundo lugar, asistencia técnica. Los países en desarrollo, y especialmente los
más pobres, necesitan tener acceso al sistema comercial y al mecanismo institucional de
la OMC. Hemos de conseguir que el sistema de la OMC funcione para todos. Es preciso
mejorar la participación en la OMC, especialmente de aquellos que carecen de
representación en Ginebra, que no consideran el sistema como propio y que se sienten
marginados actualmente. Estos países necesitan asistencia en la esfera de la aplicación
de los compromisos vigentes, de la solución de diferencias y del desarrollo de
conocimientos especializados en política comercial, para promover mejor sus intereses
legítimos, lo que redundará en beneficio de todos.
Esta es
la razón por la que, hace dos años, adoptamos conjuntamente con la UNCTAD, el CCI, el
Banco Mundial, el PNUD y el FMI un nuevo enfoque de la asistencia técnica, y establecimos
un marco integrado en el que esas instituciones internacionales piden a los propios
países que elaboren un programa orientado a la obtención de resultados concretos y
adaptado a sus necesidades. Esa es también la razón por la que, el mes pasado,
organizamos la "Semana en Ginebra" para que las delegaciones de países que no
cuentan con misiones en esa ciudad pudieran participar en nuestros trabajos, y
especialmente en las etapas preparatorias de la Conferencia de Seattle. ¿Es eso
suficiente? Desde luego que no. Pero se trata de un primer paso, de un punto de partida.
Dos de mis adjuntos proceden de países en desarrollo: uno de ellos es el primer Director
General Adjunto de África y de un PMA. Es necesario que salgamos de Seattle con un margen
de maniobra claro y concreto para reforzar y mejorar la prestación de asistencia
técnica, especialmente mediante el Marco Integrado para la Asistencia Técnica
Relacionada con el Comercio para países menos adelantados.
En
tercer lugar, creación de capacidad. Es necesario que hagamos expreso el vínculo que
existe entre demanda y oferta, entre el acceso a los mercados y la capacidad de obtener
beneficios de ese acceso. La eliminación de los obstáculos comerciales no será
suficiente a menos que reduzcamos simultáneamente los obstáculos con los que, en el
plano de la oferta, se enfrentan muchos países en desarrollo menos adelantados y que
afectan a esferas que van desde las infraestructuras y el establecimiento de instituciones
hasta la atención de salud, la enseñanza y la política social. Creo que el Marco
Integral de Desarrollo y las estrategias de reducción de la pobreza del Banco Mundial
pueden ser importantes vehículos para una integración más estrecha en el desarrollo de
la creación de capacidad relacionada con el comercio y contribuir a que el comercio
propicie el desarrollo humano y la mitigación de la pobreza. Hemos de considerar la
asistencia técnica de la OMC y la creación de capacidad por el Banco Mundial como dos
caras de la misma moneda: una estrategia integrada para dotar a los países en desarrollo
de los recursos productivos que necesitan para adquirir la condición de asociados plenos
en la economía mundial.
Nuestra
colaboración con el Banco en un nuevo programa coordinado de apoyo al comercio y
creación de capacidad avanza por buen camino, y estoy en condiciones de informarles de
que los países en desarrollo contarán ya con el pleno respaldo de la OMC, el Banco
Mundial y el FMI en su participación en nuevas negociaciones comerciales. Agradezco al
Banco y el Fondo que hayan renovado ese compromiso en una declaración conjunta que Michel
Camdessus, Jim Wolfensohn y yo haremos mañana. Somos conscientes también de que son
necesarios nuevos recursos y no podemos partir de Seattle con un mandato para la
asistencia al desarrollo que no cuente con la financiación necesaria. En los cuatro días
próximos, pediré a los Ministros de Comercio que encuentren los fondos que necesitamos
para respaldar una asistencia técnica relacionada con el comercio más eficaz a los
países en desarrollo, y especialmente para ayudar a esos países a obtener los recursos
que necesitan para financiar el cumplimiento de sus obligaciones en el marco de la OMC.
En
cuarto lugar, el alivio de la deuda. Quiero subrayar la gran importancia que los
países menos adelantados atribuyen al alivio de la deuda y manifestar mi apoyo a los
esfuerzos que realizan actualmente el G-7, el FMI, el Banco Mundial y los países
acreedores para resolver definitivamente esta cuestión. En Seattle, se presenta a los
países adelantados la oportunidad de unir el alivio de la deuda al acceso libre a los
mercados para el mayor número posible de países muy endeudados. Un enfoque imaginativo
del acceso a los mercados, el alivio de la deuda y la creación de capacidad pueden ser
los tres pilares de una nueva estrategia para incorporar a los países menos adelantados
al cauce general del sistema. Nuestra tarea no es sólo una empresa económica, sino
también una cruzada moral. El comercio no es un fin en sí mismo, ni la única respuesta
a los problemas. Según la UNCTAD, un país de África gasta nueve veces más en el
reembolso de la deuda que en atención de salud, y ello cuando hay una epidemia de SIDA.
Necesitamos inversiones, infraestructuras, enseñanza, formación y conocimientos
especializados para obtener beneficios del acceso a los mercados que puede lograrse en
esta conferencia.
En
quinto lugar, el reconocimiento de la importancia de las nuevas tecnologías. Los
países en desarrollo precisan un mayor acceso a tecnologías y servicios modernos, como
las telecomunicaciones, los servicios financieros, las tecnologías de la información y
el comercio electrónico. En opinión de algunos, esas cuestiones comerciales son propias
de los países desarrollados. No hay nada que esté más lejos de la realidad. La
liberalización en esos sectores afecta a los elementos básicos de las economías
modernas. Hemos de considerar que la tecnología no debe ser una barrera entre el Norte y
el Sur, sino un puente que hemos de construir juntos, no sólo en nombre de la justicia
social, sino también porque todos somos en último término clientes de todos. He podido
oír que el Embajador de un país en desarrollo manifestaba su propósito de no tomar
parte en las negociaciones sobre el comercio electrónico porque éste favorece a las
naciones adelantadas; lo que equivale a haber dicho, en otra época, que no se querían
carreteras, electricidad o ferrocarriles.
Un
acuerdo sobre comercio electrónico redunda en beneficio de todos.
En
sexto lugar hemos de destacar la importancia que tienen las inversiones, la
competencia y la apertura económica para el desarrollo, así como la necesidad de
analizar esas cuestiones de forma flexible e imaginativa. Una nueva ronda de negociaciones
representa sobre todo una oportunidad de que los propios países en desarrollo
sigan utilizando la apertura y la liberalización como instrumentos para su propio
crecimiento económico. Actualmente, todos los países -especialmente los menos
adelantados- necesitan inversiones extranjeras directas, y muchos dirigentes importantes
encabezan misiones destinadas a atraer esas inversiones. En el G-77, un Ministro se ha
quejado de que los países menos adelantados reciben menos del 1 por ciento de las
inversiones extranjeras directas (se trata del primer Director General que ha intervenido
en las reuniones del G-77, los países ACP y la OUA). Las inversiones directas, si se
efectúan en condiciones apropiadas, constituyen un elemento crítico de la ecuación del
desarrollo. De forma análoga, la facilitación del comercio, la transparencia de la
contratación pública y políticas de competencia eficaces pueden contribuir a crear el
entorno adecuado para el crecimiento, tranquilizando a inversores y contribuyentes. Las
políticas comerciales abiertas y las reformas internas de signo liberal recogidas en
acuerdos comerciales multilaterales hacen patente al mundo que las economías en
desarrollo son estables y fiables, y que su compromiso con el crecimiento es real.
Para
poder beneficiarse del comercio, los países en desarrollo deben asumir una dirección
compartida en esta nueva ronda y una responsabilidad común por su éxito. A ese liderazgo
deben contribuir todos los que están en esta sala. Tenemos mucho que ganar y nada que
perder. Un representante de Bangladesh me ha dicho que el valor de las exportaciones de
textiles de su país, que antes de la Ronda Uruguay era de 1 millón de dólares EE.UU,
asciende ahora a 3.000 millones.
Una
cuarta parte de la producción mundial cruza actualmente las fronteras nacionales, y esa
proporción es aún mayor en el caso del conjunto de los países en desarrollo, y
representa casi el 40 por ciento de su PIB. La realidad es que los países en desarrollo
necesitan más que nadie un sistema de comercio mundial abierto. Más que nadie, necesitan
ustedes una ronda mundial de negociaciones para abrir sus economías, para llevar a cabo
reformas, para ganar nuevos mercados, y para configurar las normas del futuro. Estoy
convencido de que un sistema de comercio multilateral más fuerte contribuye mejor a sus
objetivos de desarrollo. Los países en desarrollo necesitan mayor apertura y no menos;
normas más firmes y no más débiles. Los países en desarrollo obtendrán los máximos
beneficios de la OMC si aceptan al tiempo los compromisos de este sistema y sus
oportunidades.
Rubens
Ricupero, Secretario General de la UNCTAD y persona muy próxima a este sistema, ha dicho
que nuestros esfuerzos se encaminan a incorporar a los que están al margen. Pero quienes
están al margen no son abstracciones que estén fuera de la economía mundial, son 900
millones de personas que siguen viviendo con hambre y mal nutridas. Son los niños que
trabajan en las fábricas en vez de estudiar en los colegios. Muchas de esas personas
siguen aún privadas de las libertades económicas y los derechos políticos
fundamentales. Hay muchas personas en los países en desarrollo que han sido olvidadas por
el siglo XX y corren el riesgo de que se les deje atrás en el siglo XXI. Esta conferencia
puede contribuir a igualar las condiciones. Los pueblos han sufrido el apartheid
político y si no rectificamos y reequilibramos la situación, se nos acusará de apartheid
económico.
Nuestra
tarea en los cuatro próximos días consiste en garantizar el éxito de la Conferencia
Ministerial y dar comienzo a una nueva ronda equilibrada de negociaciones comerciales.
Pero nuestro objetivo no es liberalizar el comercio por el comercio. Se trata de lograr un
mejor nivel de vida para todos los países, desarrollados y en desarrollo, porque sólo
con un mejor nivel de vida podemos conseguir una atención de salud y una enseñanza
mejores, la erradicación del hambre, un medio ambiente más sano y un mundo más
pacífico y más justo. Se trata de incorporar a los marginados. Este es nuestro objetivo
común. Deseo firmemente trabajar con ustedes. Como siempre, pueden ustedes contar con mi
total colaboración.
Muchas
gracias.
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