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El
aumento de las exportaciones ha contribuido a la recuperación
sostenida de Malasia pero se avecinan numerosos desafíos
volver
al principioEl aumento
del consumo privado, la revitalización de la inversión interna, así
como el fuerte aumento de las exportaciones contribuyeron a que
Malasia se recuperase de la crisis financiera de 1997. Esa
recuperación dio lugar a niveles bajos de desempleo y de inflación
en 2000. Pero muchos desafíos se avecinan y una recuperación
sostenida de la economía malasia no sólo depende de políticas
macroeconómicas atinadas, sino también de la aplicación de reformas
estructurales, según un informe de la OMC sobre las políticas y las
prácticas comerciales de Malasia.
Según
el informe, durante el período objeto de examen (1997-2001), la
economía de Malasia se ha mantenido relativamente abierta al comercio
y a las inversiones extranjeras. Esto se aplica especialmente al
sector de las mercancías; comparado con éste, el sector de los
servicios es más cerrado, aunque a juzgar por el Octavo Plan de
Malasia, lanzado recientemente, el Gobierno tiene previsto proceder a
su apertura gradual.
El
informe recuerda que en la segunda mitad de 1997, Malasia se vio
azotada por la crisis financiera asiática, que contribuyó a que en
1998 los resultados económicos se deterioraran notablemente. Como
resultado de ello, el PIB real, que desde la recesión de 1985 había
venido registrando un incremento medio anual de más del 8 por ciento,
disminuyó en 1998 en un 7,4 por ciento debido a un pronunciado
declive de la demanda interna privada causado, a su vez, por una
drástica reducción de las inversiones y también, aunque en menor
medida, por la disminución del consumo. En consecuencia, la tasa de
desempleo aumentó, la inflación se duplicó y el ringgit bajó.
No
obstante, la economía efectivamente se recuperó, el PIB aumentó en
un 6,1 por ciento en 1999 y en un 8,3 por ciento en 2000, de modo
que a finales de 2000 la producción real en términos de valor
alcanzó un nivel superior al registrado antes de la crisis (no
obstante, en 2000 los ingresos per cápita seguían siendo de 3.531
dólares EE.UU., es decir alrededor del 20 por ciento menos del nivel
alcanzado antes de la crisis). Esa recuperación puede atribuirse al
aumento del consumo privado y a la revitalización de la inversión
interna, así como al fuerte aumento de las exportaciones, que se
debió al hecho de que los interlocutores comerciales de Malasia
mantuvieron abiertos sus mercados durante toda la crisis. El desempleo
descendió en 2000, a un 3,1 por ciento y la inflación bajó del 2,8
por ciento en 1999 al 1,6 por ciento en 2000.
Este
informe dice que si bien a raíz de la crisis financiera de Asia, se
impusieron "temporalmente" algunos obstáculos comerciales,
al mismo tiempo se atenuaron, también con carácter temporal
determinadas restricciones aplicables a las inversiones extranjeras
directas (IED). Además, el Gobierno, al promover la reestructuración
empresarial y financiera, ha dado los primeros pasos para atajar las
debilidades estructurales que se han hecho más patentes durante la
crisis. No obstante, subsisten varios obstáculos al comercio y a las
inversiones que siguen constituyendo una distorsión potencialmente
importante de la competencia y que, por ende, pueden dificultar el
desarrollo de Malasia a largo plazo.
El
arancel sigue siendo la principal medida en frontera aplicada a las
importaciones; también representa el 5,8 por ciento de la
recaudación fiscal total. Como consecuencia de los incrementos "temporales"
de los tipos en 1998, el nivel medio de los derechos NMF efectivamente
aplicados aumentó del 8,1 por ciento en 1997 al 9,2 por ciento en
2001. Este incremento de la protección arancelaria se vio facilitado
por el hecho de que un tercio de las líneas arancelarias no están
consolidadas y de que, incluso para las líneas objeto de
consolidación, los tipos consolidados a menudo superan
considerablemente los tipos aplicados. La falta de consolidaciones,
junto con la diferencia entre los tipos consolidados y los tipos
aplicados, puede conferir cierta imprevisibilidad al arancel de
Malasia. Además, la multiplicidad de los tipos aplicados contribuye a
la complejidad del arancel. Sin embargo, la reducción de los derechos
que no son ad valorem (que pasaron de representar del 4,5 por ciento
de todas las líneas arancelarias, en 1997, a tan sólo el 0,7 por
ciento, en 2001) ha aumentado la transparencia del arancel, dado
que esos derechos suelen ocultar "crestas" arancelarias. Las
crestas arancelarias atañen, entre otras mercancías, a los
vehículos automóviles, las bebidas, los textiles y el vestido. Dado
el incremento en el número de los aranceles tanto inferiores al 10
por ciento como superiores al 30 por ciento, ha aumentado la
dispersión en los tipos NMF aplicados, con lo cual existe un riesgo
mayor de que el arancel distorsione la asignación de los recursos en
detrimento de la economía de Malasia.
Las
medidas fiscales, que se cuentan entre los principales instrumentos de
los programas de desarrollo económico de Malasia, incluyen un amplio
abanico de incentivos a la inversión ofrecidos para diversas
actividades manufactureras (incluida su exportación), la agricultura,
el turismo y otros sectores de servicios designados al efecto, las
actividades de investigación y desarrollo, la formación y la
protección medioambiental. Al parecer, algunos de estos incentivos
quizás se hayan otorgado como compensación por las prescripciones en
materia de contenido nacional impuestas en ocasiones por las
autoridades a las inversiones; con la eliminación de la mayoría de
esas prescripciones, se plantea la cuestión de si dichos incentivos
siguen siendo necesarios. Aunque a veces los incentivos para las
inversiones, tanto fiscales como no fiscales, pueden estar
justificados por motivos de "mal funcionamiento del mercado",
también implican el riesgo de que se subvencionen inversiones de
calidad, que no precisan esas ayudas y que podrían haberse efectuado
de todos modos, o de transformar inversiones que en otro caso hubiesen
sido de dudosa rentabilidad en inversiones redituables. En la medida
en que esos incentivos han fomentado las inversiones de este último
tipo, es probable que hayan contribuido a la sobreinversión y a una
distorsión en la asignación de recursos, y con ello posiblemente al
descenso de la productividad total de los factores registrado en
Malasia a principios del decenio de 1990.
La
economía de Malasia está relativamente abierta al comercio de
mercancías y a las inversiones extranjeras, con la notable excepción
del arroz y los productos del automóvil. El sector de la electrónica
es un buen ejemplo de las ventajas que puede ofrecer un régimen
comercial abierto para el fomento del desarrollo. Este sector, en el
que la protección arancelaria y no arancelaria ha sido bastante
escasa, ha atraído importantes corrientes de inversiones extranjeras
directas (IED) y ha aumentado su participación en la producción
electrónica mundial hasta situarse en aproximadamente el 2,5 por ciento;
el sector de la electrónica, que representa más de la mitad de las
exportaciones totales de Malasia, ha constituido uno de los
principales motores del crecimiento del país y su intensa
competitividad externa ha sido un elemento fundamental en la
recuperación de Malasia de la crisis financiera asiática. En cambio,
la industria nacional del automóvil ha estado relativamente protegida
de la competencia extranjera mediante elevados aranceles y se ha
beneficiado de otros incentivos. Este sector ha conseguido hacerse con
una parte importante del mercado nacional aunque, contrariamente a los
objetivos previstos, sus exportaciones son modestas, lo que indica
quizás que la competitividad externa ha sido un tanto escasa.
Malasia
es una nación dedicada a los intercambios comerciales, y por tanto
las exportaciones y las inversiones extranjeras directas desempeñan
un importante papel en su economía. La drástica desaceleración que
ha sufrido recientemente la economía estadounidense y el hecho de que
el Japón siga debilitándose son factores que plantean serias
dificultades para el comercio malasio, al tiempo que empañan las
perspectivas relativas a las inversiones y, en consecuencia, las
perspectivas económicas a corto y medio plazo. De hecho, el Banco
Central prevé que, pese a las estimulantes medidas fiscales adoptadas
en el mes de marzo en 2001, el crecimiento disminuirá entre un 5 y
un 6 por ciento, debido principalmente a la desaceleración
de las exportaciones destinadas a los Estados Unidos (el Banco
Asiático de Desarrollo ha previsto para 2001 un crecimiento del 4,9
por ciento). Esto plantea la cuestión de si en su política
económica, Malasia no habrá conferido demasiada importancia a las
exportaciones, en detrimento de la demanda interna (es decir, el
ahorro nacional es excesivo), creando una dependencia excesiva de los
mercados extranjeros (con una reducida gama de productos, a saber, los
aparatos electrónicos).
El
Gobierno ha logrado considerables avances para hacer frente a las
diferencias estructurales, más patentes durante la crisis asiática,
fomentando la reestructuración empresarial y financiera. Asimismo, un
régimen comercial y de inversiones más liberal podría contribuir
sobremanera no sólo a la recuperación sostenida de la economía,
sino también al desarrollo económico de Malasia a largo plazo.
Nota
para las redacciones
En
los Exámenes de las Políticas Comerciales, ejercicio prescrito en
los Acuerdos de la OMC, se examinan y evalúan a intervalos regulares
las políticas comerciales y relacionadas con el comercio de los
países Miembros. También se siguen de cerca los acontecimientos
importantes que pueden tener consecuencias para el sistema mundial de
comercio. Para cada examen se elaboran dos documentos: una exposición
de políticas que presenta el gobierno del Miembro objeto de examen, y
un informe detallado que redacta de manera independiente la
Secretaría de la OMC. Estos dos documentos son luego examinados por
el conjunto de Miembros de la OMC en el Órgano de Examen de las
Políticas Comerciales (OEPC). Esos documentos y las actas de las
reuniones del OEPC se publican poco después. Desde la entrada en
vigor del Acuerdo sobre la OMC en 1995, los informes abarcan también
las esferas de los servicios y de los aspectos de los derechos de
propiedad intelectual relacionados con el comercio.
En
lo que respecta al presente examen, el Órgano de Examen de las
Políticas Comerciales examinará el informe de la Secretaría de la
OMC y la exposición de políticas preparada por el Gobierno de
Malasia los días 3 y 5 de diciembre de 2001. Él informe de la
Secretaría abarca la evolución de todos los aspectos de las
políticas comerciales de Malasia desde el último examen, inclusive
sus leyes y reglamentos internos, el marco institucional, las
políticas comerciales por medidas y la evolución de determinados
sectores.
Se
adjuntan al presente comunicado de prensa las observaciones
recapitulativas que figuran en el informe de la Secretaría y algunos
extractos de la exposición de políticas del Gobierno. Los informes
de la Secretaría y del Gobierno se pueden obtener seleccionando el
nombre del país en la lista
completa de Miembros objeto de examen. Estos dos documentos, el
acta de los debates del OEPC y el resumen del Presidente se
publicarán oportunamente en una versión encuadernada y podrán
obtenerse en la Secretaría, Centro William Rappard, 154 rue de
Lausanne, 1211 Ginebra 21.
Desde
diciembre de 1989 se han finalizado los siguientes exámenes: Argentina
(1992 y 1999), Australia (1989, 1994 y 1998), Austria (1992),
Bahrein (2000) Bangladesh (1992 y 2000), Benin (1997), Bolivia (1993 y
1999), Botswana (1998), Brasil (1992, 1996 y 2000), Brunei Darussalam
(2001), Burkina Faso (1998), Camerún (1995 y 2001), Canadá (1990,
1992, 1994, 1996, 1998 y 2000), Chile (1991 y 1997), Chipre (1997),
Colombia (1990 y 1996), Comunidades Europeas (1991, 1993, 1995, 1997 y
2000), Corea, Rep. de (1992, 1996 y 2000), Costa Rica (1995 y 2001),
Côte d'Ivoire (1995), Egipto (1992 y 1999), El Salvador (1996),
Estados Unidos (1989, 1992, 1994, 1996, 1999 y 2001), Fiji (1997),
Filipinas (1993 y 1999), Finlandia (1992), Gabón (2001), Ghana (1992
y 2001), Guinea (1999), Hong Kong (1990, 1994 y 1998), Hungría (1991
y 1998), India (1993 y 1998), Indonesia (1991, 1994 y 1998), Islandia
(1994 y 2000), Islas Salomón (1998), Israel (1994 y 1999), Jamaica
(1998), Japón (1990, 1992, 1995,1998 y 2000), Kenya (1993 y 2000),
Lesotho (1998), Macao (1994 y 2001), Madagascar (2001), Malasia (1993,
1997 y 2001), Malí (1998), Marruecos (1989 y 1996), Mauricio (1995 y
2001), México (1993 y 1997),Mozambique (2001), Namibia (1998),
Nicaragua (1999), Nigeria (1991 y 1998), Noruega (1991, 1996 y 2000),
Nueva Zelandia (1990 y 1996), OECO (2001), Pakistán (1995),
Papua Nueva Guinea (1999), Paraguay (1997), Perú (1994 y 2000),
Polonia (1993 y 2000), República Checa (1996 y 2001), República
Dominicana (1996), República Eslovaca (1995 y 2001), Rumania (1992 y
1999), Senegal (1994), Singapur (1992, 1996 y 2000), Sri Lanka
(1995), Sudáfrica (1993y 1998), Suecia (1990 y 1994), Suiza (1991,
1996 y 2000 (junto con Liechtenstein)), Swazilandia (1998), Tailandia
(1991, 1995 y 1999), Tanzanía (2000), Togo (1999), Trinidad y Tabago
(1998), Túnez (1994), Turquía (1994 y 1998), Uganda (1995), Uruguay
(1992 y 1998), Venezuela (1996), Zambia (1996) y Zimbabwe (1994).
Informe
de la Secretaría volver
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ÓRGANO
DE EXAMEN DE LAS POLÍTICAS COMERCIALES
MALASIA
Informe de la Secretaría Observaciones
recapitulativas
El
entorno económico
Durante
el período objeto de examen (1997-2001), la economía malasia se ha
mantenido relativamente abierta al comercio y a las inversiones
extranjeras. Esto se aplica especialmente al sector de las mercancías;
comparado con éste, el sector de los servicios es más cerrado,
aunque a juzgar por el Octavo Plan de Malasia, lanzado recientemente,
el Gobierno tiene previsto proceder a su apertura gradual. Entre 1997
y 2000, las importaciones y exportaciones de mercancías y servicios
equivalieron, en término medio, a un 106 y a un 117 por ciento,
respectivamente, del PIB. El valor de las inversiones extranjeras
directas (IED) de otros países en Malasia, que suelen representar
entre una cuarta y una tercera parte de las inversiones privadas
efectuadas cada año, equivale actualmente a casi la mitad del PIB.
Por otro lado, con arreglo a un índice de globalización empleado
recientemente en un estudio independiente, Malasia figura entre las 20
economías más globalizadas del mundo.
En
la segunda mitad de 1997, Malasia se vio azotada por la crisis
financiera asiática, que contribuyó a que en 1998 los resultados
económicos se deterioraran notablemente. Ese deterioro sobrevino pese
a la aparente solidez de las variables fundamentales de la economía
del país (que, entre otras cosas, había logrado el pleno empleo, una
baja inflación, una elevada tasa de ahorro nacional, una política
fiscal prudente y un sistema bancario razonablemente sólido). Sin
embargo, tanto la productividad del capital como la productividad
total de los factores empezó a crecer a un ritmo notablemente más
lento (la tasa media anual de crecimiento de la productividad total de
los factores, que en el período 1990-1995 había sido del 2,4 por
ciento, descendió en el período 1995-2000 a un 0,9 por ciento),
debido quizás a la sobreinversión, cuando no a una asignación cada
vez más ineficiente del capital. Como resultado de todo ello, el PIB
real, que desde la recesión de 1985 había venido registrando un
incremento medio anual de más de 8 por ciento, disminuyó en 1998 en
un 7,4 por ciento debido a un pronunciado declive de la demanda
interna privada causada, a su vez, por una drástica reducción de las
inversiones y también, aunque en menor medida, por la disminución
del consumo. En consecuencia, la tasa de desempleo aumentó del 2,5
por ciento registrado en 1997 al 3,3 por ciento en 1998. La
inflación se duplicó, pasando del 2,6 por ciento en 1997 al 5,3 por
ciento en 1998, debido en parte a la subida de los precios de
importación resultante de la depreciación del ringgit, cuya tasa de
cambio aumentó de aproximadamente 2,8 ringgit por dólar EE.UU. en el
tercer cuatrimestre de 1997 a 3,8 ringgit por dólar EE.UU. al cabo de
un año.
Inicialmente,
Malasia respondió ante la crisis aplicando una política financiera
más restrictiva, pero al comprobar que la situación económica
seguía empeorando, el Gobierno dio un giro a su política monetaria y
fiscal hacia finales de 1998, bajando los tipos de interés y
aumentando el gasto público con objeto de estimular la economía.
Además, con miras a apoyar a los mercados financieros internos y
permitir cierto margen para relajar las políticas monetaria y fiscal,
se empezaron a aplicar controles temporales a determinadas
transacciones por cuenta de capital y se estableció un tipo de cambio
fijo de 3,80 ringgit por dólar EE.UU.
La
cuestión de si estas políticas macroeconómicas, en particular la
imposición de controles a las transacciones de capital, ayudaron a
Malasia a recuperarse más rápidamente de la crisis ha sido
ampliamente debatida. En realidad, en el momento en que se instauraron
esos controles, tanto en Malasia como en otros países de Asia
Sudoriental los mercados ya parecían haberse estabilizado. Con todo,
la economía efectivamente se recuperó y el PIB aumentó en un 6,1
por ciento en 1999 y en un 8,3 por ciento en 2000, de modo que a
finales de 2000 la producción real en términos de valor alcanzó un
nivel superior al registrado antes de la crisis (no obstante, en 2000
los ingresos per capita seguían siendo de 3.531 dólares EE.UU., es
decir, un 20 por ciento menos del nivel alcanzado antes de la
crisis). Esa recuperación puede atribuirse al aumento del consumo
privado y a la revitalización de la inversión interna, así como al
fuerte aumento de las exportaciones, que se debió al hecho de que los
interlocutores comerciales de Malasia mantuvieran abiertos sus
mercados durante toda la crisis. La tasa de desempleo descendió en
2000 al 3,1 por ciento y la inflación bajó del 2,8 por ciento en
1999 al 1,6 por ciento en 2000.
La
recuperación sostenida de la economía malasia no sólo depende de
políticas macroeconómicas atinadas, sino también de la aplicación
de reformas estructurales. La crisis asiática desveló puntos
débiles en varias esferas, por ejemplo en la estructura social y la
buena gestión de las empresas, así como en el sistema financiero. En
consecuencia, el Gobierno ha adoptado medidas o anunciado planes de
reestructuración de los sectores empresarial y financiero, que vienen
a sumarse a un programa de privatización y a reformas del mercado
laboral iniciados hace ya algún tiempo. El Gobierno también ha
tomado una serie de medidas encaminadas a diversificar la economía,
ampliando y consolidando aún más la base industrial, fomentando la
contribución de la agricultura al PIB y promoviendo el
desarrollo del sector de los servicios.
Cambios
que afectan al marco institucional
Desde
el último Examen de las Políticas Comerciales, el marco
institucional de Malasia relacionado con el comercio ha experimentado
algunos cambios dignos de mención. En enero de 1998, se creó el
Consejo Nacional de Acción Económica como órgano consultivo del
Gabinete con el cometido de buscar solución a los problemas
económicos provocados por la crisis financiera asiática, y en julio
de 1998, dicho Consejo anunció la puesta en marcha del Plan Nacional
de Recuperación Económica. Por otro lado, con miras a reforzar la
solidez del mercado financiero de Malasia, se crearon, en virtud del
Plan Nacional de Recuperación Económica, Danaharta (la empresa
nacional de gestión de activos), Danamodal (un mecanismo especial
para revitalizar el sector bancario) y el Comité Empresarial de
Reestructuración de la Deuda. En 1997 se estableció el Consejo
Nacional de Consumo, bajo la presidencia del Ministro de Comercio
Interior y Consumo, para abordar cuestiones de protección de los
consumidores.
Los
Acuerdos de la OMC siguen desempeñando un papel crucial en la
formulación de la política de Malasia en materia de comercio y
cuestiones afines; no obstante, son también de importancia los
acuerdos regionales, especialmente aquéllos en que participa la
Asociación de Naciones del Sudeste de Asia (ASEAN) y el Foro de
Cooperación Económica de Asia y el Pacífico, así como los diversos
acuerdos bilaterales, incluso en ámbitos no cubiertos por los
Acuerdos de la OMC. Malasia coordina sus políticas sobre asuntos
propios de la OMC con otros miembros de la ASEAN y, al mismo
tiempo, se esfuerza por asegurar que su participación en acuerdos
comerciales regionales esté en consonancia con los principios
fundamentales en que se basan los Acuerdos de la OMC.
Los
intercambios comerciales y las políticas, prácticas y medidas
relacionadas con el comercio
Durante
el período objeto de examen, la economía malasia se ha mantenido
relativamente abierta en lo que respecta al comercio internacional de
mercancías y a las inversiones extranjeras. A raíz de la crisis
financiera de Asia, se impusieron “temporalmente” algunos
obstáculos comerciales, aunque al mismo tiempo se atenuaron, también
con carácter temporal, determinadas restricciones aplicables a las
inversiones extranjeras directas (IED). Además, el Gobierno, al
promover la reestructuración empresarial y financiera, ha dado los
primeros pasos para atajar las debilidades estructurales que se han
hecho más patentes durante la crisis. No obstante, subsisten varios
obstáculos al comercio y a las inversiones que siguen constituyendo
una distorsión potencialmente importante de la competencia y que, por
ende, pueden dificultar el desarrollo de Malasia a largo plazo.
El
arancel sigue siendo la principal medida en frontera aplicada a las
importaciones; también representa el 5,8 por ciento de la
recaudación fiscal total. Como consecuencia de los incrementos
“temporales” de los tipos en 1998, el nivel medio de los derechos
NMF efectivamente aplicados aumentó del 8,1 por ciento en 1997 al 9,2
por ciento en 2001. Este incremento de la protección arancelaria se
vio facilitado por el hecho de que un tercio de las líneas
arancelarias no están consolidadas y de que, incluso para las líneas
objeto de consolidación, los tipos consolidados a menudo superan
considerablemente los tipos aplicados. Esta falta de consolidaciones,
junto con la diferencia entre los tipos consolidados y los tipos
aplicados, puede conferir cierta imprevisibilidad al arancel de
Malasia. Además, la multiplicidad de tipos aplicados contribuye a la
complejidad del arancel. Sin embargo, la reducción de los derechos
que no son ad valorem (que pasaron de representar el 4,5 por ciento
del conjunto de líneas arancelarias, en 1997, a tan sólo el 0,7 por
ciento, en 2001) ha aumentado la transparencia del arancel, dado que
esos derechos suelen ocultar "crestas" arancelarias. Las
crestas arancelarias atañen, entre otras mercancías, a los
vehículos automóviles, las bebidas, los textiles y el vestido. Dado
el incremento en el número de los aranceles tanto inferiores
al 10 por ciento como superiores al 30 por ciento, ha aumentado
la dispersión en los tipos NMF aplicados, con lo cual existe un
riesgo mayor de que el arancel distorsione la asignación de los
recursos en detrimento de la economía de Malasia.
El
nivel medio de protección arancelaria es inferior a lo que indica el
promedio aritmético de los tipos NMF aplicados, debido a las
concesiones arancelarias, a menudo otorgadas para los bienes de
capital y los insumos intermedios, así como a los tipos
preferenciales, en particular los estipulados en favor de los países
de la ASEAN; de hecho, el tipo medio de los derechos aplicados a las
importaciones totales fue del 1,3 por ciento en 2000 (frente al 3 por
ciento correspondiente a 1997). La diferencia creciente que se observa
entre el nivel medio de los derechos NMF efectivamente aplicados y el
nivel medio del arancel preferencial para la AFTA ha incrementado el
riesgo de que se produzca una desviación de las corrientes
comerciales. La parte de las importaciones malasias correspondiente a
la ASEAN aumentó de manera sustancial entre 1996 y 1999, si bien esa
tendencia puede deberse más a la depreciación de las monedas de los
países de la ASEAN a raíz de la crisis financiera asiática que a la
AFTA. De producirse efectivamente una desviación de las corrientes
comerciales a causa de la AFTA, y de ser ésta superior a la creación
de comercio, podrían resultar perjudicados los interlocutores
comerciales de Malasia que no son miembros de la ASEAN.
Junto
con las prohibiciones a la importación aplicadas por razones de
seguridad nacional, religiosas y medioambientales, también se
utilizan como instrumentos de la política comercial y de desarrollo
de Malasia diferentes medidas en frontera no arancelarias que
constituyen obstáculos. En concreto, la proporción de líneas
arancelarias para las que se exigen licencias de importación es cada
vez mayor; en el caso de algunos productos agropecuarios e
industriales, ese régimen de licencias aparentemente puede conferir a
las autoridades un margen de discreción administrativa. En cambio,
Malasia no recurre con frecuencia a medidas especiales; durante el
período objeto de examen, ha adoptado pocas medidas antidumping y
ninguna medida compensatoria ni de salvaguardia.
Las
prescripciones en materia de contenido nacional fueron derogadas en
2000, salvo en el caso de la industria automotriz. Los procedimientos
de contratación pública, en particular los márgenes preferenciales,
suelen favorecer a las empresas de propiedad malasia, sobre todo
cuanto se trata de cuantías relativamente modestas. Por lo general,
los proveedores extranjeros quedan excluidos cuando se conceden
contratos de importes superiores, salvo que no existan en el país los
suministros o servicios de que se trate; en cuanto a los contratos de
obras, se permite participar a contratistas extranjeros si no existe
personal técnico especializado nacional. Malasia no es parte en el
Acuerdo sobre Contratación Pública, aunque participa en el Grupo de
Trabajo sobre la Transparencia de la Contratación Pública de la OMC.
Por otro lado, las restricciones a la propiedad extranjera propician
la participación nacional en las empresas que operan en Malasia, si
bien se tiende a aplicar restricciones menos estrictas cuando se trata
de empresas con volúmenes de exportación más importantes.
Algunas
partidas (en particular, los productos forestales, el petróleo crudo
y determinados productos del aceite de palma) están sujetas a
derechos de exportación, que suponen aproximadamente el 2 por ciento
de los ingresos fiscales totales. Algunos pocos productos también
están sujetos a prohibiciones, limitaciones y prescripciones en
materia de licencias. Al mismo tiempo, se presta ayuda a las
exportaciones mediante concesiones arancelarias, desgravaciones
fiscales, la creación de zonas de elaboración para la exportación,
seguros, garantías y créditos en condiciones de favor, etc. y se
respalda asimismo la promoción y comercialización de los productos.
Las
medidas fiscales, que se cuentan entre los principales instrumentos de
los programas de desarrollo económico de Malasia, incluyen un amplio
abanico de incentivos a la inversión ofrecidos para diversas
actividades manufactureras (incluida su exportación), la agricultura,
el turismo y otros sectores de servicios designados al efecto, las
actividades de investigación y desarrollo, la formación y la
protección medioambiental. Al parecer, algunos de estos incentivos
quizás se hayan otorgado como compensación por las prescripciones en
materia de contenido nacional impuestas en ocasiones por las
autoridades a las inversiones; con la eliminación de la mayoría de
esas prescripciones, se plantea la cuestión de si dichos incentivos
siguen siendo necesarios. A menudo, los incentivos fiscales resultan
costosos (si se consideran como ingresos fiscales no percibidos) y su
eficacia no siempre está del todo clara. Aunque a veces los
incentivos para las inversiones, tanto fiscales como no fiscales,
pueden estar justificados por motivos de “mal funcionamiento del
mercado”, también implican el riesgo de que se subvencionen
inversiones de calidad, que no precisan esas ayudas y que podrían
haberse efectuado de todos modos, o de transformar inversiones que en
otro caso hubiesen sido de dudosa rentabilidad en inversiones
redituables. En la medida en que esos incentivos han fomentado las
inversiones de este último tipo, no es descabellado pensar que hayan
contribuido a la sobreinversión y a una distorsión en la asignación
de recursos, y con ello posiblemente al descenso de la productividad
total de los factores registrado en Malasia a principios del decenio
de 1990.
Malasia
ha emprendido la unificación progresiva de sus normas nacionales con
las normas internacionales. El 31 por ciento de las 2.862 normas de
Malasia actualmente en vigor están armonizadas con normas
internacionales, o se basan en éstas, y el 80 por ciento de las
nuevas normas elaboradas por Malasia en 1998 y 1999 se corresponden
con normas internacionales.
Desde
el examen anterior (realizado en 1997), Malasia ha promulgado dos
nuevas leyes y ha modificado otras cuatro con el fin de asegurar una
mayor protección de los derechos de propiedad intelectual y poner la
legislación nacional en conformidad con el Acuerdo sobre los ADPIC.
Asimismo, ha reforzado la aplicación de las leyes relativas a los
derechos de propiedad intelectual, especialmente las relativas al
derecho de autor.
Las
empresas estatales siguen desempeñando un papel importante en la
economía de Malasia, especialmente por cuanto respecta a las
actividades relacionadas con el petróleo, la electricidad, el
transporte, las telecomunicaciones y los servicios postales. Además
de costear sus propias operaciones, algunas de esas empresas ofrecen
financiación a otras empresas estatales y también a empresas
privadas. Por ejemplo, PETRONAS, la empresa petrolera estatal, que
destaca por su elevada rentabilidad, ha adquirido participaciones,
entre otras, en empresas pertenecientes a la industria automotriz y en
compañías navieras y Khazanah Holdings, una empresa de inversiones
estatal, ha adquirido participación en una compañía privada de
telecomunicaciones. Sin embargo, el Gobierno emprendió hace ya algún
tiempo un programa de privatización, que a raíz de la crisis
asiática al parecer ha venido aplicándose a un ritmo más lento; de
hecho, el Gobierno ha readquirido participaciones en algunas empresas.
En
la actualidad, Malasia no cuenta con una ley que englobe todas las
cuestiones relacionadas con la competencia, aunque existen varias
leyes de otra índole que regulan las actividades de las empresas y
protegen los intereses de los consumidores. Además, con miras a
fomentar la competencia en el sector de las telecomunicaciones, el
Gobierno ha establecido recientemente para dicha industria una serie
de directrices en materia de competencia. Por otro lado, se están
adoptando medidas encaminadas a mejorar la gestión empresarial en
Malasia.
Cuestiones
sectoriales
La
economía de Malasia está relativamente abierta al comercio de
mercancías y a las inversiones extranjeras, con la notable excepción
del arroz y los productos del automóvil. El sector de la electrónica
es un buen ejemplo de las ventajas que puede ofrecer un régimen
comercial abierto para el fomento del desarrollo. Este sector, en el
que la protección arancelaria y no arancelaria ha sido bastante
escasa, ha atraído importantes corrientes de inversiones extranjeras
directas (IED) y ha aumentado su participación en la producción
electrónica mundial hasta situarse en el 2,5 por ciento; el sector de
la electrónica, que representa más de la mitad de las exportaciones
totales de Malasia, ha constituido uno de los principales motores del
crecimiento del país y su intensa competitividad externa ha sido un
elemento fundamental en la recuperación de Malasia de la crisis
financiera asiática. En cambio, la industria nacional del automóvil
ha estado relativamente protegida de la competencia extranjera
mediante elevados aranceles y se ha beneficiado de otros incentivos;
este sector ha conseguido hacerse con una parte importante del mercado
nacional aunque, en contra de los objetivos previstos, sus
exportaciones son modestas, lo que indica quizás que la
competitividad externa ha sido un tanto escasa.
El
Octavo Plan de Malasia lanzado recientemente por el Gobierno prevé
una apertura gradual del sector de los servicios que representa más
de la mitad del PIB de Malasia, aunque no ha alcanzado aún el grado
de liberalización existente en los sectores agropecuario y
manufacturero. Esto se debe fundamentalmente a las restricciones a la
inversión extranjera directa, que es necesaria para establecer una
presencia comercial, el principal modo de suministro de la mayoría de
los servicios. La presencia comercial se limita por lo general a las
empresas conjuntas, en las que la participación extranjera combinada
no puede superar el 30 por ciento. Los obstáculos a la presencia
comercial limitan la competencia en lo que a prestación de servicios
se refiere y menoscaban la eficacia del sector, ya que los precios
abonados por las empresas y los particulares por esos servicios son
superiores a los que se pagarían si el mercado fuera más competitivo.
Los elevados costos comerciales resultantes ponen trabas a la
competitividad de todas las empresas de Malasia que necesitan como
insumos servicios esenciales (energía, finanzas, telecomunicaciones y
transporte) para la producción y suministro de bienes y servicios.
Los
planes del Gobierno para seguir abriendo el sector de los servicios
financieros a la competencia internacional, las medidas de reforma
adoptadas por la Comisión de Valores y las actividades emprendidas
para fomentar la buena gestión y la reorganización empresariales se
complementan mutuamente.
Perspectivas
Malasia
es una nación dedicada a los intercambios comerciales, y por tanto
las exportaciones y las inversiones extranjeras directas desempeñan
un importante papel en su economía. La drástica desaceleración que
ha sufrido recientemente la economía estadounidense y el hecho de que
el Japón siga debilitándose son factores que plantean serias
dificultades para el comercio malasio, al tiempo que empañan las
perspectivas relativas a las inversiones y, en consecuencia, las
perspectivas económicas a corto y medio plazo. De hecho, el Banco
Central prevé que, pese a las estimulantes medidas fiscales adoptadas
en el mes de marzo en 2001, el crecimiento disminuirá entre un 5 y un
6 por ciento, debido principalmente a la desaceleración de las
exportaciones destinadas a los Estados Unidos (el Banco Asiático de
Desarrollo ha previsto para 2001 un crecimiento del 4,9 por ciento).
Esto plantea la cuestión de si, dentro de su política económica,
Malasia no habrá conferido demasiada importancia a las exportaciones,
en detrimento de la demanda interna (es decir, el ahorro nacional es
excesivo), creando una dependencia exagerada de los mercados
extranjeros (con una reducida gama de productos, a saber, los aparatos
electrónicos).
Otro
desafío importante que se avecina para Malasia es la inminente
adhesión de China a la OMC. China no sólo es un peligroso
competidor en los mercados de exportación malasios, sino que también
libra con Malasia una reñida carrera por la obtención de IED. De
hecho, China se ha hecho en los últimos tiempos con la mayor parte de
las IED de otros países destinadas a la región.
El
Gobierno ha logrado considerables avances en sus esfuerzos por hacer
frente a las debilidades estructurales que se han hecho patentes
durante la crisis asiática, fomentando la reestructuración
empresarial y financiera. Asimismo, un régimen comercial y de
inversiones más liberal podría contribuir sobremanera no sólo a la
recuperación sostenida de la economía, sino también al desarrollo
económico a largo plazo de Malasia.
Informe
del Gobierno volver
al principio
ÓRGANO
DE EXAMEN DE LAS POLÍTICAS COMERCIALES
MALASIA
Informe del Gobierno Economic Development
Con una tasa
media anual de crecimiento del 7,8 por ciento, el período comprendido
entre 1991 y 1997 se caracterizó por la continuación de un
rápido desarrollo económico, iniciado a mediados del decenio de 1980.
Debido a la crisis financiera, el PIB de Malasia se redujo en 1998 en un
7,4 por ciento, si bien la economía volvió a recuperarse enseguida en
el segundo cuatrimestre de 1999 para alcanzar una tasa media de
crecimiento del 7,2 por ciento durante el período 1999-2000.
Esa
rápida recuperación puede atribuirse a los esfuerzos desplegados por
el Gobierno, a partir de mediados de 1998, por hacer menos estricta la
política monetaria y asegurar un estímulo fiscal que reactivara la
demanda interna, así como al notable aumento de las exportaciones en
1999 y 2000. La renta per cápita en ringgit disminuyó en 1998
para volver a situarse en 2000 en 13.359 ringgit, es decir, un nivel
superior a los 11.234 ringgit (4.493 dólares EE.UU.) alcanzados en
1996, aunque, expresada en dólares de los Estados Unidos, registró
un valor inferior, equivalente a 3.515 dólares EE.UU.
La
tasa de desempleo registró un promedio del 2,9 por ciento para el
período 1997-2000, alcanzándose en 1998 el nivel más alto, del 3,3
por ciento, y en 1997 el más bajo, del 2,5 por ciento. La tasa de
inflación basada en el índice de precios al consumo se mantuvo en un
promedio del 3,1 por ciento, arrojando un máximo del 5,3 por ciento
en 1998 y un mínimo del 1,6 por ciento en 2000.
Las
manufacturas y los servicios, tomados conjuntamente, fueron los
sectores que más contribuyeron al PIB total, aumentando del 81,8 por
ciento en 1997 al 83,7 por ciento en 1998, al 85,1 por
ciento en 1999 y al 86,1 por ciento en 2000. Durante dicho período,
la contribución del sector manufacturero al PIB osciló entre un 27,9
y un 33,4 por ciento, en tanto que la correspondiente al sector de los
servicios fluctuó entre un 51,9 y un 55,8 por ciento. La parte del
PIB correspondiente al sector agropecuario se mantuvo constantemente
por encima del 9 por ciento, salvo en 2000 cuando bajó al 8,4 por
ciento. El sector de la construcción vio disminuir su contribución
al PIB del 4,8 en 1997 al 3,3 por ciento en 2000.
Durante
el período objeto de examen, las inversiones internas, basadas en
proyectos aprobados, se redujeron en 1999 drásticamente a 4.700
millones de ringgit, tras haber llegado a alcanzar en 1997 los 14.300
millones y en 1998 los 13.200 millones, aunque en 2000 volvieron a
recuperarse para alcanzar los 13.700 millones de ringgit. No obstante,
las IED mantuvieron su solidez, ascendiendo a 11.400 millones de
ringgit en 1997, a 13.000 millones de ringgit en 1998, a 12.200
millones de ringgit en 1999 y a 19.800 millones de ringgit en 2000.
Las
inversiones internas efectuadas en el período 1997-2000 se centraron
principalmente en siete sectores, a saber: los productos del petróleo
(incluidos los productos petroquímicos), los aparatos electrónicos y
eléctricos, los productos de metal básico, el gas natural, las
sustancias y productos químicos, el equipo de transporte y los
productos minerales no metálicos. Durante el citado período, estas
siete industrias acapararon conjuntamente el 76 por ciento de las
inversiones internas totales destinadas a proyectos manufactureros
aprobados.
Las
exportaciones malasias, tras alcanzar los 77.300 millones en 1997, se
redujeron en 1998 en un 7,2 por ciento para situarse en 71.800
millones de dólares EE.UU. En cambio, en 1999 y 2000 las
exportaciones aumentaron en un 1,6 y un 17 por ciento, respectivamente,
debido principalmente a la demanda sostenida de artículos eléctricos
y electrónicos. La proporción de exportaciones de productos
primarios disminuyó, debido en gran medida a la bajada de los precios
y a la disminución del volumen de exportación del aceite de palma.
Con todo, la subida de los precios del petróleo crudo y del gas
natural contribuyó a compensar el crecimiento de las exportaciones en
este sector. Las importaciones siguieron la misma tendencia durante el
período en cuestión, registrando en 1998 una disminución del 26 por
ciento, en 1999 un aumento del 12,9 por ciento y un nuevo incremento
del 34,4 por ciento en 2000. La disminución de las importaciones
registrada en 1998 puede atribuirse en gran medida a la
desaceleración de la actividad empresarial, al aplazamiento de
importantes proyectos de infraestructura y a la debilidad de la
demanda de productos de consumo. Los bienes de importación que
experimentaron un declive fueron la maquinaria y equipo, el equipo de
transporte y los productos siderúrgicos. En 2000 Malasia ocupó el
decimoctavo puesto tanto dentro de los exportadores como dentro de los
importadores más importantes del comercio mundial.
Por
cuanto respecta a la balanza de pagos, las reservas externas
aumentaron a finales de 1999 a 30.900 millones de dólares EE.UU., lo
que equivale a 5,9 meses de importaciones no reexportadas, aunque a
finales de 2000 bajaron a 29.900 millones de dólares EE.UU.,
equivalentes a 4,5 meses de importaciones no reexportadas, debido en
gran medida al hecho de que el superávit de la balanza de mercancías
se redujo al superar el crecimiento de las importaciones al de las
exportaciones. Además, pese a que el Gobierno siguió aplicando el
estímulo fiscal para el año 2000, el déficit fiscal se mantuvo en
un nivel sostenible del 6,3 por ciento del PIB.
El
1° de septiembre de 1998, Malasia introdujo medidas selectivas de
control cambiario con objeto de restaurar la estabilidad en los
mercados financieros y en la economía. La estabilidad que se ha
logrado como fruto de esos controles ha permitido al país acelerar la
reestructuración del sector financiero y empresarial. En la
actualidad, las únicas normas que siguen aplicándose a las entradas
a corto plazo consisten en medidas destinadas a impedir la
internacionalización del ringgit.
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