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¡Bienvenidos a Doha!
A lo largo de esta Conferencia Ministerial, 142 gobiernos tendrán
en sus manos el futuro del sistema global de comercio del siglo XXI.
No es exagerado decir que lo que decidan los Ministros aquí en los
próximos días determinará si la Organización Mundial del Comercio
continuará en el centro del interés de la política comercial en los
próximos años.
Hay quien ha dicho que si la OMC no consigue emprender un programa
de trabajo ambicioso aquí en Doha, la Organización se verá relegada
a la hibernación o al olvido.
No creo eso. Seguiremos siendo el más importante árbitro de las
diferencias comerciales a nivel mundial y seguiremos prestando
asistencia técnica y formación a los gobiernos deseosos de
participar más ampliamente en un sistema global de comercio, y al
mismo tiempo seguiremos llevando a cabo los importantes Exámenes de
política comercial.
Pero sí es cierto que muchas naciones dejarán de considerar
Ginebra como el centro del comercio si no tenemos éxito en Doha. Lo
he dicho muchas veces porque de verdad lo creo: las negociaciones
sobre liberalización comercial se llevarán a cabo el próximo año.
Lo único que hay que saber es si se llevarán a cabo de manera
bilateral, regional o multilateral.
Los acuerdos comerciales regionales pueden contribuir en gran
medida a la economía global, pero no son sustitutos de un sistema
multilateral de normas comerciales no discriminatorias. En estos
tiempos en que la cooperación global es más importante que nunca,
sería no sólo desafortunado, sino también peligroso, no llegar a
mejorar uno de los más importantes pilares de la estructura
internacional.
Además de la necesidad de reforzar el sistema y la organización,
hay una clara necesidad de enviar una señal de confianza a un mundo
en que todas las mayores economías se enfrentan a una posible
recesión. La última vez que la Unión Europea, el Japón y los
Estados Unidos sufrieron al mismo tiempo una recesión fue en 1975. La
vitalidad económica de los tres es muy importante y no sólo afecta a
sus habitantes. La crisis de las grandes economías se traduce en
menos exportaciones de los países en desarrollo y menos inversión
extranjera directa para los países pobres, lo que, al mismo tiempo,
supone menos puestos de trabajo en los países en desarrollo y menos
posibilidades de aumentar los niveles de vida.
El lanzamiento de un programa de trabajo ambicioso en Doha no
tendrá unas consecuencias inmediatas para la economía global, pero
sí será una fuerte señal de que los gobiernos Miembros de la OMC
son conscientes de que es necesario abordar cuestiones muy importantes
para sus pueblos.
No todos nuestros gobiernos Miembros están a favor de emprender un
programa de trabajo ambicioso, y he recibido críticas por exhortar a
los Miembros a que inicien en Doha un programa de trabajo de amplia
base. Acepto que existan diferencias de opinión sobre este aspecto,
pero es menester no perder de vista que las negociaciones son la
única manera de modificar las normas y procedimientos de la OMC en lo
que respecta a las cuestiones sustantivas. Estamos, después de todo,
en un foro de negociación.
Cuando los países en desarrollo dicen no haber recibido de la
Ronda Uruguay todos los beneficios que esperaban y que la OMC debe
hacer más por ellos, estoy de acuerdo. ¿Pero cree alguien
sinceramente que se puede llegar a cambiar sustancialmente nuestras
normas sobre agricultura, textiles o compensaciones comerciales de
otra manera que negociando?
Debemos enfrentarnos al hecho de que hay cosas en nuestra
Organización que podrían funcionar mejor. No todos los que nos
critican están equivocados. Esta Organización tiene que hacer más
para ayudar a los países pobres dándoles acceso a los mercados y
aumentando la asistencia técnica. Es necesario trabajar más y mejor
para garantizar a nuestros pueblos que las normas de la OMC no suponen
una amenaza para la protección del medio ambiente. Es necesario que
trabajemos para reducir los desequilibrios del sistema agrícola
mundial, en que los países ricos gastan cerca de 1.000 millones
de dólares al día en subvenciones generalmente inútiles y con
efectos de distorsión sobre el comercio. Recortar estas subvenciones
y reducir los obstáculos a las importaciones procedentes de los
países en desarrollo supondría para estos países beneficios
equivalentes a tres veces el nivel de la Asistencia Oficial para
el Desarrollo prestado por los países ricos.
Además, debemos ver la manera en que funciona esta Organización.
Aunque el sistema de solución de diferencias es excelente, aún
debemos resolver algunos problemas. La diferencia sobre el banano/plátano
ha subrayado la necesidad de definir cómo y cuándo un gobierno
Miembro puede proponer la adopción de medidas de retorsión contra
otro porque este último no haya aplicado una resolución del Órgano
de Solución de Diferencias. Debemos examinar la manera en que los
países en desarrollo puedan obtener más beneficios del sistema de
solución de diferencias.
También debemos ofrecer a nuestros gobiernos Miembros un sistema
de asistencia técnica financiado adecuadamente. En la actualidad,
nuestro presupuesto cubre únicamente una parte de los costos de
asistencia técnica y para el resto debe recurrirse a las
contribuciones de fondos fiduciarios. Agradezco la generosidad de
aquellos Miembros que han hecho aportaciones a estos fondos, pero si
el presupuesto principal no es suficiente no podremos planear
adecuadamente nuestras actividades de asistencia técnica más allá
de este año. Debemos encontrar la manera de ocuparnos del déficit de
desarrollo con programas y formación mejorados que contribuyan a una
mayor participación de los gobiernos que no pueden permitirse abrir
una oficina en Ginebra.
A menos que todos los Miembros estén plenamente comprometidos en
el proceso de negociación y sientan que entienden intrínsecamente
todas las cuestiones, corremos el riesgo de generar nuevos problemas
de aplicación en el futuro. Cualquier negociación que comience en
Doha no podrá completarse si los Miembros se sienten marginados del
proceso, y la mejor manera de evitar este problema es a través de una
asistencia técnica mejor definida.
No me hago ilusiones con respecto al reto al que nos enfrentamos.
No será fácil encontrar un compromiso satisfactorio sobre cuestiones
como la aplicación, la patentabilidad de los medicamentos esenciales,
la agricultura, el medio ambiente, la inversión y la competencia,
pero debemos encontrarlo, porque el precio del fracaso es demasiado
alto.