

El sector turístico emplea a uno de cada 10 trabajadores del mundo.
|

A
cualquier país le resulta imposible en la actualidad prosperar con la
carga de una infraestructura de servicios ineficiente y cara. Los
productores y exportadores de tejidos, tomates o cualquier otro
producto no serán competitivos si no tienen acceso a unos sistemas
bancarios, de seguros, contables, de telecomunicaciones y de
transporte eficientes. En los mercados en los que el suministro es
insuficiente, las importaciones de servicios esenciales pueden ser tan
trascendentales como las importaciones de productos básicos. Las
ventajas de la liberalización de los servicios van más allá que las
propias ramas de prestación de servicios; sus efectos se hacen sentir
en todas las actividades económicas.
La
producción y distribución de servicios, al igual que cualquier otra
actividad económica, está destinada en última instancia a
satisfacer la demanda individual y las necesidades sociales. Este
último elemento –las necesidades sociales– es particularmente
importante en sectores como la salud o la educación que en muchos
países, por no decir en todos, son consideradas como una
responsabilidad estatal esencial. Están sometidos a una estricta
reglamentación, supervisión y control. Aunque los conceptos de la
política social, con inclusión de la equidad y el acceso universal,
no suponen forzosamente que los gobiernos actúan también como
productores, las empresas de servicios públicos han sido
tradicionalmente, y siguen siendo, los principales proveedores de
servicios como los de salud y educación en la mayoría de los
países.
En
1999 el valor del comercio transfronterizo de servicios ascendió a
1.350.000 millones de dólares EE.UU., lo que equivale a
aproximadamente el 20 por ciento del comercio transfronterizo total.
Esta cifra subestima la dimensión real del comercio internacional de
servicios, gran parte del cual se lleva a cabo mediante el
establecimiento en el mercado de exportación y no se registra en las
estadísticas de la balanza de pagos. En los dos últimos decenios el
comercio de servicios ha aumentado con mayor rapidez que el comercio
de mercancías. Los países en desarrollo tienen un vivo interés en
muchas esferas de servicios, entre ellas el turismo, la salud y la
construcción. Según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo, el
turismo es el mayor empleador del mundo y representa 1 de
cada 10 trabajadores del mundo. Según datos del Fondo
Monetario Internacional (FMI) correspondientes a 1999, las
exportaciones de turismo, estimadas en 443.000 millones de
dólares EE.UU., equivalían al 33 por ciento de las exportaciones
mundiales de servicios y al 6,5 por ciento de las exportaciones
totales.
La
liberalización del comercio de mercancías, promovida por medio de
las negociaciones en el GATT en los últimos 50 años, ha sido uno de
los principales factores del crecimiento económico y del alivio de la
pobreza en la historia de la humanidad. Como resultado de la
catastrófica experiencia de la primera mitad del siglo XX, los
gobiernos fueron abandonando cautelosamente las políticas de
nacionalismo económico y proteccionismo que habían contribuido a
causar el desastre y sustituyéndolas por una cooperación económica
basada en el derecho internacional. El crecimiento durante este
período no fue uniformemente compartido, pero no cabe la menor duda
de que los países que optaron por participar más a fondo en el
sistema comercial multilateral mediante la liberalización se
beneficiaron considerablemente de ello.
No
hubo ningún movimiento paralelo de liberalización multilateral del
comercio de los servicios hasta la negociación del AGCS y su entrada
en vigor en 1995. Como el sector de los servicios es el mayor y el de
más rápido crecimiento de la economía mundial, y aporta más del 60
por ciento del producto mundial y en muchos países un porcentaje aún
mayor de empleo, la falta de un marco jurídico para el comercio
internacional de servicios constituía una anomalía y un peligro,
anomalía porque las ventajas potenciales de la liberalización de los
servicios son por lo menos tan grandes como en el sector de las
mercancías, y un peligro porque no existía ninguna base jurídica
para resolver los intereses nacionales en conflicto.
< Retroceder
Avanzar >
|
|