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Mike Moore
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Señoras y
Señores:
Desde
cualquier punto de vista, la Cuarta Conferencia Ministerial de la OMC
ha sido una reunión extraordinariamente importante y fructífera.
Aunque solemos referirnos con bastante ligereza a la importancia
histórica de ese tipo de acontecimientos, en esta ocasión, por una
vez, la afirmación no es exagerada: la reunión de Doha se recordará
como un hito en la historia de la OMC y del sistema de comercio, así
como en las relaciones entre los países desarrollados y en desarrollo
dentro de ese sistema.
Antes
de hablar del camino que se nos abre a partir de Doha, creo que merece
la pena reflexionar sobre la utilidad del sistema multilateral de
comercio, en realidad, sobre lo que ha hecho la humanidad en los 50
últimos años para promover la condición humana; y ello, porque los
“alarmistas” han esbozado la imagen de un mundo que ha retrocedido
en los 50 últimos años, y yo creo lo contrario.
La
capacidad de la especie humana para aprender, adaptarse y mejorar nos
distingue de las demás especies. Esta observación podría parecer un
tanto hueca en un momento en el que se libra un nuevo tipo de guerra
en todos los frentes contra el terrorismo y en que muchas personas
preguntan: ¿por qué la guerra? ¿No aprenderemos nunca? Sí, hemos
aprendido, y esa es la razón de la guerra. Cometemos errores, pero
los rectificamos. Esa es la razón por la que se aplicó el plan
Marshall, la otra cara de la medalla del perverso Tratado de Versalles,
y que fue el primer caso en la historia en que los vencedores
refinanciaron a los vencidos. El proteccionismo agravó la gran
depresión y potenció sus efectos fatales, lo que contribuyó a
generar una segunda guerra mundial y dio vida a las dos tiranías
gemelas del siglo pasado, el fascismo y el marxismo, ambas destruidas
y desacreditadas. Hemos sufrido y hemos aprendido. Por esa razón se
crearon el GATT/OMC, para establecer normas estables de comercio
abierto, y las Naciones Unidas y sus organismos para promover la paz
política y mitigar los problemas y la pobreza que alimentan el odio
político. Se trata de mecanismos imperfectos, pero sin ellos el mundo
sería un lugar más peligroso.
Aunque
en los 50 últimos años se ha hecho más para reducir la pobreza que
en los 500 años anteriores, muchos sostienen que “no es bastante”
y han creado un mito en torno a la mundialización. La mundialización
no es un fenómeno nuevo; los historiadores sostienen que el nivel del
comercio era aproximadamente el mismo que hoy hace ya 100 años,
aunque, naturalmente el movimiento de personas era mayor. No debemos
rechazar las críticas o cerrarnos al análisis, ni caer en la
autosatisfacción.
Es
ese debate permanente lo que nos impulsa a mejorar.
-
En
un siglo, la tasa de analfabetismo se ha reducido en los países
en desarrollo del 75 por ciento a menos del 20 por ciento. En 1960
la mayoría de los pueblos gastaban en educación la tercera parte
que los países industrializados; ahora gastan la mitad.
-
En
1900 las personas vivían 30 años por término medio, ahora la
vida media es de 67 años. En 1950 la esperanza de vida en los
países en desarrollo llegó a los 41 años, y en 1998 era de 65
años. En tanto que en 1930 la edad previsible de fallecimiento de
las personas en China era de 24 años, la esperanza de vida en ese
país ha aumentado a 70 años, lo que significa que se ha
triplicado en dos generaciones. En 1950, moría en los países en
desarrollo el 18 por ciento de los niños, es decir casi uno de
cada cinco niños; en 1995 ese porcentaje era el 6 por ciento. En
1950 el porcentaje de recién nacidos que no sobrevivía era el 6
por ciento, en la actualidad es el 1 por ciento. Los países en
desarrollo tienen la misma tasa de mortalidad infantil que los
países industrializados en 1950.
-
La
proporción de personas que tienen acceso en los países en
desarrollo a agua salubre ha aumentado del 30 por ciento en 1970
al 80 por ciento en 2000. En 30 años se ha duplicado con creces
la proporción de personas con acceso a instalaciones de
saneamiento.
-
Los
Estados Unidos, a pesar de que en los 30 últimos años su PNB se
ha duplicado, utilizan menos acero. La población estadounidense
ha crecido en un tercio, pero las emisiones de gases de los
vehículos se han reducido en una tercera parte. En los 10 próximos
años, las emisiones, a pesar del aumento de la circulación,
disminuirán un 20 por ciento en los Estados Unidos y un 30
por ciento en el Reino Unido. En los últimos 15-20 años los
niveles de concentración de plomo se han reducido en más del 90
por ciento.
-
En
1992 estaban contaminadas más del 21 por ciento de las playas
europeas, y en 1999 sólo el 5 por ciento. Según las
mediciones naturales efectuadas en peces en los Estados Unidos o
en huevos de gaviota en los grandes lagos, la concentración de
agentes contaminantes ha disminuido en un 80-90 por ciento.
-
Londres
está ahora menos contaminado que en los 100 últimos años, y la
contaminación en Nueva Delhi y Beijing se sitúa aproximadamente
en el mismo punto en el que se hallaba en Londres hace 50 años.
-
¿Recuerdan
los titulares acerca de la lluvia ácida y del número de especies
que se enfrentaban al peligro de extinción? Al final, la lluvia
ácida ha afectado al 0,5 por ciento de los bosques europeos; en
1984 las emisiones de la Unión Europea se han reducido en un 60
por ciento.
-
·Hace
30 años los trabajadores de Taiwán ganaban 7,50 dólares EE.UU.
al mes; ahora ganan 7,50 dólares EE.UU. por hora.
Las
sociedades abiertas y las economías abiertas funcionan mejor. El
desarrollo significa seguridad, paz, un mejor nivel de vida y mejores
resultados en lo que respecta a la condición humana y al mejoramiento
de los derechos humanos. Ésa es la razón por la que yo deseaba
ocupar el cargo que ocupo.
Analicemos
ahora lo que se ha conseguido en Doha. China y el Taipei Chino se han
adherido a la Organización. El acuerdo sobre un programa
impresionante de trabajo y de negociaciones determinará el contenido
y la orientación de la labor de la OMC en los próximos años. Este
programa responde a los cambios de enorme envergadura que se han
producido en la composición de la Organización. Los Ministros se han
fijado deliberadamente un objetivo que exige grandes esfuerzos al
convenir en un plazo de tres años para este enorme programa de
trabajo. Pero es posible conseguir ese objetivo.
No
cabe duda de que debemos en gran medida el éxito de Doha al sentido
político y al sentido de responsabilidad de los Ministros que
asistieron a la Conferencia. Aunque la transferencia al nivel
político de un debate técnico no siempre tiene como resultado una
visión más amplia, como esperamos, esta vez no cabe duda de que lo
ha tenido. Ha habido una respuesta consciente a la necesidad de
solidaridad ante la peligrosa incertidumbre económica y política. En
mi opinión, uno de los aspectos más alentadores del proceso ha sido
la voluntad de los Ministros de reconocer y atender las necesidades de
sus colegas, así como de hacer concesiones para llegar a un consenso.
Un ejemplo a este respecto es el acuerdo de celebrar negociaciones
sobre las crestas arancelarias y los aranceles elevados. Otro es la
decisión de celebrar negociaciones sobre las disciplinas antidumping,
cuestión que es desde hace tiempo muy sensible y que constituyó un
importante obstáculo para llegar a un acuerdo en Seattle.
Los
resultados obtenidos en Doha ponen fin a la inseguridad, la pérdida
de dinamismo y la falta de confianza generados por el fracaso,
asimismo espectacular, de Seattle hace dos años. Como dijo Bob
Zoellick en la sesión plenaria de clausura, hemos limpiado la mancha
de Seattle. Las cuestiones con las que se enfrentaban en Doha los
Ministros eran sustancialmente las mismas que no pudieron resolver en
Seattle. Un segundo fracaso habría debilitado irremediablemente a la
Organización. Se habría planteado, ineludiblemente, la cuestión de
si el gran aumento del número de Miembros y las enormes diferencias
entre ellos habían hecho imposible impulsar la labor de la
Organización mediante nuestro mecanismo de adopción de decisiones
por consenso.
En
Seattle aprendimos algunas duras lecciones, y estábamos decididos a
no volver a repetir los mismos errores en los preparativos para Doha.
A consecuencia de ello, las consultas que tuvieron como resultado los
proyectos de texto presentados a los Ministros fueron sin lugar a
dudas las más transparentes y abiertas que hemos mantenido nunca,
como lo fue el proceso de Doha. No cabe duda de que el mejoramiento de
los métodos de trabajo contribuyó enormemente al espíritu de la
reunión y a sus resultados.
Permítanme
ahora que me ocupe del contenido del programa de trabajo convenido en
Doha.
En
primer lugar, se fortalecen y amplían las negociaciones para
liberalizar el acceso a los mercados, que son el núcleo de la labor
de la OMC. Las negociaciones sobre la agricultura y sobre los
servicios avanzarán a ritmo más rápido. En ambas esferas pueden
conseguirse grandes beneficios: por ejemplo, en la esfera de los
servicios, el Banco Mundial ha estimado que el aumento del bienestar
derivado de una reducción del 50 por ciento de la protección en ese
sector sería cinco veces mayor que el obtenido de la liberalización
del comercio en los demás sectores. El acuerdo de trabajar para
lograr la eliminación gradual de las subvenciones a la exportación
en la agricultura ha sido decisivo para llegar a un acuerdo en Doha y
reviste una importancia crítica para el futuro del comercio de
productos agropecuarios. Hace años que todos reconocen que esas
políticas de subvención no son sostenibles: en los países de la
OCDE el valor de las subvenciones se sitúa en torno a los 1.000 millones
de dólares diarios. El valor de la supresión de esas subvenciones
equivaldría a tres veces el de toda la AOD y a ocho veces el de la
ayuda total concedida hasta ahora en forma de alivio de la carga de la
deuda. Las subvenciones son injustas para los consumidores, que las
pagan, y perjudican a los países que no pueden competir con ellas.
Ahora contamos con perspectivas reales de hacer algo a ese respecto.
Además,
los Ministros han convenido en celebrar negociaciones sobre el acceso
a los mercados de los productos industriales, que abarquen los
obstáculos arancelarios y no arancelarios. El mandato es un mandato
amplio, que incluye expresamente las crestas arancelarias y la
progresividad arancelaria, que constituyen objetivos fundamentales
para los países en desarrollo, así como los aranceles elevados. Se
estima que las dos terceras partes aproximadamente de los beneficios
derivados de nuevas reducciones de los aranceles aplicados a los
productos industriales irán a los países en desarrollo, cuya
participación en las exportaciones de productos manufacturados ha
crecido espectacularmente en los últimos años.
Reducir
los obstáculos al comercio equivaldría a añadir dos nuevas Chinas a
la economía mundial. Las tres cuartas partes de los beneficios
resultantes de la reducción de los aranceles aplicados a los
productos industriales irían a los países en desarrollo. Cada año
estos países absorben una parte mayor de las importaciones del mundo
industrializado, ya que del 15 por ciento en 1990 su participación
pasó a casi el 25 por ciento en 2000. La mitad de las importaciones
de productos manufacturados del Japón procede de países en
desarrollo. En el caso de los Estados Unidos, esta cifra es del 45 por
ciento y va en aumento.
Todos
pueden sacar provecho del conjunto negociado en Doha. El comercio no
es el único factor de desarrollo, pero es un importante motor de
crecimiento. Hay que tener en cuenta otras cuestiones como el buen
gobierno, el alivio de la deuda, la tecnología y las inversiones.
El
programa de negociación abarca también una serie de “nuevas
cuestiones” que forman parte de los temas que más intensamente se
negociaron en Doha. Por lo tanto, se ha acordado establecer marcos
multilaterales de normas para la política de competencia y las
inversiones extranjeras directas, respecto a lo cual se iniciarán
negociaciones propiamente dichas después de la Quinta Conferencia
Ministerial, si así lo deciden los Miembros por consenso explícito.
Un marco multilateral podría dar una mayor coherencia a una esfera
que depende ahora de innumerables tratados bilaterales sobre
inversiones: el hecho de pasar de un sistema basado principalmente en
acuerdos bilaterales a otro que se organiza en torno a un marco
multilateral único recuerda el razonamiento que dio lugar hace 50
años a la creación del propio GATT.
La
Declaración prevé también la posibilidad de que se lleven a cabo
negociaciones sobre transparencia de la contratación pública y
facilitación del comercio después de la Quinta Conferencia
Ministerial. El mandato relativo a la facilitación del comercio se
refiere a todas las cuestiones relacionadas con la circulación de
mercancías en el comercio internacional, y el éxito de la
negociación contribuiría a reducir considerablemente los costos y
las demoras de las transacciones comerciales internacionales. Muchos
de estos costos corren a cargo de los gobiernos y los países con
administraciones pequeñas que se enfrentan a exigencias superiores a
sus recursos obtendrían grandes beneficios de una mejora de la
eficacia en los puertos.
La
cuestión del comercio y el medio ambiente fue una de las más
difíciles en Doha. Para la Unión Europea era una prioridad política
de primer orden demostrar que la OMC puede abordar preocupaciones
públicas relativas a la incidencia del comercio en el desarrollo
sostenible y la protección del medio ambiente, mientras que numerosos
países en desarrollo consideraban esta cuestión como un medio
potencial de encubrir el proteccionismo. El compromiso de negociar
sobre el medio ambiente se centra en la relación entre las normas
vigentes de la OMC y las obligaciones comerciales dimanantes de los
acuerdos multilaterales sobre el medio ambiente y en la reducción o
eliminación de los obstáculos arancelarios y no arancelarios al
comercio de bienes y servicios relacionados con el medio ambiente. Se
ha encomendado al Comité de Comercio y Medio Ambiente que en su
programa de trabajo continuado preste particular atención al efecto
de las medidas ambientales en el acceso a los mercados, las
disposiciones pertinentes del Acuerdo sobre los ADPIC y las
prescripciones relativas al etiquetado para fines medioambientales. El
Comité formulará recomendaciones al quinto período de sesiones con
respecto a la acción futura, incluida la conveniencia de celebrar
negociaciones sobre estos temas. Si me permiten añadir una opinión
personal, debo decir que me complace que los gobiernos hayan logrado
avanzar en esta esfera: no pueden permitir que se siga diciendo que el
sistema de la OMC no atiende a unas preocupaciones públicas
ampliamente compartidas, porque la liberalización del comercio
necesita también el apoyo de la opinión pública; tiene muchos
enemigos.
El
primer gran éxito de la Conferencia fue la finalización de la
Declaración Ministerial relativa al Acuerdo sobre los ADPIC y la
salud pública. Se trataba de una cuestión muy espinosa, que fue
imposible resolver en Ginebra, y que planteaba cuestiones económicas
y humanitarias de la mayor importancia. Se debía encontrar un
delicado equilibrio entre el derecho de cada gobierno Miembro a tomar
medidas para proteger la salud pública y hacer frente a las crisis de
la salud y la necesidad de evitar socavar el Acuerdo sobre los ADPIC,
lo que podía provocar fácilmente la interrupción de las
aportaciones de fondos de inversión necesarios para la investigación
sobre los medicamentos del futuro. Se ha hecho una buena labor,
dejando claro que hay importantes elementos de flexibilidad en el
Acuerdo sobre los ADPIC que pueden utilizarse para hacer frente a las
situaciones de emergencia sanitaria. Estos elementos incluyen el
derecho de conceder licencias obligatorias y de determinar las bases
sobre las cuales se conceden tales licencias, así como el derecho de
establecer regímenes nacionales para el agotamiento de los derechos
de propiedad intelectual. La declaración suprimió un punto crítico
de discordia entre países desarrollados y países en desarrollo y ha
sido acogida con satisfacción por los gobiernos, los grupos de
defensa de la salud pública y el sector farmacéutico.
Algunos
activistas antimundialización han afirmado que los Acuerdos de Doha
constituyen un desastre para los países en desarrollo. Se trata de
una interpretación realmente errónea de lo que ocurrió allí. Para
algunos de estos críticos, no se puede concebir ningún texto ni
proceso sin que lo presenten como una conspiración contra los países
en desarrollo y contra los pobres; sin embargo, ningún lector
imparcial de los textos de Doha dejará de apreciar el tema común
presente en casi todos los párrafos, a saber, la mayor integración
de los países en desarrollo en el sistema de comercio. En casi todas
las esferas se prevé la creación de capacidad para ayudar a los
países en desarrollo a participar en la labor de la Organización y
beneficiarse de ella. Las disposiciones relativas al trato especial y
diferenciado se revisarán y fortalecerán para hacerlas más
efectivas y operativas. Por primera vez los compromisos asumidos por
los gobiernos Miembros en la Tercera Conferencia de las Naciones
Unidas sobre los Países Menos Adelantados se han plasmado en el marco
de la OMC; esto mejorará el acceso de los PMA a los mercados
extranjeros y acelerará el proceso de adhesión de los PMA que deseen
formar parte de la Organización. Aun más importante es el hecho de
que la decisión relativa a las preocupaciones planteadas por los
países en desarrollo acerca de la aplicación de los Acuerdos de la
Ronda Uruguay significa que cerca de 40 de estos problemas se han
resuelto de forma satisfactoria. Otros 50 han dejado de ser
solicitudes unilaterales para transformarse en compromisos
multilaterales de negociar y avanzar sobre estas cuestiones.
Como
dije anteriormente, la adhesión de China y del Taipei Chino a la OMC
ha sido un logro impresionante. De hecho, hubiera bastado por sí solo
para hacer de esta Conferencia un momento decisivo de la evolución
del sistema de comercio. Estos dos países representaban solos la
mitad del comercio mundial no sujeto hasta ahora a las normas de la
OMC. Su integración en la Organización es un acontecimiento de suma
importancia política y económica.
El
10 de noviembre en Doha, el Ministro Shi firmó el tratado de
adhesión de China, un documento de cerca de 1.000 páginas, producto
de 15 años de complejas y arduas negociaciones. Con ello se integra a
una de las naciones comerciales más importantes del mundo en el
sistema multilateral de comercio basado en normas. Su adhesión a la
OMC brindará a los 1.300 millones de chinos un acceso seguro,
previsible y no discriminatorio a los mercados de 142 interlocutores
comerciales. Esto obligará a China a llevar a cabo una reforma
jurídica y de su política interna. Para los demás Miembros de la
OMC, la adhesión de China reforzará y acelerará los beneficios de
la espectacular liberalización llevada a cabo en China en los 20
últimos años. Cuando China haya dado cumplimiento a todos sus
compromisos, su arancel medio consolidado para los productos
agropecuarios se reducirá al 15 por ciento. En el caso de los
productos industriales el nivel arancelario disminuirá al 8,9 por
ciento. Algunos aranceles se eliminarán y otros se reducirán. Ahora
que China es Miembro de este Foro, la OMC puede pretender con mayor
legitimidad ser una Organización verdaderamente universal.
En
el Taipei Chino, los aranceles, una vez aplicados, descenderán a un
promedio apenas superior al 4 por ciento con respecto a los
productos industriales y a un promedio apenas inferior al 13 por
ciento respecto de los productos agropecuarios. Conforme a las
previsiones, cuando se apliquen plenamente las concesiones del Taipei
Chino podría crearse un mercado para las importaciones equivalente
aproximadamente a 1.000 millones de dólares EE.UU.
Como
he subrayado en numerosas ocasiones antes de la Conferencia
Ministerial, el costo de un fracaso en Doha hubiese sido muy elevado.
Muchos gobiernos hubiesen perdido la esperanza de que se abordaran sus
preocupaciones en Ginebra y habrían buscado otros foros para ello.
Los acuerdos comerciales regionales hubiesen cobrado aún mayor
importancia, marginando cada vez más a los países más pobres. Las
negociaciones en curso sobre la agricultura y el comercio de servicios
se habrían estancado, acabando con la esperanza de poner fin al abuso
costoso y perjudicial de las subvenciones a la exportación de
productos agropecuarios. Las preocupaciones de los países en
desarrollo acerca de la aplicación de los acuerdos vigentes, que
dominaron en gran parte la labor de la OMC en los dos últimos años,
hubiesen quedado en segundo plano. Las desigualdades del sistema -que
desde luego existen- se habrían perpetuado. Afortunadamente esta
posibilidad pertenece al pasado. Podemos empezar a mirar al futuro y
dedicarnos a hacer frente a los numerosos retos que nos esperan.
Muchas
gracias. |
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