El
Salvador ha racionalizado y reducido progresivamente sus
aranceles desde 1989, cuando los tipos de la nación más
favorecida iban del 5 al 290 por ciento. Actualmente
varían entre el 1 y el 30 por ciento, con un promedio no
ponderado del 10,1 por ciento en 1995. Pocos derechos son
superiores al 25 por ciento y se proyecta reducir la
horquilla arancelaria a tipos entre el 0 y el 15 por
ciento para 1999. El Salvador consolidó la mayoría de
sus aranceles al adherirse al GATT en 1990 y amplió la
cobertura de sus consolidaciones al 100 por ciento en la
Ronda Uruguay.
Se
han suprimido la mayoría de los obstáculos no
arancelarios. Según el informe, se requiere
autorización para importar azúcar, se continúan
necesitando licencias de importación sólo en el caso de
los sacos de yute y la sal, y se siguen aplicando
controles de la importación para la entrada en
franquicia de algunos productos sensibles procedentes de
otros Miembros del Mercado Común Centroamericano (MCCA).See footnote 1
El informe también especifica que todavía no se han
establecido procedimientos de concesión de licencias
para aplicar los contingentes arancelarios incluidos en
los compromisos de arancelización contraídos por El
Salvador en la OMC en el sector de la agricultura. El
Salvador ha aprobado varias leyes sobre los
procedimientos en materia de normas de origen, medidas
antidumping y de salvaguardia para que su legislación
concuerde con las disposiciones de la OMC. Continúa la
labor en materia de valoración en aduana.
Los
sectores agrícola, industrial y de los servicios han
estado sometidos a un proceso de ajuste a medida que se
ha ido desmantelando el antiguo régimen proteccionista
controlado por el Estado y han ido cobrando importancia
las fuerzas del mercado. El sector agrícola,
tradicionalmente importante, tuvo grandes dificultades en
el decenio de 1980 a causa del conflicto armado, de una
reforma agraria mal orientada y de la creación de
entidades de comercialización.
La
industria salvadoreña, desarrollada con arreglo a una
estrategia de sustitución de las importaciones para
servir al mercado centroamericano, ha tropezado con
dificultades para adaptarse al nuevo entorno comercial, y
algunos sectores continúan recibiendo una gran
protección arancelaria efectiva en el mercado interno.
Las industrias que han aprovechado las ventajas
proporcionadas por los regímenes de zonas francas y de
recintos fiscales han tenido buenos resultados. Las
exportaciones procedentes de las zonas francas y de los
recintos fiscales se han elevado hasta alcanzar alrededor
del 40 por ciento del total en 1995, y continúan
incrementándose. Los principales mercados de El Salvador
para productos agrícolas y prendas de vestir son los
Estados Unidos y la Unión Europea. Los productos
industriales se venden principalmente a los países
centroamericanos.
Los
servicios representan el 62,1 por ciento del PIB de El
Salvador. Actualmente las autoridades tienen en marcha un
proceso de reconstrucción y renovación de la
infraestructura, como carreteras, puertos y aeropuertos
que son esenciales para el comercio. La función del
Estado en otros sectores de servicios ha pasado a ser
secundaria a causa del programa de privatización.
Se
han unificado los tipos de cambio y se han suprimido los
controles cambiarios. Ahora el principal objetivo del
Banco Central de Reserva es luchar contra la inflación y
mantener la paridad monetaria, una tarea que se ha visto
complicada por las grandes entradas de remesas
procedentes de salvadoreños que trabajan en los Estados
Unidos. La inflación, aunque se ha reducido
considerablemente, todavía excede de los niveles
internacionales. Las inversiones extranjeras directas
están permitidas en todos los sectores, con algunas
esferas muy limitadas reservadas a los nacionales. No se
aplica ninguna medida en materia de inversiones
relacionadas con el comercio. Tampoco hay una
legislación que regule específicamente las condiciones
de la competencia en el mercado salvadoreño y no hay
ninguna autoridad en materia de competencia.
Según
el informe en 1993 entró en vigor una ley relativa a los
derechos de propiedad intelectual pero su aplicación ha
resultado difícil porque los recursos son insuficientes
y porque no se tiene conciencia de que se está
infringiendo la ley. No obstante, el Gobierno está
haciendo lo posible por ponerla en práctica.
El
Salvador trata de alcanzar sus objetivos de política
comercial mediante su programa de reforma unilateral,
así como mediante negociaciones regionales, bilaterales
y multilaterales sobre comercio e inversiones. Si bien se
ha intensificado su actividad en el plano multilateral
por conducto de la OMC, se consideran muy importantes las
negociaciones comerciales regionales en el plano
centroamericano y en el marco del Área de Libre Comercio
de las Américas (ALCA).
Entre
las actividades realizados en el marco del Mercado Común
Centroamericano se desarrolla un proceso de convergencia
hacia un arancel externo común. Existen disposiciones
legislativas comunes en varios sectores, entre ellos los
de la valoración en aduana, la propiedad intelectual y
las medidas antidumping y compensatorias. El Salvador,
junto con Guatemala y Honduras, está negociando un
acuerdo de libre comercio con México.
Las
relaciones comerciales de El Salvador con los países
desarrollados dependen en gran medida de su
participación en acuerdos comerciales bilaterales. Goza
de privilegios de entrada en franquicia en los Estados
Unidos en virtud de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe
y en la UE en el marco del Sistema Generalizado de
Preferencias.
Desde
1989 el objetivo de las autoridades salvadoreñas ha sido
crear una economía eficiente y diversificada, impulsada
por el crecimiento de las exportaciones. El sólido
crecimiento logrado desde la reforma demuestra el éxito
de la estabilización macroeconómica, de la amplia
liberalización del comercio y de las políticas de
desregulación adoptadas. No obstante, la apreciación
real del tipo de cambio a causa de las considerables
entradas financieras (principalmente remesas) puede crear
dificultades para el desarrollo y la diversificación de
las exportaciones.
Para
mantener la estabilidad del entorno macroeconómico de El
Salvador es necesario que prosigan los esfuerzos para
seguir liberalizando la economía y actualizar el marco
jurídico, para acelerar las operaciones de aduanas,
facilitar el comercio y las inversiones y hacer cumplir
la ley relativa a los derechos de propiedad intelectual.
En las conclusiones del informe se observa que también
se debe considerar una promoción más activa de la
competencia en el mercado interno. Es necesario seguir
esforzándose para reconstruir y desarrollar la
infraestructura física y de servicios de la economía,
así como para ampliar la base de capital humano.
Nota
para las redacciones
El
Órgano de Examen de las Políticas Comerciales (OEPC) de
la OMC examinará el informe de la Secretaría, junto con
un informe elaborado por el Salvador, los días 25 y 26
de noviembre de 1996.
El
Órgano de Examen de las Políticas Comerciales de la OMC
realiza una evaluación colectiva de la gama completa de
las políticas y prácticas comerciales de cada Miembro
de la OMC a intervalos regulares, y sigue de cerca las
tendencias y acontecimientos importantes que puedan tener
consecuencias para el sistema mundial de comercio.
Los
dos informes citados, junto con un acta del debate del
OEPC y el resumen del Presidente, se publicarán
oportunamente como documentación completa del examen de
las políticas comerciales de El Salvador. Podrán
obtenerse en la Secretaría de la OMC, Centro William
Rappard, 154 rue de Lausanne, 1211 Ginebra 21.
Los
informes abarcan la evolución de todos los aspectos de
las políticas comerciales de El Salvador, como las
leyes y reglamentos nacionales, el marco institucional,
las prácticas comerciales por clase de medidas y las
políticas comerciales por sectores. Desde la entrada en
vigor de la OMC, los informes abarcan también las
"nuevas esferas" del comercio de servicios y
los aspectos de los derechos de propiedad intelectual
relacionados con el comercio. Se adjuntan las
observaciones recapitulativas del informe de la
Secretaría y del Gobierno. Los periodistas que deseen
disponer del texto íntegro de los informes pueden
solicitarlo a la Secretaría de la OMC.
Desde
diciembre de 1989, se han llevado a cabo los siguientes
exámenes: Argentina
(1992), Australia (1989 y 1994), Austria (1992),
Bangladesh (1992), Bolivia (1993), Brasil (1992 y 1996),
Camerún (1995), Canadá (1990, 1992, 1994 y 1996),
Colombia (1990 y 1996), las Comunidades Europeas (1991,
1993 y 1995), Costa Rica (1995), Côte d'Ivoire (1995),
Chile (1991), Egipto (1992), Estados Unidos (1989, 1992,
1994 y 1996), Filipinas (1993), Finlandia (1992), Ghana
(1992), Hong Kong (1990 y 1994), Hungría (1991),
India (1993), Indonesia (1991 y 1994), Islandia (1994),
Israel (1994), Japón (1990, 1992 y 1995), Kenya
(1993), Macao (1994), Malasia (1993),
Marruecos (1989 y 1996), Mauricio (1995), México
(1993), Nigeria (1991), Noruega (1991 y 1996), Nueva
Zelandia (1990 y 1996), Pakistán (1995), Perú (1994),
Polonia (1993), la República Dominicana (1996), la
República Checa (1996), la República de Corea (1992 y
1996), la República Eslovaca (1995), Rumania (1992),
Senegal (1994), Singapur (1992 y 1996), Sri Lanka (1995),
Sudáfrica (1993), Suecia (1990 y 1994), Suiza (1991
y 1996), Tailandia (1991 y 1995), Túnez (1994), Turquía
(1994), Uganda (1995), Uruguay (1992), Venezuela (1996),
Zambia (1996) y Zimbabwe (1994).
Informe
de la Secretaría
ÓRGANO
DE EXAMEN DE LAS POLÍTICAS COMERCIALES
EL SALVADOR
Informe de la Secretaría - Observaciones recapitulativas
Introducción
Desde
1989, tras 10 años de conflicto interno, El Salvador
viene aplicando unos programas de estabilización
macroeconómica y de ajuste estructural con los que el
crecimiento aumentó al 6,5 por ciento y la
inflación descendió a alrededor del 11 por ciento
en 1995. La economía se ha liberalizado con la
introducción de reformas comerciales y la desregulación
interna, reduciendo el sesgo antiexportación de la
anterior política comercial e industrial. El nuevo
entorno económico, junto con la modernización en curso
de las leyes y reglamentos relativos al comercio, han
creado oportunidades para las inversiones que son
necesarias a fin de preparar el camino para un
crecimiento estable a largo plazo.
Evolución
económica general
Los
progresos logrados mediante el programa de reforma han
hecho posible que El Salvador empiece a reconstruir su
economía después del conflicto. Se han conseguido
aumentar las inversiones en infraestructura y en capital
humano mediante, entre otras cosas, la racionalización
de los gastos, como parte integrante de una amplia
reforma fiscal encaminada a reducir los gastos públicos
y a aumentar los impuestos recaudados. Estas medidas han
hecho que el déficit fiscal disminuya del 4,7 por ciento
en 1989 a menos del 1 por ciento del PIB en 1995.
Con
la reforma fiscal se ha simplificado el régimen
tributario y sólo subsisten unos pocos impuestos de
aplicación general (el impuesto al valor agregado (IVA),
el impuesto sobre la renta y los aranceles). El IVA ha
pasado a ser el impuesto más importante. Se han
suprimido los impuestos a la importación y los
incentivos fiscales sectoriales; los únicos incentivos
fiscales que subsisten son los constituidos por el
régimen de libre comercio y de zonas francas y recintos
fiscales y por el sistema de desgravación fiscal.
La
limitación de los gastos se ha conseguido principalmente
reduciendo la función del Estado. Así, se han
privatizado o se están privatizando sectores clave de la
economía. Las entidades de comercialización encargadas
del café, del azúcar y del algodón, los tres productos
agrícolas de exportación tradicionales, han perdido su
poder monopolístico; en el sector financiero se han
privatizado todos los bancos menos uno, y la Antel,
rentable monopolio público de telecomunicaciones, está
siendo privatizada, al igual que algunos servicios del
aeropuerto y del puerto principales.
Como
parte integrante de una desregulación económica más
amplia, se han unificado los tipos de cambio, se han
suprimido los controles cambiarios y se ha liberalizado
la cuenta de capital. Los tipos de interés son fijados
ahora fundamentalmente por el mercado, y se ha suprimido
la limitación cuantitativa de los créditos. El
principal objetivo del Banco Central de Reserva es luchar
contra la inflación, tarea que se ve complicada por las
grandes entradas de remesas procedentes de salvadoreños
que trabajan en los Estados Unidos. La inflación, aunque
se ha reducido considerablemente, todavía excede de los
niveles internacionales, por lo que, habida cuenta de la
política de mantenimiento de un tipo de cambio nominal
estable con respecto al dólar de los Estados Unidos, ha
habido una apreciación de los tipos de cambio reales
desde principios del decenio de 1990. Los déficit
comerciales persistentes se han visto compensados con
creces por las remesas y, más recientemente, por las
entradas de capitales privados.
El
Gobierno ha tomado medidas para facilitar las inversiones
extranjeras en la economía. Las inversiones extranjeras
directas (IED) están permitidas en todos los sectores en
El Salvador, y a los nacionales se les reservan unas
esferas muy limitadas. Se está preparando una nueva ley
destinada a simplificar y acelerar el proceso de registro
y legalización de las inversiones, y para un futuro
próximo se proyecta abrir una ventanilla única para
simplificar los procedimientos de inversión. El Salvador
no aplica ninguna medida en materia de inversiones
relacionadas con el comercio.
El
Salvador en el comercio mundial
El
comercio de El Salvador está concentrado desde el punto
de vista tanto de las mercancías como de los mercados.
Sus principales mercados son los Estados Unidos,
principalmente para los productos agrícolas y las
prendas de vestir (generalmente estas últimas se montan
en zonas francas); la Unión Europea (UE), también para
los productos agrícolas, y los países centroamericanos
para los productos industriales.
La
concentración en el comercio puede atribuirse a tres
factores. Primero, El Salvador goza de privilegios de
entrada en franquicia en los Estados Unidos en virtud de
la Iniciativa de la Cuenca del Caribe y en la UE en
virtud del Sistema Generalizado de Preferencias. Segundo,
las zonas francas se han especializado en el montaje de
prendas de vestir que se exportan a los Estados Unidos
con arreglo al programa de montaje en el extranjero, otro
régimen preferencial. Tercero, el comercio
intrarregional es importante a causa del Mercado Común
Centroamericano (MCCA).
Preocupa
la falta de diversificación de las exportaciones. El
contingente preferencial para el azúcar y el régimen de
montaje en el extranjero vigentes en los Estados Unidos,
aunque reportan beneficios a El Salvador, también frenan
la diversificación en la producción y en el comercio;
hay recursos que podrían destinarse a otros fines pero
que se dedican a la producción de azúcar y a las
industrias del vestido situadas en las zonas francas.
Además, la apreciación real de la moneda en los
últimos años se ha convertido también en un obstáculo
que impide ampliar la base de exportación a causa de la
pérdida de competitividad de las exportaciones
salvadoreñas.
Objetivos
de la política comercial
Los
objetivos de la política comercial de El Salvador
incluyen la evolución hacia un régimen comercial más
orientado al exterior, el mejoramiento y el aumento del
acceso de los productos salvadoreños a los mercados
extranjeros y una mayor integración de El Salvador en la
economía mundial. El Salvador trata de alcanzar
esos objetivos mediante su programa de reforma
unilateral, así como mediante negociaciones bilaterales
y multilaterales sobre comercio e inversiones. Las
negociaciones comerciales regionales en el plano
centroamericano y en el marco del Área de Libre Comercio
de las Américas (ALCA) se consideran muy importantes,
pero El Salvador también ha intensificado su
participación en el plano multilateral por conducto de
la OMC.
El
Salvador se adhirió al GATT en 1991, pero no
participó en ninguno de los acuerdos de la Ronda de
Tokio. El Salvador ingresó en la OMC en mayo de 1995 y
participa en todos los Acuerdos Comerciales
Multilaterales pero no en los Acuerdos Comerciales
Plurilaterales. El Gobierno se propone poner en práctica
los Acuerdos de la OMC dentro de los plazos de que
disponen los países en desarrollo.
En
El Salvador, los Acuerdos de la OMC, como tratados
internacionales, tienen legalmente prioridad con respecto
a cualquier disposición legislativa interna que esté en
conflicto con ellos; no obstante, las autoridades están
introduciendo progresivamente modificaciones encaminadas
a poner determinadas leyes en consonancia con las
disposiciones de la OMC. Por ejemplo, desde la entrada en
vigor del Acuerdo sobre la OMC se han aprobado nuevas
disposiciones legislativas en las esferas de las normas
de origen, las medidas antidumping y los procedimientos
de salvaguardia, y entre las materias que todavía hay
que examinar figura la valoración en aduana.
El
Mercado Común Centroamericano (MCCA) es la piedra
angular de las relaciones comerciales regionales de El
Salvador, y El Salvador atribuye especial importancia a
la revitalización del MCCA. En este contexto, se ha
iniciado un proceso de convergencia hacia el arancel
externo común del MCCA, negociado en 1993, y existen
disposiciones legislativas comunes en varios sectores,
entre ellos los de la valoración en aduana, la propiedad
intelectual y las medidas antidumping y compensatorias.
El
Salvador, junto con Guatemala y Honduras, está
negociando un acuerdo de libre comercio con México;
asimismo participa en las negociaciones encaminadas a
establecer el Área de Libre Comercio de las Américas y
también ha firmado acuerdos bilaterales sobre
inversiones con varios países.
Marco
institucional
La
responsabilidad primordial de la política comercial
incumbe al Ministerio de Economía, que absorbió el
anterior Ministerio de Comercio Exterior en 1989. Dentro
del Ministerio, la Dirección de Política Comercial,
creada en 1994, está encargada de formular, aplicar y
revisar la política comercial, así como de negociar
acuerdos comerciales. Cualquier ministerio competente
puede proponer medidas en sectores específicos que
afecten al comercio, pero esas medidas han de ser
aprobadas por el Comité Económico, formado por el
Presidente, el Vicepresidente, varios ministros y el
Presidente del Banco Central de Reserva.
No
hay ningún órgano independiente que asesore
oficialmente al Gobierno sobre las políticas
comerciales. No obstante, el sector privado, por conducto
de grupos de productores y de instituciones de
investigación, asesora al Gobierno extraoficialmente.
Evolución
de las políticas e instrumentos comerciales
Desde
1989, El Salvador ha racionalizado y reducido
progresivamente sus aranceles. Los tipos n.m.f., que
antes de 1989 iban del 5 al 290 por ciento, varían
actualmente entre el 1 y el 30 por ciento, con un
promedio no ponderado del 10,1 por ciento en 1995. Pocos
derechos son superiores al 25 por ciento. Se
proyecta reducir la gama de los derechos aplicados a
entre el 0 y el 15 por ciento para 1999; esto parece
factible porque, como se ha indicado más arriba, El
Salvador no utiliza los impuestos sobre el comercio para
financiar su déficit fiscal. De hecho, pese a la
reducción de los aranceles, los derechos recaudados han
aumentado a causa de todo el proceso de liberalización y
de la disminución del contrabando. A pesar de la
reducción de los aranceles, subsiste la progresividad,
que da a ciertas ramas de actividad salvadoreñas una
protección efectiva mayor que la que parecerían indicar
los tipos nominales, que son moderados.
El
Salvador consolidó la mayoría de sus aranceles al
adherirse al GATT en 1990 y amplió la cobertura de sus
consolidaciones al 100 por ciento en la Ronda
Uruguay, aunque a tipos "máximos",
generalmente del 40 por ciento, que son considerablemente
mayores que los que se aplican actualmente.
Se
han suprimido la mayoría de los obstáculos no
arancelarios. Se requiere autorización para importar
azúcar, se continúan necesitando licencias de
importación sólo en el caso de los sacos de yute y la
sal, y se siguen aplicando controles de la importación
para la entrada en franquicia de algunos productos
sensibles procedentes de otros miembros del MCCA. Estos
procedimientos no se han notificado a la Secretaría de
la OMC y parecen carecer de transparencia. Todavía no se
han establecido unos procedimientos de concesión de
licencias para aplicar los contingentes arancelarios
incluidos en los compromisos de arancelización
contraídos por El Salvador en la OMC en el sector de la
agricultura.
Los
procedimientos en materia de medidas antidumping, de
medidas compensatorias y de salvaguardias se basan en la
legislación centroamericana, que las autoridades juzgan
compatible con la OMC. Sólo se ha notificado una medida
en materia de derechos compensatorios en los últimos
cinco años.
Actualmente
se están modernizando los procedimientos aduaneros,
pero, aunque el plazo necesario normalmente para la
tramitación parece moderado, se informa de que las
demoras en las aduanas son motivo de preocupación para
los importadores.
El
Salvador aplica actualmente las normas internacionales,
pero se están preparando normas nacionales basadas en
las normas internacionales.
Para
fomentar la producción de exportaciones no tradicionales
destinadas a los mercados de fuera de Centroamérica, se
ha establecido un sistema de desgravación fiscal a la
exportación y se han modificado los regímenes
aplicables a las zonas francas y a los recintos fiscales.
El sistema de desgravación fiscal a la exportación se
basa en un reembolso fijo equivalente al 6 por ciento del
valor f.o.b. No hay subvenciones explícitas a la
exportación.
Los
procedimientos para la exportación se han simplificado
considerablemente al abrirse una ventanilla única en la
que se tramitan todos los documentos. Se han suprimido
los impuestos a la exportación. Sólo se mantienen los
controles de la exportación en el caso del combustible
diesel y del gas subvencionados que se destinan al
consumo interno. Para la exportación se requiere un
documento especial en el que se indica el cupo asignado
dentro del contingente para las exportaciones
preferenciales de azúcar a los Estados Unidos y para las
exportaciones de textiles y de vestido sometidas a
contingentes en los países importadores. Se requieren
permisos de exportación en el caso de ciertos productos,
entre ellos el cemento Portland, el cemento clinker y la
caña de azúcar, para asegurar la disponibilidad
interna. Las exportaciones de café están incluidas en
el plan de no comercialización de la Asociación de
Países Productores de Café.
La
mayoría de los controles de los precios internos fueron
suprimidos en 1989, y en la práctica sólo ciertos
productos del petróleo están actualmente sometidos a
controles de los precios.
Excepto
la prohibición constitucional de los monopolios y las
disposiciones que reglamentan ciertos sectores de
servicios, no hay ninguna legislación que regule
específicamente las condiciones de la competencia en el
mercado salvadoreño y no hay ninguna autoridad en
materia de competencia.
En
1993 entró en vigor una ley relativa a los derechos de
propiedad intelectual. La aplicación coercitiva de esa
ley viene siendo difícil, porque los recursos son
insuficientes y porque no se tiene conciencia de que se
esté infringiendo la ley. No obstante, los poderes
públicos vienen tratando de aplicar coercitivamente esa
ley y, cuando se han puesto en su conocimiento casos de
infracción, las autoridades han tomado las medidas
pertinentes.
Evolución
sectorial
Los
sectores agrícola, industrial y de los servicios han
estado sometidos a un proceso de ajuste en El Salvador, a
medida que se ha ido desmantelando el antiguo régimen
proteccionista controlado por el Estado y que han ido
cobrando importancia las fuerzas del mercado. El sector
agrícola, tradicionalmente importante, tuvo grandes
dificultades en el decenio de 1980 a causa del conflicto
armado, de una reforma agraria mal orientada y de la
creación de entidades de comercialización. Ciertas
cosechas tales como las de algodón, que anteriormente
era un importante producto de exportación, parecen haber
desaparecido totalmente. Con todo, actualmente se está
reactivando la producción agrícola como resultado de
las reformas emprendidas desde 1992, tales como la
garantía de los derechos de propiedad sobre la tierra,
la privatización de las entidades de comercialización y
la supresión de los impuestos a la exportación. El
Salvador también ha promovido la producción de cultivos
de exportación no tradicionales para mercados situados
fuera de Centroamérica.
La
industria salvadoreña, desarrollada con arreglo a una
estrategia de sustitución de las importaciones para
servir al mercado centroamericano, ha tropezado con
dificultades para adaptarse al nuevo entorno comercial.
Las industrias, entre ellas las de los textiles y el
vestido, que han podido desarrollarse y competir en
mercados situados fuera de la región centroamericana
continúan recibiendo una gran protección arancelaria
efectiva en el mercado interno. Las industrias que han
aprovechado las ventajas proporcionadas por los
regímenes de zonas francas y de recintos fiscales han
tenido buenos resultados, y el número de las industrias
que operan con arreglo a esos dos regímenes viene
aumentando. Las exportaciones procedentes de las zonas
francas y de los recintos fiscales se han elevado hasta
alcanzar alrededor del 40 por ciento del total en 1995, y
continúan incrementándose.
El
sector de los servicios es el sector más grande de El
Salvador, y su importancia ha aumentado desde principios
del decenio de 1990 a causa del crecimiento de la
construcción. Actualmente, las autoridades tienen en
marcha un proceso de reconstrucción y renovación de la
infraestructura, como carreteras, puertos y aeropuertos,
que son esenciales para el comercio. La función del
Estado en otros sectores de servicios ha pasado a ser
secundaria a causa del programa de privatización.
Conclusión
Desde
1989, el objetivo de las autoridades salvadoreñas ha
sido crear una economía eficiente y diversificada,
impulsada por el crecimiento de las exportaciones. El
sólido crecimiento logrado desde la reforma demuestra el
éxito de la estabilización macroeconómica, de la
amplia liberalización del comercio y de las políticas
de desregulación adoptadas. No obstante, la apreciación
real del tipo de cambio a causa de las considerables
entradas financieras (principalmente remesas) crea
dificultades para el desarrollo y la diversificación de
las exportaciones.
El
logro de un entorno macroeconómico estable es requisito sine
qua non para sostener o incluso acelerar el
crecimiento y el desarrollo, como desearían las
autoridades, pero para ello hay que continuar
liberalizando la economía. A este respecto, se está
tratando de actualizar el marco jurídico, acelerar las
operaciones de aduanas, facilitar el comercio y las
inversiones y aplicar coercitivamente la ley de propiedad
intelectual. También se debe considerar una promoción
más activa de la competencia en el mercado interno. Es
necesario seguir esforzándose para reconstruir y
desarrollar aún más la infraestructura física y de
servicios de la economía, así como para ampliar la base
de capital humano, con objeto de acabar con las
limitaciones que las deficiencias existentes en esos
sectores imponen a las actividades encaminadas al
desarrollo.
Informe
del Gobierno
ÓRGANO
DE EXAMEN DE LAS POLÍTICAS COMERCIALES
EL SALVADOR
Informe del Gobierno
Resumen
ejecutivo
El
Salvador ha logrado dramáticos avances desde finales de
la década de los ochenta. En 1989, el país se
encontraba sumergido en un conflicto armado, el ingreso
per-cápita era 15 por ciento menor que los
niveles reportados en 1978, y la economía se encontraba
deprimida, afrontando serios desequilibrios y
distorsiones macroeconómicas.
Como
resultado de profundas reformas económicas para
liberalizar la economía iniciadas desde junio de 1989, y
una política orientada a la consecución de la paz y
democratización del país, el Gobierno puso punto final
al conflicto armado, logró recuperar la estabilidad de
la economía, reactivar el crecimiento económico y
lanzar un sistemático ataque a la pobreza extrema. Todos
estos esfuerzos han llevado a El Salvador de una grave
crisis económica en los ochenta, a un crecimiento
económico sólido con estabilidad macroeconómica.
Para
sostener altas tasas de crecimiento económico, la
apertura de la economía ha continuado profundizándose,
como parte de una nueva visión estratégica del
desarrollo basada en la productividad y la competitividad
internacional. El Salvador aspira a lograr tasas de
crecimiento similares a las de las economías más
dinámicas del mundo lo antes posible, y consolidar
rápidamente un ambiente de estabilidad política,
económica y social que le permita al país integrarse a
las cadenas de producción a escala mundial y convertirse
en un espacio geográfico atractivo para la inversiones.
Principales
reformas económicas y sociales (1989-1994)
El
programa de estabilización y ajuste estructural
implementado en el período 1989-1994, impulsó una
reforma comercial que permitió reducir los aranceles de
un rango de 5-290 por ciento a
5-20 por ciento y disminuir los tramos
arancelarios de 25 a solamente cuatro. La gran mayoría
de exenciones arancelarias, barreras no arancelarias y
controles de precios fueron eliminados. Adicionalmente,
se eliminaron todos los impuestos a la exportación,
controles cambiarios y depósitos previos a la
importación. Asimismo, se abolieron los monopolios
estatales que manejaban el comercio exterior y empresas
estatales que controlaban la comercialización de
productos agrícolas.
En
el ámbito fiscal, se introdujeron medidas encaminadas a
la conformación de una estructura tributaria basada en
pocos impuestos, de tasas bajas y de base amplia. Así,
se sustituyó el impuesto de timbres por un Impuesto al
Valor Agregado; se eliminaron varios impuestos,
incluyendo el del patrimonio y el de donaciones y
sucesiones; se simplificaron los tramos de ingreso para
efectos del cálculo del impuesto sobre la renta y se
disminuyó la renta marginal máxima a
25 por ciento, elevándose el piso exento.
Además, se creó un registro de grandes contribuyentes,
se aprobó la Ley del Delito Fiscal y se tomaron otras
medidas para reducir las distorsiones y racionalizar los
escudos fiscales.
Durante
este período, El Salvador concretó su adhesión al GATT
y participó activamente en la Ronda Uruguay, lo que
permitió imprimir certidumbre y transparencia a su
régimen comercial, contribuyendo así a garantizar la
irreversibilidad de las reformas económicas emprendidas.
En
el área monetario-financiera, el Banco Central de
Reserva (BCR) liberalizó completamente las tasas de
interés activas y pasivas y eliminó todas las ventanas
de redescuento. Se liberalizó y unificó el tipo de
cambio y el portafolio de préstamos del BCR fue
trasferido a un banco de segundo piso, Banco
Multisectorial de Inversiones (BMI). El Banco Central de
Reserva completó exitosamente la reestructuración,
recapitalización y privatización de los cinco bancos
comerciales nacionalizados a principios de la década
anterior y de cuatro asociaciones de ahorro y préstamo.
El
Gobierno ejecutó un agresivo programa de
privatizaciones, habiendo logrado vender el Hotel
Presidente, los activos del clausurado Instituto
Regulador de Abastecimiento, más del
70 por ciento de la Zona Franca San Bartolo y
la venta al sector privado de los bancos y asociaciones
financieras mencionadas anteriormente.
La
atención a los sectores sociales mas vulnerables y el
alivio de la pobreza, se atendieron a través de diversos
programas de atención social ejecutados fundamentalmente
por el Fondo de Inversión Social y otros programas
contenidos en el Plan de Acción de Alivio de la Pobreza.
Después
de más de una década de postración económica, las
medidas de ajuste estructural hicieron posible que el
crecimiento real del Producto Interno Bruto (PIB), pasara
del 1.0 por ciento en 1989 al
3.5 por ciento en 1991, y del 5.2
por ciento en 1993 al 5.8 por ciento
en 1994. La tasa de crecimiento del PIB per-cápita
creció del -1.0 por ciento en 1989 al
3.5 por ciento en 1994. La inflación cayó al
10 por ciento en 1994, después de haber
alcanzado un nivel del 33 por ciento
en 1986. El déficit de la cuenta corriente
registró una disminución del 7.0 por ciento
del PIB en 1990 al 3.5 por ciento en 1994.
La
nueva estrategia de desarrollo y perspectivas futuras
A
partir de 1994, el actual Gobierno ha tenido como
objetivo fundamental profundizar las grandes reformas
económicas impulsadas desde 1989, manteniendo
condiciones que aseguran altas tasas de crecimiento,
conservando el equilibrio macroeconómico y transformando
el mayor ritmo de la actividad económica en desarrollo
económico con equidad.
La
visión del Gobierno consiste en acelerar el crecimiento
económico, volverlo sostenible y equitativo, y al mismo
tiempo elevar el nivel global de competitividad de la
economía. Ello parte del reconocimiento que el retorno
de la paz y la nueva realidad económica internacional
proveen grandes oportunidades para el desarrollo futuro
del país.
La
meta de El Salvador es hacer posible la consolidación de
un verdadero Estado de Derecho, priorizar la inversión
en capital humano y la construcción con un sentido
futurista de la infraestructura económica y social,
garantizar una total apertura a la inversión y
tecnología extranjera, y ejecutar una modernización
integral del sector público en el marco de la plena
vigencia de un modelo de economía de mercado. Todo ello
será acompañado de la preservación del medio ambiente,
la cual se busca convertir en una actividad económica
rentable, para garantizar la existencia de un balance
permanente entre la satisfacción de las necesidades
materiales presentes y un mejor nivel de vida para las
generaciones futuras.
El
Salvador se encuentra trabajando actualmente en la
edificación de una economía dotada de un aparato
productivo diversificado, eficiente y flexible para
adaptarse a las circunstancias cambiantes del mercado
local e internacional. A fin de poder competir
adecuadamente en una economía mundial más dinámica e
interdependiente, se realizan esfuerzos para construir
una economía especializada en procesos productivos y en
el comercio de servicios de alto valor agregado que,
incorporando tecnología avanzada y apoyados por aumentos
continuos de la productividad, sirven de sustento a
actividades económicas capaces de generar un crecimiento
económico robusto, dinámico y sostenible en el largo
plazo.
El
Plan de Desarrollo Social enmarca sus objetivos a partir
de la gran premisa de convertir el crecimiento económico
en mayores oportunidades para todos, con equidad,
movilidad social y libertad para progresar, como
condición ineludible para alcanzar el bienestar social y
construir una paz permanente.
En
este marco conceptual, las políticas sociales incluyen
dos tipos de programas: los de impacto inmediato que
contribuyen directamente al bienestar social y apoyan la
superación humana; y los de inversión en capital
humano, para lograr el desarrollo integral de la persona
y mejorar su productividad, que rinden frutos en el
mediano y largo plazo. El primer tipo de programas los
realiza la Corporación de Desarrollo Local, que tiene
como objetivo potenciar el reto del desarrollo local
agregando el concepto innovador de desarrollo productivo.
A través de la Corporación, se están canalizando
recursos para crear condiciones que faciliten las
inversiones productivas en las comunidades, generando
empleos, ingresos y mejorando las condiciones de vida de
la población. El segundo tipo de programas se están
implementando fundamentalmente a través de la
descentralización de la administración de los
servicios, mediante la creación de proyectos en los
cuales los ciudadanos o fundaciones privadas son los
responsables de la ejecución de los mismos y del manejo
de los presupuestos.
El
programa económico por su parte, contiene políticas
tendientes al aumento continuo de la productividad, lo
que deberá traducirse en ganancias de competitividad,
que contribuyan a crear un círculo virtuoso que provoque
un alto crecimiento económico libre de distorsiones, con
baja inflación y aumentos permanentes en las
remuneraciones de los factores productivos. Esto a su vez
contribuirá a mejorar la equidad y la calidad de vida de
todos los salvadoreños.
Para
concretar esta visión, El Salvador ha diseñado una
estrategia de desarrollo basada en la productividad, y se
encuentra implementando una política económica
orientada a la consecución de un crecimiento sostenido,
con tasas superiores al 6 por ciento en
términos reales, manteniendo un ambiente macroeconómico
estable y convirtiendo al país en un lugar atractivo
para la inversión nacional y extranjera, mediante la
profundización de las reformas estructurales y la
reducción de los costos para operar en el país.
La
atracción de inversiones y los intentos de colocar al
país en las cadenas de producción a escala mundial, se
fundamentan en políticas que vuelvan al país más
competitivo, sin basar esa competitividad en el
mantenimiento de salarios bajos, pues ello va en contra
de los objetivos del desarrollo social.
El
aumento de la productividad se está promoviendo por
medio del fomento de la inversión en capital humano; el
incremento de la inversión en infraestructura física;
la promoción de una sana y libre competencia; la
reducción de todos aquellos costos de producción que no
representan valor agregado a precios internacionales; y
el desarrollo de la infraestructura física e
institucional de ciencia y tecnología.
Actualmente,
se está implementando un agresivo programa de
mejoramiento de la inversión en capital humano. La meta
del presente Gobierno es aumentar el gasto en formación
de capital humano de aproximadamente
31 por ciento del Presupuesto General de la
Nación en 1996 a 50 por ciento en 1999. Hay
conciencia que el sistema educativo tiene que jugar un
papel protagónico para mejorar la distribución del
ingreso y la equidad social y para generar crecimiento
económico, especialmente hoy que la globalización
económica requiere de mano de obra más educada, con
muchas más habilidades y competencias para que un país
pueda ser competitivo a escala mundial.
El
sistema educativo en El Salvador está experimentando una
profunda reforma destinada a mejorar la calidad de la
educación, ampliar su cobertura y modernizar la entidad
responsable de su administración. Se está ejecutando un
programa de Modernización de la Educación Básica
financiado con préstamos del Banco Mundial y el Banco
Interamericano de Desarrollo por un monto superior a los
US$75.0 millones, el que tiene como principal objetivo
aumentar la matrícula de la educación preescolar y
primaria así como disminuir la repitencia y deserción.
Además, dentro del programa se ejecuta una reforma
curricular para el aumento de la calidad de la educación
media y secundaria y contiene un componente de
capacitación de maestros.
La
capacitación y entrenamiento de trabajadores (educación
no formal), así como la mejoría de la capacidad
científica y tecnológica del país, están siendo
atendidas por medio del Programa Nacional de
Competitividad. Este programa financiado por un préstamo
del Banco Mundial por un monto superior a los US$16.0
millones, tiene como objetivo apoyar el Programa
Económico del Gobierno para acelerar el proceso de
desarrollo impulsado por el sector privado y aumentar la
productividad.
También
se encuentra en ejecución el Programa de Modernización
del Estado, cuyo objetivo es crear un mercado competitivo
en el país, garantizar una eficiente provisión de
bienes y servicios públicos esenciales, reorientar los
recursos públicos para apoyar el crecimiento económico
y atender las necesidades más urgentes de los pobres.
Las
áreas claves del Programa son la privatización de
servicios públicos, el otorgamiento de concesiones y la
descentralización. Se espera que la privatización de la
compañía estatal de comunicaciones (ANTEL) y de cuatro
distribuidoras eléctricas, esté concluida a más tardar
en los próximos seis meses. Además, como parte de una
reforma integral del sistema de pensiones actualmente en
curso, los fondos de pensiones se darán en
administración a empresas privadas de gestión. Se
concesionará a empresas privadas la administración de
los puertos, aeropuertos y algunas carreteras del país.
Se abrirá a la participación del sector privado la
provisión de servicios de agua, salud y educación que
actualmente presta el Estado.
Dentro
de la reforma del Estado actualmente en marcha, la
desburocratización contempla la modernización y
reducción del tamaño del sector público para aumentar
su capacidad y eficacia.
El
Programa de Reforma del Estado y el Programa Nacional de
Competitividad, están dando vida a la nueva visión de
desarrollo "El Salvador 2021", la cual se
espera se convierta en un Programa de Nación apoyado por
todos los sectores, que permita a El Salvador convertirse
en el año 2021, es decir 300 años después de su
Independencia, en un país con niveles de desarrollo
económico, social, político, tecnológico y cultural lo
más cercano posible a los mostrados por los países
desarrollados.
A
estas reformas, que se podrían denominar de
"segunda generación", se unen otras medidas
para mejorar el clima de negocios y reducir los costos de
hacer negocios en el país; para incrementar la capacidad
tecnológica de las empresas del sector privado y de la
mano de obra a fin de aumentar la productividad y la
competitividad a nivel internacional; y para construir
consensos en la implementación de la nueva estrategia de
desarrollo, facilitando el flujo de información pública
y fomentando el diálogo entre el sector privado, sector
público y los trabajadores.
Consciente
de la necesidad de expandir la estabilidad
macroeconómica, el país continúa desarrollando una
agenda de política económica para mejorar el desempeño
fiscal, internacionalizar su sector financiero, obtener
una mejor capacidad de manejo macroeconómico ante los
problemas que puede generar el creciente y sostenido
flujo de remesas familiares y aliviar las presiones sobre
el tipo de interés y los precios.
El
Salvador ha logrado grandes avances en esta materia. En
agosto de este año, la firma clasificadora de riesgos
Standard and Poors, incluyó a El Salvador dentro de
las economías mundiales que gozan de perspectivas
positivas para mantener estabilidad económica de largo
plazo y que ofrecen un buen clima de inversión. Las
deudas del país en moneda extranjera obtuvieron una
calificación de BB y en moneda nacional de BBB. Hoy en
día la carga de la deuda es modesta y está muy por
debajo del promedio de deudas soberanas que gozan de
calificaciones crediticias similares (similarly-rated
sovereign debt). Históricamente, El Salvador siempre ha
cumplido cabalmente y a tiempo con sus obligaciones
financieras internacionales.
La
política comercial en esta nueva estrategia, se
fundamenta en un programa de desgravación arancelaria,
que tiene como propósito reducir los costos domésticos
de producción, contribuir a la modernización del
aparato productivo y convertir al país en un lugar
competitivo para producir. Los aranceles aplicables a los
bienes de capital y materias primas, han sido reducidos
del 5 por ciento al 1 por ciento y
del 5 por ciento al 3 por ciento,
respectivamente, y llegarán al 0 por ciento en
diciembre de este año. Ello implica que más del
55 por ciento del universo arancelario será
reducido a 0 por ciento de manera unilateral.
El programa de desgravación arancelaria puesto en marcha
prevé una reducción unilateral de un punto porcentual
del techo semestralmente, iniciándose en junio de 1997,
de tal forma que para junio de 1999, la estructura
arancelaria cuente con un piso de 0 por ciento
y un techo de 15 por ciento, disminuyéndose
así la dispersión y los promedios arancelarios.
Por
otra parte, se está realizando una revisión exhaustiva
de los procedimientos y trámites administrativos que
afectan las exportaciones e importaciones, con el
objetivo de imprimir mayor transparencia, agilidad y
desburocratización de los mismos. Para finales de 1997,
se espera contar con un Punto Focal de Comercio o
"Trade Point" que será administrado por el
sector privado e igualmente, haber finalizado el programa
de modernización de Aduanas, el cual incluye la
privatización de algunos servicios.
Otras
acciones importantes dentro de la política comercial,
incluyen la presentación a la Asamblea Legislativa el
próximo mes de octubre, de un Proyecto de Ley de Libre
Competencia y la elaboración de una nueva Ley de
Inversiones. Esta adecuará los beneficios y garantías
legales que se ofrecen a los inversionistas, a la nueva
realidad económica del país.
El
Salvador ha sido clasificado en 1996 por el Heritage
Foundation como el segundo país con economía más libre
en América Latina junto con Chile, como resultado de la
continuidad y profundización del proceso de apertura de
la economía salvadoreña.
Vínculos
comerciales multilaterales, regionales, subregionales y
bilaterales
Para
enfrentar los desafíos de la globalización, se están
destinando grandes esfuerzos y recursos al
perfeccionamiento y ampliación del Proceso de
Integración Económica Centroamericana. La región
constituye no sólo un mercado natural para las
exportaciones no-tradicionales de El Salvador, sino
también el más importante (excluyendo la maquila). Las
exportaciones totales de El Salvador hacia la
región Centroamericana, han aumentado de 257 millones de
dólares en 1990 a más de 430 millones de dólares en
1995.
La
Integración Centroamericana, se concibe como un
instrumento irremplazable para la completa inserción del
país en la economía internacional, como un medio que
contribuye a la búsqueda de relaciones económicas
balanceadas con otras regiones del mundo y como un
elemento multiplicador de las reformas económicas y
sociales que se impulsan. Por ello, El Salvador ha
participado y patrocinado activamente la actualización
del marco institucional de la integración
centroamericana, la modernización del régimen jurídico
sustantivo que la regula y la aprobación de reglamentos
comerciales plenamente compatibles con las disposiciones,
normas y disciplinas de la OMC.
El
Salvador también participa en otros procesos de
integración regional tal como el Área de Libre Comercio
de las Américas (ALCA). El ALCA convertirá el
hemisferio occidental en el espacio económico integrado
más grande y poderoso del mundo, con un PIB combinado de
más de 7.7 trillones de dólares y un mercado de
más de 745 millones de consumidores. Una prueba del
compromiso de El Salvador y de los países
centroamericanos para alcanzar el libre comercio
hemisférico en el año 2005, lo constituye el hecho
que la Presidencia de tres importantes grupos de trabajo,
el de inversiones, propiedad intelectual y el de acceso a
mercados, están a cargo de Costa Rica, Honduras y
El Salvador respectivamente.
A
nivel subregional, El Salvador junto con Guatemala y
Honduras han reiniciado el proceso de negociaciones para
la suscripción de un acuerdo de libre comercio con
México, que abarcará el comercio de bienes y de
servicios, así como la negociación de temas nuevos
(propiedad intelectual, compras gubernamentales e
inversiones).
Acuerdos
bilaterales de promoción y protección recíproca de
inversiones han suscrito recientemente con Argentina,
Ecuador, España, Perú, República de China, Suiza.
Acuerdos similares se encuentran actualmente en
negociación con Alemania, Brasil, Canadá, Chile,
Colombia, Corea y Estados Unidos.
La
orientación de la política comercial en lo que respecta
a negociaciones comerciales, se concentra en el
fortalecimiento y diversificación de las relaciones
económicas con socios comerciales y bloques económicos
de todo el mundo, entendiendo que los procesos de
integración ya no forman parte de una estrategia de
desarrollo hacia adentro, sino por el contrario, son la
plataforma para lograr una incorporación más efectiva
al proceso de globalización, vitalizando las corrientes
de comercio e inversión con una visión de desarrollo
hacia afuera.
En
el plano multilateral, la Asamblea Legislativa de
El Salvador aprobó el 9 de marzo de 1995, el Acta
Final en que se incorporan los Resultados de la Ronda
Uruguay y de Negociaciones Comerciales Multilaterales,
así como el Acuerdo de Marrakech por el que se establece
la Organización Mundial del Comercio (OMC) y sus Anexos.
Después de haber concluido los trámites respectivos,
El Salvador pasó a formar parte de la OMC como
miembro de pleno derecho el 7 de mayo de 1995. Este
significativo acontecimiento, junto con la adhesión del
país al GATT en 1991, ha tenido un rol importante en el
desarrollo del régimen comercial, ya que permitió a la
política comercial salvadoreña promover una mayor
apertura y asegurar su permanencia, teniendo como uno de
sus principales fundamentos legales los principios
multilaterales.
Los
acuerdos de la OMC son considerados críticos para
garantizar condiciones adecuadas de acceso a los mercados
de nuestros socios comerciales, para obtener condiciones
de reciprocidad ante el proceso unilateral de
liberalización comercial y, en general, para
salvaguardar los intereses comerciales del país ante
cualquier medida restrictiva que socave los derechos del
país inherentes a su condición de Miembro de la OMC.
El
Salvador tiene especial interés en que todos los
Miembros de la OMC apliquen estrictamente todos los
Acuerdos resultantes de la Ronda Uruguay especialmente el
Acuerdo sobre los Textiles y el Vestido. El cumplimiento
de los Acuerdos es indispensable para que la
Organización gane mayor credibilidad y para que los
sectores privados tengan confianza en la misma como foro
de consulta, de negociaciones, y de solución de
diferencias.
A
pesar de las evidentes limitaciones presupuestarias
debido al pequeño tamaño relativo de nuestra economía
y al financiamiento de los Acuerdos de Paz -que han
significado erogaciones del Gobierno superiores a los
US$2,000 millones en los últimos tres años-
El Salvador se está esforzando en destinar recursos
para mejorar y construir toda la infraestructura
institucional y el marco legal necesario para administrar
y cumplir cabalmente todos los acuerdos de la OMC.
Internamente, se ha avanzado notablemente en la
aprobación de leyes y revisión de disposiciones en
relación a la protección y fomento de la propiedad
intelectual; normas sanitarias y fitosanitarias;
reglamentos regionales sobre normas de origen, prácticas
de comercio desleal y cláusulas de salvaguardia;
procedimientos aduaneros, y política agrícola, entre
otros.
Dada
la naturaleza crítica de los Acuerdos de la OMC referida
anteriormente, es motivo de profunda preocupación la
aplicación cada vez más frecuente de restricciones
comerciales unilaterales y extraterritoriales. Estas
medidas obstaculizan y muchas veces imposibilitan, el
acceso de nuestros principales productos de exportación
a los mercados de los países que las imponen.
Igualmente,
causa preocupación el uso desmedido de mecanismos de
salvaguardia previstos en los Acuerdos Multilaterales
sobre el Comercio de Mercancías de la Ronda Uruguay,
especialmente los continuos llamados a consulta para la
limitación de las exportaciones de productos textiles y
de confección que se han recibido desde la entrada en
vigor del Acuerdo sobre los Textiles y el Vestido. Los
límites cuantitativos a las exportaciones están
causando un daño tremendo a las posibilidades de
desarrollo de una de las ramas industriales en la que el
país es competitivo a nivel internacional, y que ofrece
las mejores perspectivas para la generación de empleo y
de crecimiento económico, economías de escala,
integración vertical y producción de alto valor
agregado.
No
obstante lo anterior, una primera evaluación global de
lo que han significado los primeros dos años de vigencia
de la OMC, permite concluir que es positivo el saldo que
deja el funcionamiento de un sistema de comercio mundial
revigorizado. Hoy se cuenta con reglas más claras y
transparentes y con un mecanismo sobre la solución de
diferencias reforzado, que son básicos para la apertura
de mercados y, lo que es más importante, se ha
construido una organización dotada de mayor capacidad
para hacer cumplir los Acuerdos. Definitivamente, todo
esto ha traído como resultado un incremento en los
niveles de certidumbre y previsibilidad del comercio en
relación a los que existían previamente.
La
creación de la OMC indiscutiblemente ha representado un
aporte importante para que los países miembros enfrenten
de mejor manera las oportunidades y desafíos de la
globalización económica y estén mejor posicionados
para cumplir sus metas económicas y sociales. Sin
embargo, aún queda mucho por hacer y por cumplir de cara
a la implementación total y a tiempo de los Acuerdos de
Marrakech, y al grado de avance que ha tenido la agenda
de trabajo de la OMC con respecto al cumplimiento de los
mandatos que emanan de la Ronda Uruguay, incluyendo las
negociaciones aún inconclusas.
El Salvador
considera que la Reunión Ministerial de Singapur a
celebrarse en diciembre próximo debe ante todo,
focalizar su atención en la revisión integral de los
informes que presentaron los diferentes Consejos,
Comités y Grupos de Trabajo, sobre el avance en la
implementación de los Acuerdos y en decidir las formas
en que se apoyará a los países que tienen dificultades
en cumplirlos. También debería prestarse atención a la
búsqueda de mayores oportunidades comerciales para los
países en desarrollo.
A
nuestro país le inquieta particularmente que se incluyan
nuevos temas en la Agenda de Singapur sin que antes se
haya recolectado suficiente información sobre los
beneficios del sistema, y sin que se hayan realizado los
estudios analíticos que provean la más amplia y clara
visión sobre los problemas y limitaciones que los
países miembros tienen para cumplir las concesiones
otorgadas y los compromisos adquiridos. Por lo tanto, nos
parece improcedente ampliar la cobertura de la OMC a
temas como el de los derechos laborales, el cual debe ser
atendido en otros foros multilaterales especializados
cuyo mandato es el tema laboral como es el caso de la
Oficina Internacional del Trabajo. Observamos con
profunda preocupación que en muchos planteamientos sobre
esta temática, existe una instrumentalización de los
objetivos legítimos de promoción de los derechos
laborales para alcanzar otros fines. En la práctica,
hemos constatado que bajo el pretexto de hacer valer los
genuinos derechos de los trabajadores -que el Gobierno de
El Salvador protege, respeta y promueve- se esconden
intereses que sólo buscan fines proteccionistas,
cerrando oportunidades de acceso a los mercados.
El Salvador
ciertamente participará en la Reunión Ministerial de
Singapur con una actitud positiva y propositiva,
comprometido totalmente en que el programa de trabajo de
la OMC se cumpla y en cooperar para que la fortaleza y
credibilidad de la Organización se consolide. Este es un
punto crucial para complementar las profundas reformas
económicas y sociales emprendidas por nuestro país que
tienen como objetivo mejorar nuestra capacidad para
aprovechar las nuevas oportunidades que ofrece la
globalización económica y la liberalización.
Footnote:
1Integran
el MCCA los siguientes miembros: Costa Rica, El Salvador,
Guatemala, Honduras y Nicaragua.
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