
En primer lugar, permítanme agradecer muy calurosamente a Enda Kenny y a sus
colegas de la Presidencia irlandesa por haberme invitado a reunirme con ustedes esta
tarde. Dublín es para mi un lugar especial. Hace muchos años, tuve aquí mi primera
experiencia de vivir en otra parte de Europa. En esa época, ir desde Nápoles a Dublín
era una aventura exótica. Actualmente, los jóvenes viajan por toda Europa, sintiendo que
están en su propia casa. El hecho de que no veamos en esto nada extraordinario pone en
evidencia lo que Europa ha conseguido en menos de 40 años: la demolición de las barreras
que separaban no sólo a las economías, sino, lo que es más importante, a los pueblos.La apertura del
comercio fue el elemento decisivo que permitió reunir en paz a los pueblos de Europa,
ayudándolos a prosperar. Esta apertura está cumpliendo cada vez más la misma función
en todo el mundo. El enorme potencial que tiene la apertura del comercio en el marco de
normas convenidas para contribuir al bienestar humano es la idea fundamental que
constituye la base de todo lo que voy a decirles esta noche, y creo que debe servir de
base a todos nuestros esfuerzos en la OMC, cuando pensamos en la Conferencia de Singapur y
en lo que vendrá después.
Como
Ministros de Comercio de los países de la Unión Europea, tienen ustedes a su cargo el
manantial de donde fluye el éxito político y económico de Europa. Espero que todos
ustedes estén de acuerdo conmigo en que, para que las aguas de ese manantial sigan siendo
claras y continúen brotando con fuerza, se debe permitir que fluyan libremente. La
experiencia europea en materia de comercio brinda a ustedes una oportunidad única y una
responsabilidad particular: ocupar la primera línea entre quienes tratan de que los
principios que han funcionado tan bien en Europa puedan funcionar de igual manera fuera de
ella. Se debe permitir que ese manantial fluya con fuerza por los anchos cauces de las
normas de la OMC para regar con sus aguas no sólo el crecimiento de Europa, sino también
el del mundo en su totalidad.
La reunión
que celebrarán ustedes en Singapur en diciembre constituirá un acontecimiento de
importancia política mundial. La época en que se consideraba que el comercio era un
asunto que se dejaba a cargo de los técnicos pertenece verdaderamente al pasado. La
realidad de la integración económica mundial afecta a la vida de la gente en todo el
mundo y trae consigo un intenso debate acerca de sus efectos sobre el empleo, los
ingresos, las normas sociales y el medio ambiente.
Es por esto
que la Conferencia Ministerial debe enviar un mensaje político vigoroso. Ese mensaje debe
hacer hincapié en las oportunidades que brinda la nueva economía mundial, pero no debe
pasar por alto las dificultades; debe ser un mensaje ambicioso, que revele confianza en el
sistema multilateral, que se acerca a su quincuagésimo aniversario. Espero que ese
mensaje señalará el camino que permita utilizar este aniversario para ratificar la
importancia del sistema y reafirmar su dinamismo.
Debe ser un
mensaje que reconozca el poder del sistema multilateral, como un formidable motor para
lograr el crecimiento del comercio, la inversión y el empleo. Por sí mismo no puede
resolver los problemas de la distribución, pero resulta esencial para asegurar que habrá
algo para distribuir.
Debe ser un
mensaje de unidad entre los países industrializados y los países en desarrollo, que
indique la determinación de ayudar a los países menos adelantados a salir de la
marginación gracias a medidas audaces y concretas.
Debe ser un
mensaje acerca de la universalidad: la OMC debe convertirse en la realidad, según lo
indica su nombre, en una Organización Mundial del Comercio. Los 30 candidatos a la
adhesión deben ser admitidos tan pronto como sea posible, con lo que el sistema
multilateral resultará fortalecido.
También debe
ser un mensaje acerca de la relación vital que existe entre el sistema multilateral y la
liberalización del comercio en el plano regional. Una nueva y gran oleada de iniciativas
regionales, algunas de las cuales abarcan continentes y océanos, nos obliga a examinar
cuidadosamente las repercusiones sistémicas del regionalismo a fin de fortalecer el
principio n.m.f y tener la seguridad de que el sistema regional y el multilateral
convergen en ese principio.
Por último,
tenemos que enviar un mensaje acerca de cuál es nuestro objetivo en el sistema
multilateral de comercio. No basta con avanzar; para no perder el rumbo, es necesario
saber hacia donde nos dirigimos. ¿Es posible que este objetivo sea algo distinto de
trabajar en favor de un sistema de comercio universal, libre y abierto, basado en normas
convenidas y de aplicación obligatoria, y que abarque, sin suprimirla, la red de acuerdos
comerciales regionales y bilaterales?
Estoy
convencido de que un mensaje político confiado y previsor en el sentido que acabo de
esbozar ayudará en gran medida a que la OMC siga avanzando en la dirección correcta. Por
supuesto, este mensaje se debe equilibrar dando respuesta a las cuestiones inmediatas que
tenemos planteadas en la aplicación de los compromisos existentes y el establecimiento
del programa de trabajo de la OMC.
Los Miembros
de la OMC consideran con razón que es esencial que la Conferencia Ministerial envíe un
mensaje claro acerca de la importancia capital que reviste una aplicación completa y
oportuna de los compromisos de la Ronda Uruguay. Deseo centrarme en varios aspectos que
demuestran que, si bien la aplicación ofrece un panorama general alentador, existen
esferas que requieren atención.
En primer
lugar, mencionaremos el logro principal: la solución de controversias. Desde su inicio,
la OMC ha recibido 53 demandas formales, y un número importante de casos ha sido resuelto
en la etapa de celebración de consultas. Dos grupos especiales (los relativos al caso de
la gasolina y al caso de las bebidas alcohólicas del Japón) han terminado su tarea.
Actualmente, tenemos en actividad seis grupos especiales, que se ocupan de diversas
cuestiones. Tanto los países desarrollados como los países en desarrollo están
utilizando activamente el sistema para resolver sus diferencias comerciales; esto supone
un cambio notable con respecto al pasado, en que el sistema era utilizado principalmente
por los países desarrollados. En la Conferencia de Singapur, los Ministros podrán con
razón sentirse orgullosos de lo que se ha creado en el marco del sistema, y de la manera
en que éste funciona.
Por otra
parte, una esfera en la que queda tarea por hacer es la relativa a las notificaciones con
arreglo a los Acuerdos de la Ronda Uruguay. Este es un problema particular que afecta a
los países en desarrollo, y que requiere una mayor atención en lo que respecta a las
medidas de asistencia técnica apropiadas. Pero no sólo afecta a los países en
desarrollo, y espero que todos los gobiernos lo abordarán con la seriedad que merece la
importancia fundamental de este problema.
Existe
además la situación de los textiles. Sugiero que no es posible hablar seriamente del
fomento de una relación de confianza mutua con los países en desarrollo, a menos que los
países industrializados estén dispuestos a actuar con valentía en este sector. Entre
los países en desarrollo exportadores de productos textiles -inclusive algunos de los
países menos adelantados- existe un considerable sentimiento de inquietud por el hecho de
que los principales importadores no siempre se ajustan al espíritu del Acuerdo de la
Ronda Uruguay, cualquiera sea su observancia de la letra del Acuerdo. Los países en
desarrollo no están tratando de volver a redactar las normas, pero les interesa que la
segunda fase de integración sea más satisfactoria desde el punto de vista comercial, y
están preocupados por saber cuál será finalmente el contenido de los compromisos, dadas
las presiones a que deberán hacer frente los países importadores cuando en definitiva
esos compromisos se pongan en práctica.
Creo que esta
es una cuestión que merece una respuesta y en interés de Europa -inclusive de sus
productores textiles- convendrá adoptar una actitud de mayor disponibilidad.
Otra
cuestión importante es la de las tareas inacabadas. Esto se refiere en particular al
sector de los servicios. Desde la finalización de la Ronda Uruguay se han concertado
otros dos acuerdos, aunque el alcance del principal de ellos, el relativo a los servicios
financieros, aún no se ha definido íntegramente. Los progresos en este sector, y la
conclusión de la negociación sobre las telecomunicaciones, que reviste una importancia
inmensa, deben constituir una prioridad esencial para 1997. El logro de estos objetivos
significará un salto hacia adelante para el sistema de comercio, comparable en valor a
varios sectores sumados de la Ronda Uruguay.
También en
este caso, el compromiso y el activismo europeo serán indispensables. Felicito a mi buen
amigo Leon Brittan por el papel fundamental que ha desempeñado hasta ahora para hacer
avanzar estas negociaciones, y espero que sus constantes esfuerzos tengan el apoyo
necesario. En estos sectores están verdaderamente en juego nuestro futuro, y el futuro no
será benévolo con quienes no perseveren.
Por último,
la aplicación incluye también la labor del Comité de Comercio y Medio Ambiente. Creo
que en Singapur los Ministros estarán en condiciones de valorar que se ha dado un buen
comienzo a la labor de integrar en la OMC las preocupaciones ambientales en el análisis
de las políticas comerciales, y que el comercio y el sistema comercial pueden hacer una
importante contribución al fomento del desarrollo sostenible. Quizá los resultados de
Singapur no sean tan amplios como algunos de ustedes hubieran deseado, pero espero que la
Unión Europea desempeñará un papel orientador y constructivo en la consolidación de
los progresos que hemos alcanzado como base para la labor posterior a la Conferencia de
Singapur.
Permítanme
referirme ahora a la tercera parte esencial del mensaje de Singapur: el mensaje de
dinamismo y oportunidad que enviaremos por medio del Programa de Trabajo de la OMC.
La parte más
importante, con mucho, del Programa de Trabajo ya se ha acordado en el programa
implícito, que incluye los compromisos ya contraídos y las negociaciones ya
previstas. En lo que respecta al Programa de Trabajo, nuestra tarea en Singapur no será
en realidad ambiciosa ni difícil, ya que consiste sobre todo en acordar los medios de
aplicar los compromisos del programa implícito. Si no podemos hacer ni siquiera eso,
corremos el riesgo de que el sistema multilateral quede retrasado ante el avance de la
economía mundial y de los acuerdos bilaterales y regionales que ya están dando respuesta
a sus retos. Es difícil aceptar que lo que resulta posible en los foros regionales (por
ejemplo, el examen de las cuestiones relativas a las inversiones) no sea posible en el
sistema multilateral.
Deseo
referirme brevemente a las cinco cuestiones en las que las propuestas que se han formulado
no se incluyen actualmente en el marco de ninguno de los órganos existentes de la OMC.
Sobre estas cuestiones estoy llevando a cabo personalmente consultas informales. Antes de
Singapur, tenemos que llegar tan cerca como sea posible a un consenso, y esto significa
utilizar todo eventual terreno de interés común.
En primer
lugar, las inversiones. Existen aproximadamente 1.160 acuerdos bilaterales sobre
inversiones, 31 instrumentos regionales y ocho acuerdos comerciales regionales que
incluyen disposiciones en materia de inversión. Si los actuales Miembros de la OMC se
vincularan unos a otros mediante tratados bilaterales, se necesitarían alrededor de 7.500
tratados.
En épocas
recientes, las inversiones extranjeras directas han aumentado con mucha mayor rapidez que
el comercio. Por otra parte, se estima que las ventas de las afiliadas extranjeras de
empresas multinacionales han superado el valor del comercio mundial de bienes y servicios
(este último valor ascendió en 1995 a 6.100 millardos de dólares). Cualquiera sea su
nivel de desarrollo, todos los países tienen interés en el fomento de un clima estable y
atractivo para las inversiones. El sistema multilateral, con su amplia composición y sus
normas y procedimientos bien establecidos, puede aportar una contribución al mejoramiento
de este clima, lo que es tan importante como su estímulo al comercio.
Sin embargo,
no es ningún secreto que la propuesta de iniciar la labor sobre las inversiones en la OMC
no es universalmente aceptada. Algunos países se oponen a toda sugerencia de
negociación, mientras que otros cuestionan incluso el establecimiento de un grupo de
trabajo de la OMC para estudiar la cuestión. Estos países señalan que la UNCTAD ha
recibido el mandato de examinar las cuestiones relativas al comercio y las inversiones. Es
evidente que sus preocupaciones se deben tener en cuenta. No obstante, al mismo tiempo, la
OCDE se sigue ocupando de sus negociaciones sobre un acuerdo multilateral sobre
inversiones, en las que algunos de los países en desarrollo más adelantados se
interesan.
A mi juicio,
el peligro es que, si en Singapur no se adopta una dirección clara, el sistema
multilateral pueda quedar relegado a un papel secundario, mientras se establecen algunas
de las futuras orientaciones de máxima importancia para la economía mundial. El riesgo
de que se cree una confusión de normas y jurisdicciones en pugna sería grave, como lo
sería la situación de los países más pobres que actualmente no reciben prácticamente
ninguna inversión extranjera directa y que esperan que el sistema multilateral contribuya
a uniformar las reglas de juego.
Tengo la
impresión de que en materia de competencia y de contratación pública aún existen
muchas dificultades importantes.
En lo que
respecta a la propuesta relativa a las normas de la OMC, resulta necesaria una
explicación; aún no está claro si lo que se desea es un debate de alto contenido
político o bien un debate que se centre en unas pocas normas específicas.
Por último,
llegamos al tema más espinoso, el de las normas laborales. Quizá voy a sorprenderles con
mis palabras, pero considero que hay progresos reales hacia un entendimiento en esta
esfera, si se compara la situación con la que teníamos hace unos pocos meses.
Concretamente, veo que están apareciendo cuatro terrenos de interés común:
- el
respeto de las normas de trabajo fundamentales ha sido acordado por todos los Miembros en
la Declaración Universal de Derechos Humanos;
- todas
las delegaciones han reconocido la función primordial de la OIT en las cuestiones
laborales internacionales;
- no
se ha cuestionado la ventaja competitiva de los países de salarios bajos; y
- nadie
se ha opuesto a las declaraciones formuladas por los principales patrocinadores de la
cuestión, en el sentido de que no se prevén sanciones comerciales.
No obstante,
estaría eludiendo mi responsabilidad si dijera que será fácil llegar a un acuerdo,
aunque fuera sobre una declaración basada en estos cuatro puntos. Algunas delegaciones
alegan que toda referencia a estos principios podría ser utilizada por otros como una
justificación para la adopción de medidas unilaterales. Otras preguntan por qué, si no
se prevén sanciones comerciales y no se cuestiona la ventaja competitiva, debemos traer
esa cuestión a una organización que se ocupa de los problemas comerciales sobre una base
contractual. Debo decirles además que un número considerable de delegaciones se opone
enérgicamente a todo seguimiento de la cuestión en la OMC.
Para decirlo
brevemente, sigue habiendo un problema de claridad, que quienes desean que esta cuestión
se examine en la OMC no pueden permitirse desconocer. Numerosos Miembros de la OMC siguen
teniendo grandes recelos de que la preocupación no consista tanto en limitar los abusos
laborales como en limitar la competencia de las importaciones a bajos precios.
Debo señalar
a la atención de ustedes la gran importancia de actuar de manera tal que demuestre sin
lugar a dudas que al plantear esta cuestión no se persigue básicamente ningún otro
objetivo que no sea el de mejorar las normas de trabajo fundamentales y la situación de
los niños y otros sectores vulnerables de la población activa.
Esto exigirá
un esfuerzo positivo y de gran alcance para mejorar la situación de los niños y otros
sectores vulnerables de la población activa, en particular la apertura de oportunidades
por medio de la educación. Evidentemente, un programa de este tipo debe comenzar
utilizando al máximo posible las instituciones y los programas ya existentes y que ya se
ocupan de estas cuestiones. Por supuesto, la OIT ocupa el primer lugar en este terreno.
Mediante programas tales como su Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo
Infantil, la OIT brinda instrumentos que permiten ofrecer incentivos y asistencia para
abordar problemas específicos. Estoy seguro de que aún no hemos alcanzado el límite de
estas posibilidades, ni de lo que puede hacerse por conducto de otras organizaciones,
tales como el Banco Mundial y el UNICEF, y mediante esfuerzos bilaterales.
Sólo puede
haber una razón para plantear esta cuestión, esto es, la preocupación por los seres
humanos involucrados en ella. Por lo tanto, sólo un enfoque que se base de manera
inequívoca en esta preocupación y que realce las maneras positivas de abordarla puede
aspirar a obtener un amplio apoyo. No es probable que la mera insistencia en que se
discuta la cuestión de las normas de trabajo fundamentales en la OMC pueda colmar la
brecha, y si esta brecha no se cubre corremos el riesgo de que se abran otras.
El reto ante
el que se encuentran quienes proponen el tratamiento de estas cuestiones en el marco de la
OMC consiste en convencer a sus copartícipes de que básicamente todos defendemos lo
mismo, es decir, que estamos junto a los niños y a las personas vulnerables. Si no lo
consiguen, las consecuencias representarán un tremendo fracaso, cualquiera sea su
resultado específico.
Por último,
permítanme decir algunas palabras acerca de las perspectivas de una mayor liberalización
del comercio. Este tema incluye al menos cuatro puntos concretos.
- El
primero de ellos, que se basa en la Declaración de Marrakech, consiste en ampliar las
posibilidades de acceso a los mercados para los países menos adelantados. Desde la Cumbre
del Grupo de los Siete celebrada en Lyon he tratado de fomentar el objetivo de un régimen
integral de derechos nulos consolidados para los productos de los países menos
adelantados, así como la eliminación de los contingentes de importación aplicados a
esos productos;
- el
segundo punto es la iniciativa sobre la tecnología de la información y esferas conexas;
- el
tercer punto se refiere al estudio de una pronta preparación de las negociaciones sobre
la agricultura y los servicios, respecto de las que ya estamos comprometidos;
- y
finalmente, pero no por ello menos importante, cabe mencionar la cuestión de añadir a
estas futuras negociaciones un mayor esfuerzo de liberalización respecto de los productos
industriales.
Para
terminar, desearía añadir que, además de crear nuevas oportunidades de acceso a los
mercados, debemos ayudar a los países menos adelantados a mejorar su capacidad humana e
institucional para que puedan aprovechar esas oportunidades. El mejoramiento de la
eficacia y la coordinación de la asistencia técnica es una prioridad que, según espero,
los Ministros apoyarán categóricamente. Estoy haciendo todo lo que me es posible para
aumentar la repercusión de nuestros programas, en cooperación con otros organismos y
explorando la utilización de nuevas tecnologías, pero existen límites en materia de
recursos y es difícil aceptar que tenemos que depender únicamente de la generosidad de
un número muy escaso de donantes.
Espero haber
aportado algunos elementos para estimular estas deliberaciones. Nunca se insistirá
demasiado en la importancia de que Europa adopte una posición clara en favor de la
obtención de resultados sólidos, equilibrados y previsores en la Conferencia de
Singapur, y de que la adopte pronto. La complejidad y la importancia de las cuestiones a
las que me he referido disipan toda duda: debemos emplear las semanas que restan hasta el
9 de diciembre para lograr un consenso lo más amplio posible. No deben ustedes esperar
que les sea posible plantear y resolver cuestiones políticas fundamentales en la
Conferencia, teniendo en cuenta todas las presiones que estarán allí en juego.
El hecho de
que la Conferencia de Singapur no suponga el tipo de importantes compromisos que se
plantean al final de una negociación no facilita nuestra tarea. Al no existir ese
ambiente de negociación, no resulta fácil concretar los elementos de concesiones mutuas
de todas las partes, que permiten llegar a acuerdos. Se trata más bien de posiciones
políticas y de cuestiones de atmósfera y de impresiones. En tal situación, en la que el
camino hacia un consenso final puede resultar menos claro, es aún más importante no
insistir excesivamente en las posiciones particulares. |